La ley de la ofrenda vegetal (oblación)
Como ya hemos visto, la ofrenda vegetal habla de la vida del Señor Jesús desde el día de su nacimiento aquí en la tierra hasta su muerte. No pertenece a la obra de expiación, sino al propio Señor Jesús como persona. La gloria relacionada con esto solo podía ser revelada en su vida aquí en la tierra. En cambio, el Espíritu Santo nos muestra su gloria en el cielo, mientras que su belleza moral se ve en su vida aquí en la tierra.
También vimos que la ofrenda vegetal siempre se llevaba junto con el holocausto. Levítico 2 estaba estrechamente relacionado con el capítulo 1. Eran una sola revelación de Dios. Este es también el caso aquí en el capítulo 6, que comienza con las palabras: “Habló Jehová a Moisés, diciendo…”. La misma expresión se repite en los versículos 8 y 19. Estos versículos, pues, forman una unidad. Los primeros versículos de esta unidad tratan de la ley del holocausto, y los últimos versos de la ley de la ofrenda vegetal. Podemos ver la estrecha relación entre ambas. El holocausto se menciona primero. Dios nos muestra el orden correcto a sus ojos. Ningún hombre está en condiciones de ver las glorias del Señor Jesús, ni está en condiciones de ocuparse del Señor, hasta que conozca la obra del Señor y comprenda que, sobre la base del holocausto, puede tener confianza para presentarse ante Dios. Por eso el holocausto es lo primero. Tan pronto como el creyente se da cuenta de que tiene esta libertad para acercarse a Dios, puede ocuparse de la ofrenda vegetal, con todas las bellezas del Señor Jesús como hombre en la tierra. Al usar la expresión “hombre en la tierra”, me refiero a la forma en que el Señor Jesús se reveló como hombre. Estamos hablando de su gloria; una gloria que no comenzó cuando vino a la tierra, ni terminó cuando dejó esta tierra. Fue expresada, o revelada a nosotros mientras Él estaba aquí en la tierra.
En Levítico 2 vimos las diferentes clases de ofrendas que se traían, y estas nos presentaron los diferentes juicios y pruebas que el Señor Jesús tuvo que soportar al ser probado en el fuego de Dios. En todos los casos el resultado fue un olor grato para Dios. Nunca, en la vida del Señor Jesús hubo algo que no fuera perfecto en lo que a Dios se refiere.
Aquí, en la ley de la ofrenda vegetal, no encontramos estas diferencias. Si no tuviéramos nada más que la ley, entonces solo conoceríamos los ingredientes de la ofrenda vegetal. Pero, en el versículo 15 leemos sobre la flor de harina y el aceite y el incienso. El énfasis aquí no es tanto en las diversas glorias del Señor Jesús, sino, sobre todo, en la porción que los sacerdotes debían recibir.
En primer lugar, uno de los hijos de Aarón debía presentar la ofrenda a Dios. Esto debía hacerlo una sola persona. Luego llegamos al versículo 15:
Tomará de ella un puñado de la flor de harina de la ofrenda, y de su aceite, y todo el incienso que está sobre la ofrenda, y lo hará arder sobre el altar por memorial en olor grato a Jehová.
Aquí se habla de uno de los hijos de Aarón. Pero no está solo. Es miembro de un grupo y, como tal, lo que hace se relaciona con todos los demás miembros del grupo. ¿De quiénes eran los hijos de Aarón un tipo? Vimos en Levítico 16 que Aarón tenía que traer una ofrenda por el pecado por sí mismo y por su casa; y Hebreos 3:6 nos dijo que nosotros somos la casa o familia del verdadero Aarón. Todos los creyentes pertenecen a esta familia; todos ellos son esa “casa espiritual y sacerdocio santo” de la que habla 1 Pedro 2:5. Pero aquí se habla específicamente de los hijos varones de Aarón. La mujer en la Biblia tipifica la posición a la que hemos sido llevados, y el varón tipifica la fuerza con la que hacemos realidad esa posición. Esto es lo que vemos en la expresión “hijos de Aarón”. Ciertamente todo creyente es un sacerdote; pero, ¿actúa como tal? Un sacerdote está regularmente en el santuario, y allí sirve a Dios. El creyente sabe que tiene libre acceso a Dios en cualquier momento, pero la cuestión es hasta qué punto utiliza este privilegio. Los hijos de Aarón, los varones, son los que lo hacen. No solo saben que pueden tener la confianza de entrar en el lugar santísimo, sino que hacen uso de este privilegio. Pueden encontrarse regularmente en la presencia de Dios, sirviéndole. En el santuario, han aprendido a conocer los pensamientos y sentimientos de Dios. Saben cuál es el comportamiento apropiado para su presencia, y cómo juzga Él todo.
