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El tabernáculo

Éxodo 25 a 40

“Acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura”. Hebreos 10:22 Estas notas no constituyen un estudio completo del tabernáculo. Son solamente el resumen de algunas pláticas sobre tan notable figura, la que nos ayuda a comprender mejor las grandezas de la revelación del Nuevo Testamento. «Los objetos profundos e infinitos de nuestra fe se hacen cercanos y se tornan como palpables para nosotros por medio de las figuras». J.N. Darby

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Orientación cristiana

El maná en el desierto

Nuestro privilegio es alimentarnos de Cristo día tras día, como siendo Aquel que descendió del cielo para dar vida al mundo. Pero si alguno, olvidando su verdadera posición, quiere hacer provisión para mañana, es decir, quiere reservarse la verdad en vez de usarla para renovar sus fuerzas, seguramente esta verdad se corromperá.

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Orientación cristiana

La fe triunfando sobre el poder del enemigo

La esfera de la acción divina, en cuanto a su relación con la redención, está más allá de los límites del reino de la muerte; y cuando Satanás ha agotado toda su potencia, Dios empieza a manifestarse. La tumba es el término de la actividad del diablo, pero allí comienza a manifestarse la actividad de Dios.

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Orientación cristiana

Lino torcido

El “lino torcido”, figura de la humanidad pura y sin mácula de Cristo, abre a la inteligencia espiritual un manantial precioso y abundante de meditación. La verdad tocante a la humanidad de Cristo debe ser recibida con toda la exactitud de la enseñanza de las Escrituras.

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Apostasía

Se abre ahora ante nosotros una escena muy diferente de la que hasta aquí nos ha ocupado. Ha pasado delante de nuestros ojos la “figura y sombra de las cosas celestiales” (Hebreos 8:5): Cristo en su Persona gloriosa, en sus oficios de misericordia y en su obra perfecta, tal como nos es representado en el tabernáculo y en sus utensilios.

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Consagración de los sacerdotes

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“Deja ir a mi pueblo”

Los capítulos 7 a 11 forman una parte singular del libro del Éxodo. Su contenido puede agruparse bajo los tres títulos siguientes: los diez juicios de Jehová, la resistencia de “Janes y Jambres”, las cuatro objeciones de Faraón.

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Dios llama a Moisés

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El acceso al santuario

El tabernáculo nos ha hablado de la Casa de Dios y del conjunto de sus rescatados, representados por las tablas, las cortinas, los doce panes, las columnas y las cortinas (o colgaduras) del atrio, figuras –entonces incompletas– del misterio que debía ser plenamente revelado al apóstol Pablo: la Iglesia que es su Cuerpo (Efesios 3:5-6).

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El altar de bronce y el atrio

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El atrio

En principio, el atrio con su recinto nos habla del testimonio exterior y público que deben dar aquellos que componen la Casa de Dios, por oposición al tabernáculo propiamente dicho, el cual nos presenta el santuario y lo que se contempla en él.

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El culto, la comunión y la adoración

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El judío, el gentil y la Iglesia de Dios

Ahora llegamos al final de una porción muy relevante del libro del Éxodo. Valiéndose Dios de su gracia perfecta, visitó y redimió a su pueblo; lo hizo salir de la tierra de Egipto, lo liberó primero de la mano de Faraón, luego de la de Amalec.

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El lugar santísimo

Como la ciudad de Apocalipsis 21:16, el lugar santísimo era cúbico, manifestando así la perfección de Dios en todo. Era oscuro, pues, según 1 Reyes 8:12, Dios había dicho que “habitaría en la oscuridad”, manifestando de esa forma que aún no había sido plenamente revelado a los hombres.

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El lugar santo

Así como la puerta y el altar de bronce nos hablan del acceso al tabernáculo, abierto a cualquiera que quería venir con un sacrificio, el lugar santo nos presenta el privilegio exclusivo de los sacerdotes. Hoy, para ser sacerdote, es necesario ser hijo de Dios, nacido de nuevo. Y todo hijo de Dios es sacerdote (1 Pedro 2:5) (lo que no era el caso en Israel).

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El maná, pan del cielo

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El Mar Rojo

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El monte horeb y el evangelio

Ahora Dios da las segundas tablas, no para ser quebradas como las primeras, sino para ser guardadas en el arca encima de la cual Jehová debía tomar lugar como Señor de toda la tierra en el gobierno moral. “Y Moisés alisó dos tablas de piedra como las primeras; y se levantó de mañana y subió al monte Sinaí, como le mandó Jehová, y llevó en su mano las dos tablas de piedra.

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El poder de la sangre

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El rescate de los primogénitos

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El servicio

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El tabernáculo

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El tabernáculo propiamente dicho - Éxodo 26

El tabernáculo, para poder ser transportado a través de las numerosas etapas del desierto, era desmontable en diversas partes, aunque no dejaba de constituir un todo. Antes de cada partida los levitas desmontaban el tabernáculo y, luego, lo transportaban, parte sobre sus hombros, parte en carros.

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Estructura del tabernáculo

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