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Cabeza de mula
Volvamos atrás para comprender un poco cuáles fueron las causas que motivaron la respuesta a las oraciones de Star.
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Capítulo 1
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo. (Apocalipsis 3:20) Guillermo llegó a casa muy sobresaltado. Era un domingo, cerca del mediodía. –¡Mamá!, ¡mamá! –gritó el niño mientras entraba con gran estrépito en la cocina. –¡Mamá!, ¿llamaron a la puerta esta mañana?
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Capítulo 1
Eran pasadas las tres y media cuando Daniel bajó corriendo por la escalera de su casa. Mejor dicho, no resistió la tentación de deslizarse por la barandilla; así que llegó en un instante. En el portal le esperaba Felipe, con un libro debajo del brazo. Tras un breve saludo, echaron a andar a buen paso.
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Capítulo 2
–Hoy Guillermo escuchó una predicación muy extraña –comentó la señora Peña. –¿De qué se trata? –preguntó amablemente el padre, a quien le parecía que un paseo por la mañana le hacía mucho mejor que ir a escuchar un discurso durante una hora–. Hijo, ¿puedes repetirme el texto?
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Capítulo 2
Después de despedirse de Ana y de Antonia, que eran amigas suyas, Elena e Isabel volvieron a su casa por el acostumbrado camino. Al doblar la esquina de la calle Esparteros, se encontraron con una niña bastante asustada, quien las miraba con sus ojos tristes.
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Capítulo 3
Cuando la profesora le entregó el papel, Guillermo le preguntó: –Profesora, ¿ya llamó a su puerta? En el rostro de la profesora se dibujó una expresión de alegría y respondió emocionada:
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Capítulo 3
Cuando llegó a casa, Elena tuvo la grata sorpresa de encontrar a su abuelo Pedro. Este vivía a unas tres horas de viaje en tren y había venido a pasar unos días con su hija, la señora de Robles, quien era viuda. Elena lo abrazó cariñosamente. Después de saludarse, la madre preguntó a Elena dónde se había quedado Isabel.
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Capítulo 4
Esa mañana la señora Peña estaba visiblemente disgustada. Pensando seriamente en lo que había sucedido el día anterior y durante esa noche, no podía negar que había cometido una grave falta al oponerse a su hijo, que había buscado la simpatía y el apoyo de ella, tratando de hallar respuestas a una necesidad que sentía profundamente en su joven corazón.
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Capítulo 4
Al día siguiente, llovió durante toda la mañana y parte de la tarde. Entre dos chaparrones, los chicos se divertían saltando los charcos de agua o tirando piedras en el barro. Otros arrancaban hojas de sus cuadernos, hacían barcos de papel y hasta organizaban grandes batallas navales. Las chicas se quedaron debajo del cobertizo, saltando a la comba o platicando en grupos de tres o cuatro.
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Capítulo 5
Al anochecer, al volver a su casa, se quedó muy sorprendido cuando vio sobre la mesita ubicada junto a la ventana, un libro que reconoció inmediatamente por su cubierta negra. –¡Oh! –exclamó–. ¡Pero si es la Biblia de mi padre! ¡Deben de haber pasado más de diez años desde la última vez que la vi!
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Capítulo 5
–¡Isabel, mira lo que te he comprado! La niña acudió presurosa y recibió agradecida el regalo de su madre. Era un Nuevo Testamento pequeño con Salmos, encuadernado en piel negra, de canto dorado. –¿Te gusta? –¡Oh, muchísimo! ¡Hace tiempo que deseaba tener uno así! ¡Muchas gracias!
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Capítulo 6
Pasaron algunas semanas y, lejos de mejorar, el estado del enfermo empeoraba cada día. Un domingo, antes de empezar la clase de la señorita Vázquez, Laura entró toda llorosa. –Chica, ¿qué te pasa? –le preguntaron varios niños, rodeándola con interés y cariño.
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Capítulo 7
Aquella semana trajo gratas sorpresas para Juan Villanueva. Primero, recibió una carta de la casa de reposo, situada en la Sierra de Valdelaguna, anunciándole que, debido a las diligencias del doctor López, le otorgaban una estancia gratuita durante un mes.
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Charles Studd (1860-1931)
Charles Studd nació en Spratton, Inglaterra en el año 1860. Estudió en el colegio de Eton. Durante ese período se consagró enteramente al críquet y tuvo mucho éxito. Admitido en el equipo nacional, participó en competencias internacionales.
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Como un martillo
Un misionero –es decir, un creyente que trabaja en lugares apartados para hablar de la obra del Señor Jesús– cumplía su tarea entre unos indígenas. A pesar de sus enseñanzas, no conseguía que ellos se reconocieran pecadores. Cierto día, mientras hablaba con algunos chicos de la tribu, les preguntó: –¿Ustedes creen que nunca hacen nada malo?
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Confianza
Hay muchas cosas que pueden hacernos sentir miedo; por ejemplo, quedarnos solos sin nadie que nos cuide, ir a un lugar que no conocemos; ¡y cuántas cosas más! Eso me recuerda la siguiente historia:
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¿Conoces el camino al cielo?
La lluvia era muy fuerte. En la ciudad todo parecía triste. Los autos iban despacio para no patinar. Las personas caminaban ligero, pues querían llegar pronto a sus casas. Un hombre cruzaba la calle a grandes pasos. De repente sintió que alguien le tiraba de la manga. Se dio vuelta y vio que dos ojos grandes y serios lo miraban fijamente.
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Cuida a mi pajarillo
Mucha gente concurrió, como de costumbre, al velatorio del pequeño Mayil, pero muy poca simpatía testimoniaron a Mimosa.
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Cuidados incomprendidos
Al subir a un vagón de ferrocarril, uno de nuestros amigos halló a todos los pasajeros muy nerviosos. Un hombre llevaba en sus rodillas a una hermosa nena de unos dos años de edad. La pequeña tenía sueño y lloraba, pues apenas se adormecía, el padre la sacudía fuertemente y la obligaba a mantenerse despierta.
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Dar gracias
Pedro, un niño de ocho años de edad, había ido a visitar a su tío, un creyente que siempre daba gracias a Dios antes de comer y acostumbraba leer la Biblia y arrodillarse con su familia para orar antes de acostarse. Todo esto le causó gran impresión a Pedro, quien se preguntó por qué su padre no hacía lo mismo. Cuando volvió a casa, durante el desayuno dijo:
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“Debe” y “haber”
Cierto día, una madre recibió de su hijo de nueve años de edad esta cuenta: «Mamá debe a Santiago: Por haber lavado los platos: 15 $ Por haberme portado bien en clase: 20 $ Por haber barrido la cocina: 10 $ Por haber paseado a mi hermanito: 15 $ Total: 60 $»
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Días sombríos
Días sombríos vendrían para los habitantes de la casa encantada. Sin embargo, en sus corazones todo era luz.
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Días terribles
Cuando Jade Preciosa vio la expresión feroz de su padre, sintió que su corazón se le salía del pecho. Sin hacer ruido, salió sigilosamente de la habitación, atravesó el patio y empezó a correr con todas sus fuerzas. Era necesario advertir a Fan-Tu y encontrar a Sinn-Hap antes de que regresara a casa.
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