Las actividades más exaltadas, las de presentar la ofrenda a Dios ante el altar, y de ocuparse de la ofrenda misma, solo podía ser hechas por los hijos de Aarón. Lo mismo vemos aquí en Levítico 6:14 con respecto a la ofrenda vegetal: “La ofrecerán los hijos de Aarón delante de Jehová ante el altar”. Pero no lo hizo solo. Dice que era “uno de” los hijos de Aarón. Él ofrece la porción de Dios en el altar. No entraremos en detalles aquí en cuanto al significado de estas palabras, pues ya lo vimos cuando consideramos Levítico 2. Pero, uno de los hijos de Aarón tenía que ofrecer esta porción en el altar. ¡Qué servicio tan maravilloso! Ofreció aquello que habla de la gloriosa humanidad del Señor Jesús, de que fue ungido con el Espíritu Santo durante toda su vida aquí, y de todas las excelencias de su ser, que el incienso expresa. Todo esto lo pudo presentar en el altar como un olor grato. Repito: ¡Qué servicio tan maravilloso! Solo el incienso es tan sublime que está más allá de nuestro poder disfrutarlo. Dios quiere tener el incienso para sí mismo, porque solo Él puede apreciar y disfrutar verdaderamente lo que ese incienso representa. Pero, aunque no seamos capaces de apreciarlo y comprenderlo plenamente, sí podemos entender que el incienso es precioso, y podemos llevárselo a Dios. Sin embargo, solo alguien que estuviera acostumbrado a estar en la presencia de Dios podría hacerlo, porque solo él podría saber qué es el incienso.
Al continuar, leemos en el versículo 16: “El sobrante de ella lo comerán Aarón y sus hijos; sin levadura se comerá en lugar santo; en el atrio del tabernáculo de reunión lo comerán”. Los hijos de Aarón, entonces, también podían comer lo mismo que Dios había recibido como comida. Esta debía ser la porción, no solo del único hijo de Aarón que había traído la ofrenda, sino de todos los hijos de Aarón, y de Aarón mismo. Puesto que sabemos que Aarón es un tipo del Señor Jesús, entonces esto significa que toda la familia de Dios, aunque aquí se limita a los hijos varones de Aarón, es decir, los que en la práctica actúan como sacerdotes, todos juntos pueden disfrutar de lo mismo que Dios recibe como su porción. ¡Qué pensamiento tan glorioso!
Esta comida debía comerse en un lugar limpio, un lugar separado del mundo, donde todo estaba de acuerdo con Dios, no el “lugar santísimo”, pues allí todo era solo para Dios, y no se permitía al hombre entrar. Este “lugar limpio” era el atrio del tabernáculo de reunión. Esto apunta, en primer lugar, a un lugar de reunión, un lugar donde Dios invita a su pueblo a reunirse. En segundo lugar, es el lugar donde los hijos de Aarón se reúnen con Aarón, separados del mundo, pero unidos entre sí. Se reúnen alrededor del altar de bronce, que, como sabemos, es un tipo de la mesa del Señor. Los vemos allí, tomando sus lugares juntos, y todos comiendo de esta maravillosa comida. ¿Qué es esta comida? Es la santa humanidad del Señor Jesús, mezclada con aceite, que es una imagen de la unción del Espíritu Santo durante su vida aquí.
En 1 Juan 2 se divide a los creyentes en tres grupos. Están los hijitos que conocen al Padre; luego están los jóvenes que son fuertes; y, por último, están los padres, de los que solo se dice que han conocido al que era desde el principio. El lector superficial podría decir: “Todo creyente conoce esto, porque todo creyente conoce al Señor Jesús”. 1 Juan 5:1 dice: “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios”. Pero esto no es lo mismo que en el capítulo 2. ¿No saben los padres más que los que acaban de nacer de nuevo? Vemos la respuesta a esta pregunta en 1 Juan 1:1: “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida”. Este principio, entonces, es el momento en que el Señor Jesús vino a esta tierra; y este es también el significado de la palabra “principio” en 1 Juan 2:13: “Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio”. Han conocido la ofrenda por el pecado, de modo que saben que sus pecados son perdonados; pero, más que eso, conocen el holocausto. Han visto lo maravillosa que es la obra del Señor Jesús, y que a causa de esta obra sus pecados han sido perdonados. Pero, además, saben que Dios ha sido glorificado, y que esta gloria les ha sido contada, de modo que son aceptos en el Amado, y ahora Dios los ama tanto como ama al Señor Jesús. Han contemplado esta maravillosa obra; pero no se han detenido ahí. Han pasado a apreciar a la Persona que completó la obra, y así han llegado a la ofrenda vegetal. Podemos decir que los padres son los que han llegado a conocer, como ofrenda vegetal, la vida santa del Señor Jesús aquí en la tierra, y que esta se ha hecho realidad en sus corazones.
