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La gloria moral del Señor Jesucristo
El tema de mi meditación en estas páginas es la gloria moral del Señor Jesús o, según nuestro modo de hablar, el carácter de nuestro Señor. En él todo subía a Dios como sacrificio de olor grato. Cualquiera de las expresiones de lo que él era, aun la menor, y cualquiera fuese la circunstancia a que ella se refiriese, era un perfume de incienso. En su persona –pero únicamente en ella, por cierto– el hombre fue reconciliado con Dios. En Jesús, Dios volvió a hallar su complacencia en el hombre, y eso, además, con un incremento inefable, puesto que en Jesús el hombre es más caro para Dios que lo que hubiera podido serlo en una eternidad de inocencia adámica.
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La obra cumplida
Meditaciones acerca de la muerte de nuestro Señor Jesucristo
Entre las escenas descritas en la Palabra de Dios no hay otras más conmovedoras que las que exponen los sufrimientos y la muerte del Señor Jesús. Pero tales escenas nos introducen en un terreno santo, en el que debemos entrar con los pies descalzos. Por otra parte, nos resulta difícil sondear las profundidades de este tema, como lo fue también para los discípulos.
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Los cielos abiertos
Meditaciones sobre la epístola a los Hebreos
La epístola a los Hebreos ilustra de manera notable uno de los caracteres del Libro de Dios. Se puede leer con enfoques diferentes y, sin embargo, ninguno de ellos contradice al otro. Puede ser fácilmente leída de seis o siete maneras. Ella nos abre los cielos tal como son ahora.
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¿Barrabás o Jesús?
La lucha entre las tinieblas y la luz, de la cual somos testigos, confirma la verdad enunciada al principio del evangelio según Juan: “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” (cap. 1:9).
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Cántico: Voz de amor
Voz de amor y de clemencia en el Gólgota sonó; Y al oírla, con violencia el Calvario retembló: ¡Consumado es, consumado es! Fue la voz que el Cristo dio.
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Capítulo 10:19-39
Llegamos a otra hermosa porción de la epístola y, según lo dimos a entender, a una nueva división de la misma. Leeremos desde el versículo 19 hasta el final del capítulo. Ustedes habrán observado la estructura general de las epístolas. Consideremos, por ejemplo, la epístola a los Efesios. Los tres primeros capítulos tratan de la doctrina, y los tres últimos de su aplicación moral.
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Capítulo 11
Hemos llegado al capítulo 11. El versículo 35 del capítulo 10 es un eslabón que vincula los dos grandes pensamientos de la epístola, a saber, que el cristianismo nos coloca dentro del velo y fuera del campamento, es decir, deshace la obra de Satanás, la cual nos había hecho extranjeros de Dios y ciudadanos de un mundo corrompido.
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Capítulo 12
Pasamos al capítulo 12. Ya hemos considerado la doctrina de la epístola. Ahora estamos en su parte práctica, sin que por ello la excelencia de la doctrina deje de brillar. Hemos contemplado los diversos caracteres con los cuales el Señor entró en el cielo; ahora, en el versículo 1, le vemos en el cielo bajo otro carácter. Es el poseedor de varias coronas.
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Capítulo 13
Estamos llegando al final de la epístola y aquí encontramos, como en otras, cierto número de detalles. La estructura de todas las epístolas de Pablo suele comenzar por la doctrina y terminar con exhortaciones. Lo mismo ocurre aquí. “Permanezca el amor fraternal”. Y luego (como un hermano puede ser forastero) dice: “No os olvidéis de la hospitalidad”.
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Capítulo 5:1-10
Leamos ahora hasta el versículo 10 del capítulo 5. Observemos que, desde allí hasta el final del capítulo 6, el apóstol abre un paréntesis para hacernos serias advertencias. Él utiliza mucho ese estilo parentético, y nosotros también hacemos bastante uso de él en las conversaciones que tenemos unos con otros. Esos pequeños intervalos o interrupciones en un discurso siempre son gratos.