Cuando un creyente aún no ha comprendido el significado del holocausto, a menudo se ocupará de las porciones de las Escrituras que explican esta verdad. Esto es bueno. Pero cuando ha entendido esto, puede seguir adelante. Esto lo vemos con los hermanos y hermanas que son más maduros espiritualmente. Han estudiado la Palabra, y han llegado a comprender el significado de la ofrenda por el pecado y el holocausto, y tal vez incluso el sacrificio de paz. Ahora llegan a la ofrenda vegetal y, con el mayor placer, leen los evangelios y meditan en la vida del Señor Jesús. Pueden ver los diferentes aspectos de su vida tal como se presentan en cada evangelio. La clave para entender los evangelios está en saber qué carácter tiene el Señor en cada uno de los cuatro relatos, y en examinar cuidadosamente cada pasaje en su contexto. Entonces se hará evidente la maravillosa gloria del Señor Jesús. Esta es la distinción de un padre en Cristo. Conoce su gloria desde el principio, porque ha considerado y meditado toda la vida del Señor Jesús. Esta es también es la característica de un hijo varón de Aarón.
Hemos visto cómo los hijos de Aarón dieron a Dios la porción que era suya, y cómo se reunieron en un lugar limpio (no en el lugar santísimo, sino ante el altar de bronce en un lugar limpio) como aquellos que estaban separados del mundo. Allí estaban ocupados con la vida santa del Señor Jesús. Pero no estaban solos. Aarón también estaba allí. Y el Señor está allí cuando los suyos se reúnen. ¿No corresponde esto con nuestras reuniones del día del Señor? No quiero insinuar aquí que no pueda ser cierto fuera de nuestras reuniones; pero sí creo que el lugar apropiado es donde estamos reunidos. El Señor está en medio de los suyos cuando están reunidos en torno a Él. Entonces las palabras del Salmo 22:22 son una realidad: “En medio de la congregación te alabaré”. Si tenemos una mentalidad espiritual y somos guiados por el Espíritu Santo, y si estamos reunidos alrededor del Señor Jesús, entonces el Señor mismo iniciará los cantos de alabanza. Esto es lo que vemos aquí. En un lugar limpio, separado del mundo, y en su presencia, participamos de esta comida junto a Él, y refrescamos nuestros corazones pensando en la maravillosa humanidad del Señor Jesús.
Esto tendrá resultados maravillosos para nosotros. Cada comida que ingerimos llega a nuestro cuerpo, y los ingredientes esenciales son asimilados por nuestro cuerpo y se convierten en parte de nosotros. Así ocurre con esta comida. Cuanto más nos “llenamos” del Señor Jesús, más nos transformamos a su imagen. Para aclarar, debo añadir aquí que el maná también habla de la vida terrenal del Señor Jesús. Esto se pone de manifiesto en Juan 6, donde Él dice: “Yo soy el pan que descendió del cielo”. Pero esto no es lo mismo que la ofrenda vegetal. El maná tipifica al Señor en todas las circunstancias en las que estuvo aquí en la tierra. Nosotros nos alimentamos de Él cuando también nos encontramos en circunstancias similares. El maná nos da fuerza para el camino mientras viajamos por este desierto. Según el Salmo 78:25, el maná dio fuerza a los hombres para servir a Dios. Es alimento para los fuertes (para los ángeles). Esto también se aplica a nosotros. Sin embargo, vemos que no es lo mismo que la ofrenda vegetal. Es el mismo Señor en las mismas circunstancias, revestido de la misma gloria, pero, en la ofrenda vegetal le llevamos a Dios como una ofrenda, y no se trata de que recibamos fuerza. No traemos el maná como ofrenda. Nos alimentamos de él. El maná estaba allí para todos los israelitas, no solo para los hijos de Aarón. Todo creyente necesita fuerza, y hasta el más débil recibirá fuerza cuando se alimente del Señor. Pero hay más en Juan 6. “Si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre” (Juan 6:51). Esto va más allá del maná, porque aquí se habla del Señor que murió. El pecador debe “comer” de Él para recibir la vida eterna. Pero en Levítico 6 se trata de los hijos de Aarón, es decir, de aquellos que ya conocen la obra del Señor Jesús en la cruz, y que saben que deben comer la ofrenda en un lugar limpio, y no en el mundo. Ciertamente, el atrio del tabernáculo de reunión estaba en el mundo, pero era un lugar separado y limpio; y allí era donde se ocupaban de la gloria moral del Señor. Como ya he indicado, el reconocimiento de este principio tendrá una influencia en nuestras vidas. Se transformarán, y estarán cada vez más de acuerdo con los objetivos de nuestro Señor.
En Levítico 2:13 leemos sobre la “sal del pacto de tu Dios”. Esto significa que tenemos la obligación de tomar lo que hemos visto de Él y ponerlo en práctica. Aquí vemos cómo hacerlo. Sería imposible estar en un lugar limpio, estar ocupado con el Señor Jesús, y no ser transformado a su imagen. 2 Corintios 3:18 dice: “Nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen”. Pero este no es el mismo pensamiento. En este versículo estamos considerando la gloria del Señor, es decir, su gloria celestial, y somos transformados a la imagen del Cristo celestial. Aquí estamos hablando de la gloria moral del Señor, tal como se reveló en cada circunstancia en la que se encontró mientras estaba aquí en la tierra. Esto también tiene su efecto en nosotros. Según Romanos 12 nuestras mentes serán renovadas si presentamos nuestros cuerpos como un sacrificio vivo a Dios. Entonces podremos probar cuál es la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios. En la vida del Señor Jesús vemos lo que fue esta perfecta voluntad de Dios. Todo lo que Él hizo fue un olor grato para Dios; y, en todo lo que Él hizo, su meta fue glorificar a Dios. Su cuerpo era realmente un sacrificio vivo para Dios. Vemos esto a lo largo de toda su vida: como niño, como joven y como hombre. En cada circunstancia de su vida, Dios estaba satisfecho. Cuando lo consideramos bajo esta luz, nuestros corazones se nutren de Él. Lo tomamos como alimento, y nuestra vida práctica cambia.
Permítanme dar una ilustración de este cambio en la forma de vida. Escuché de un creyente en América que se encargó de buscar cada pasaje de la Biblia que habla de la gracia. Luego pensó en ellos en su contexto, y, para su sorpresa, encontró que toda la Biblia habla de la gracia. Después de pensar en esto durante varias semanas, se sintió tan abrumado por la grandeza de esta gracia que salió corriendo a la calle, paró a la primera persona que encontró y le preguntó: “¿Conoce usted la gracia de Dios?”. Simplemente tenía que hablar de ella.
Los hijos de Aarón no comieron solo una vez de la porción de la ofrenda vegetal que les correspondía. No, había que repetirlo una y otra vez; era un estatuto eterno en sus generaciones”. Dios ha preparado el camino para cada creyente, si ha alcanzado la madurez de los hijos de Aarón. Cualquiera puede llegar a este punto si se ha entregado completamente al Señor. Nuestra porción mientras estemos aquí en la tierra es una porción celestial; y, mientras la casa de Dios se encuentre aquí en la tierra (es decir, hasta el rapto de la Iglesia) este será el privilegio de los hijos de Aarón. Junto con Dios pueden comer de esta maravillosa ofrenda vegetal.