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Capítulo 7
El paréntesis termina al final del capítulo 6, presentando a Jesús dentro del velo como nuestro precursor, “hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec”. Así se vuelve a considerar el gran tema anunciado en el versículo 10 del capítulo 5. Aarón, como lo hemos visto, simplemente fue llamado a ejercer su oficio, mientras Finees lo adquirió.
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Capítulo 8
Tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre (v. 1-2).
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Capítulos 1 y 2
La epístola a los Hebreos ilustra de manera notable uno de los caracteres del Libro de Dios. Se puede leer con enfoques diferentes y, sin embargo, ninguno de ellos contradice al otro. Puede ser fácilmente leída de seis o siete maneras. Ella nos abre los cielos tal como son ahora.
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Capítulos 3 y 4
Como ya lo hemos señalado, una de las principales características de esta epístola es que nos presenta una vista del cielo tal como está ahora, no como estaba en Génesis 1 ni como estará en los tiempos de Apocalipsis 4 o 21. El cielo de Génesis 1 no tenía un hombre glorificado, no tenía ningún apóstol, ningún sumo sacerdote. El cielo de la epístola a los Hebreos, al contrario, tiene todo esto.
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Capítulos 5:11-14 y 6
Cuando el apóstol se desvía de su argumento para exhortar a los hebreos, observamos que lo que temía en ellos no era la corrupción moral –como en el caso de los corintios–, sino la corrupción doctrinal. ¿No vemos tales variedades morales a nuestro alrededor hoy en día? Una tiene una tendencia corintia, otra una tendencia gálata.
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Capítulos 9 y 10:1-18
Para continuar el estudio de nuestra epístola leeremos ahora el capítulo 9 hasta el versículo 18 del capítulo 10. Esta es la última sección de la parte doctrinal; luego, hasta el final, tenemos exhortaciones morales. Desde el comienzo del capítulo 9 hasta el versículo 18 del capítulo 10, el argumento es uno solo.
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Conclusión
Acabo de trazar algunos de los rasgos de la gloria moral del Señor Jesucristo. Él fue la fiel representación del hombre según Dios, hombre en quien Dios descansaba.
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Conclusión
Recordemos las diversas líneas de pensamiento que corren a través de toda esta epístola y que hemos ido señalando. Al despedirnos de ella podemos repasarla y ver de qué manera estas líneas de pensamiento armonizan entre sí para darnos una conclusión infinitamente divina. 1. El Espíritu hace a un lado una cosa tras otra para dar lugar a Cristo.
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“Consumado es”
La obra hecha en la cruz ofrece aun otro aspecto que, en todas las épocas, ha llenado de admiración a quienes han meditado en ella. Es lo que expresa esta estrofa de un cántico:
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“Crucificado en debilidad”
“Y le llevaron a un lugar llamado Gólgota, que traducido es: Lugar de la Calavera” (Marcos 15:22).
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De Betania a Getsemaní
Tanto Mateo 25, como Marcos 13 y Lucas 21, describen el final del ministerio público del Señor Jesús; y desde los capítulos siguientes el Espíritu Santo relata los sufrimientos que el Señor soportó durante el último período de su vida terrenal
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El fin del traidor
“Entonces Judas, que le había entregado, viendo que era condenado, lleno de remordimiento…” (Mateo 27:3; V. M.). Sin duda no había pensado en tal desenlace para el Señor, quien siempre había logrado escapar de las conspiraciones de sus enemigos. Judas había juzgado que era la ocasión favorable para satisfacer una vez más su codicia.
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El interrogatorio nocturno
El Señor tuvo que soportar seis interrogatorios consecutivos, a saber: 1. Ante los principales sacerdotes. Juan 18:12-24. 2. Interrogatorio nocturno ante el concilio o sanedrín (los principales sacerdotes “buscaban falso testimonio contra Jesús”). Mateo 26:57-66; Marcos 14:53-64.
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El oprobio de los hombres y el despreciado del pueblo
Consideremos ahora los acontecimientos que caracterizaron el fin de “la noche que fue entregado”, escena durante la que el “Señor de gloria”, “el cual creó los confines de la tierra”, fue objeto de los más ignominiosos tratos de parte de sus criaturas.
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