Sin embargo, aún queda una reflexión más. Todo lo que era tocado por la ofrenda vegetal era sagrado. Esto es muy importante para nosotros. Cualquier cosa relacionada con la vida del Señor es santa a los ojos de Dios. ¿Cómo podría ser de otra manera? Es cierto que la harina tipifica la humanidad, pero toda la ofrenda vegetal presenta la humanidad del Señor Jesús. La flor de harina es un ingrediente del pan que come casi todo el mundo. Nosotros “partimos el pan” en el día del Señor; y toda persona en la tierra puede comer pan. Sin embargo, no es lo mismo. Nada ha cambiado en el pan, pero para nosotros representa algo más profundo que el mero pan. En esto radica la gran diferencia. Por eso leemos aquí: “Toda cosa que tocare en ellas será santificada”. Al considerar la humanidad del Señor Jesús, podemos ver cosas que vemos en nosotros mismos, pero nunca debemos olvidar quién es Él. Sí, el Señor estaba a veces cansado y fatigado, al igual que nosotros; pero nunca debemos olvidar que era el Señor quien estaba cansado. A un individuo, por ejemplo, se le oyó decir en tono de broma: “No solo de pan vive el hombre”. Pero olvidó que estaba citando y tratando algo sagrado. Nunca debemos utilizar las palabras del Señor con ligereza. Todo lo que se relaciona con Él es santo, pues pertenece a su santa humanidad. Si hemos visto su gloria y aprendido sobre ella en la presencia de Dios, y si lo conocemos como Aquel que era desde el principio, entonces no nos descuidaremos de esto, porque conocemos la voluntad de Dios. Seremos demasiado conscientes de la gloria del Señor Jesús para tolerar cualquier cosa que pueda dañar su gloria.
En Levítico 6:19-20 se habla de una ofrenda diferente. También tenemos aquí una nueva revelación de Dios, porque se trata de una ofrenda especial que los sacerdotes debían traer el día de su unción. Era una “décima parte de un efa de flor de harina, ofrenda perpetua, la mitad a la mañana y la mitad a la tarde”. Y en el versículo 21: “En sartén se preparará con aceite; frita la traerás”. En Levítico 2:4-5 leemos sobre la flor de harina “amasada” con aceite; pero aquí se usa la palabra “frita”, y esto va más allá. El sacerdote debía traer esta ofrenda. Podríamos decir que, como primero en el linaje, el propio Señor debía traerla, pero, por otro lado, también es la que podemos traer nosotros si somos hijos de Aarón. Un hijo de Aarón tenía más conocimiento que un israelita común.
A medida que el versículo continúa, vemos cómo debía presentarse esta ofrenda vegetal. En esta ofrenda todo era para Dios: “Pedazos cocidos de la ofrenda ofrecerás en olor grato a Jehová”. Repito lo que ya he dicho. No ofrecían un todo indefinido, sino trozos específicos que habían cocido. Y estos trozos representan lo que hemos visto personalmente de la vida del Señor Jesús al escudriñar y examinar los evangelios y analizar sus circunstancias y características distintivas. Por ejemplo, el mismo incidente puede estar registrado tanto en Lucas como en Mateo, pero cada evangelio puede iluminar un aspecto diferente de la verdad. Cada evangelio tiene un carácter diferente y, por tanto, arrojará una luz distinta sobre el incidente. Así, los sacerdotes han llegado a conocer los aspectos significativos de la vida y la gloria del Señor Jesús. Esta es la ofrenda vegetal de los sacerdotes.
Leemos en los versículos 22 y 23:
El sacerdote que en lugar de Aarón fuere ungido de entre sus hijos, hará igual ofrenda. Es estatuto perpetuo de Jehová; toda ella será quemada. Toda ofrenda de sacerdote será enteramente quemada; no se comerá.
Este discernimiento de las glorias del Señor Jesús es la porción de alguien que ha estado regularmente en la presencia de Dios, y que es capaz de ver las cosas desde el punto de vista de Dios. Esto es tan precioso para Dios que quiere tenerlo completamente para sí mismo. Incluso al sacerdote no se le permitió comer nada de él. Dios lo quería todo para sí mismo.
¡Qué servicio tan extraordinario es el nuestro! Que Dios nos conceda ver más de las glorias del Señor Jesús, y que refresquemos nuestros corazones con Él y con toda su gloria. Sin embargo, por ser tan exaltadas y sublimes, Dios nos permitirá contemplar estas glorias solo si las vemos a través de sus ojos. Por eso debemos estar constantemente en su presencia, como nos han mostrado los hijos de Aarón. Esta posición puede ser la porción de cada creyente, incluso del más joven. Si nosotros, los más viejos y maduros, no demostramos estas características, es porque no hemos aprovechado los remedios que Dios nos ha dado. Si solo hemos visto un poco de esto, ¿no deberíamos anhelar crecer en este conocimiento, y ser verdaderos hijos de Aarón sin defecto (Levítico 21:16-24)? Esto significa que debemos hacer de esta porción, que puede ser de todo creyente, una realidad práctica en nuestras vidas.
