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Explicación de las profecías sobre el retorno de Cristo

Tomemos un ejemplo para ilustrar esta parte del tema. Paseando por el campo cierta mañana, vemos un charquito de agua, lo evitamos y, sin pensar más en él, seguimos caminando. Unos días después, al pasar por el mismo lugar, el charco ha desaparecido, el agua ya no está: hasta las últimas gotas se evaporaron. ¿Qué sucedió?

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Filadelfia

Se caracteriza esta Iglesia por dos cosas: 1. Haber guardado la Palabra de Dios. 2. No haber negado el Nombre del Señor Jesús.

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¿Gobierna Dios la tierra?

Si leemos detenidamente las Escrituras, hallamos un fenómeno notable en los designios de Dios respecto a la tierra.

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Gog y Magog

Las naciones son mencionadas aquí por el nombre simbólico: “Gog y Magog”. Son los nombres del gran enemigo de Israel, del cual se habla en Ezequiel 38 y 39. Hemos visto, en el correspondiente capítulo, que era Rusia.

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¿Ha desechado Dios a su pueblo?

Pero, ¿es posible que la infidelidad del pueblo anule las promesas incondicionales que Dios hizo a Abraham, a Isaac y a Jacob? el apóstol dice: Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios (Romanos 11:29).

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Habrá dos resurrecciones: una para los salvados y otra para los perdidos

Sabemos que hay dos resurrecciones: la de los salvos y la de los malvados; o, según el Señor las llama: “la resurrección de vida, y la resurrección de –o para– condenación”. La primera, la de los salvos, se divide en tres fases:

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¿Hallará Israel tranquilidad y paz en Palestina?

El mundo entero tendrá puesto sus ojos en Palestina y en el pueblo restaurado (Isaías 18:3). Pero Jehová reposará (v. 4). No puede apoyar lo que se emprende con fuerza propia y con la ayuda de poderes mundiales. Aun cuando sus esfuerzos parezcan tener buen éxito, dando aparentemente frutos, Dios hará caer su juicio sobre él (v. 5).

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Hay cosas que no salvan

Para la salvación de su alma, cuídese bien de confiar en sus propósitos de enmienda, en sus buenas obras, en sus prácticas o sentimientos religiosos, o en su educación moral recibida desde su infancia. Puede confiar firmemente en estas cosas y, sin embargo, perderse eternamente.

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Hay esperanza eterna para todos los que creen en Cristo

Tomemos un ejemplo para ilustrar la diferencia que media entre estos dos hechos. Un joven muy enamorado de su esposa se ve en la penosa situación de dejarla. Él tiene que viajar a un país extranjero y conseguir el dinero suficiente para luego volver a buscarla y llevarla consigo.

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He aquí, yo hago nuevas todas las cosas (Apocalipsis 21:5)

¡Eso ha ocurrido en la cruz, en cuanto a los creyentes! Allí, “Dios enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne” (Romanos 8:3). De ellos puede decirse “En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo” (Colosenses 2:11).

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Impedimentos para ser oído

¿Por qué, entonces, tantas oraciones no son escuchadas? Las Escrituras señalan varias causas. Daniel 10 nos muestra que algunas oraciones, buenas en sí mismas, a veces no tienen respuesta porque Satanás, con todas sus fuerzas, intenta impedirla. Al final no puede hacerlo; pero logra, si Dios se lo permite, aplazar momentáneamente la respuesta.

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¡Invasión en Palestina!

En Isaías 7 tenemos la invasión de Rezín, el rey de Siria. Con tal motivo, Isaías profetiza sobre el futuro. Habla de la virgen que concebirá y parirá un hijo que se llamará Emmanuel, como así también de las invasiones de Egipto y Assur. Aunque ambos acontecimientos hayan tenido un cumplimiento provisional con la invasión de Senaquerib, contemplan realmente el futuro.

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Jesucristo es el mismo… por los siglos

Querido lector, por más débil que sea su fe, tenga la seguridad de que el bendito Salvador en quien ha depositado su confianza jamás cambiará. “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8).

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Juzgarse a sí mismo

En relación con esto las Escrituras nos llaman al juicio de nosotros mismos, no para averiguar si merecemos ocupar este lugar, pues todo cristiano como tal es digno de ello. Vacilar al respecto significaría dudar del valor de la obra del Señor Jesús.

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Juzgarse a sí mismo es el único medio para restablecer la comunión

Este es un principio que encontramos en todas las Escrituras, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Consideremos unos ejemplos típicos del Antiguo Testamento. En Levítico 4 y 5, y en parte también en los capítulos 6 y 7, encontramos las prescripciones para un israelita que hubiera pecado.

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La adopción de hijos para sí mismo

Esto no es todo. Hubiésemos podido obtener todo lo mencionado y solo ser colocados como siervos ante Dios. Los ángeles, como siervos, también tienen que corresponder a la gloria y a la santidad de Dios. Pero, respecto a nosotros, se dice: “… habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos” (Efesios 1:5).

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La Cena del Señor es la expresión de la unidad del cuerpo de Cristo

Hemos visto que la unidad del cuerpo de Cristo se forma mediante el bautismo del Espíritu Santo (1 Corintios 12:13), así que no es por la participación en la Cena del Señor. Si así fuera, la Asamblea solo estaría formada por los que participan en la Cena del Señor, lo cual estaría en total contradicción con la enseñanza general de la Palabra.

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La comunión de la sangre y del cuerpo de Cristo

Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo. La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? (1 Corintios 10:15-16).

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La conciencia

Dios ha dado a cada hombre una conciencia (Romanos 2:15) que le acusa de cosas malas que comete. La conciencia no destaca todo lo malo debido a que se ve influenciada y formada por el ambiente, pero siempre habla cuando alguien hace algo que se considera malo en el entorno en el cual él ha sido criado.

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La condenación de la fuente del pecado, nuestra mala naturaleza

De esto se desprende que no basta tener el perdón de los pecados. Si el Señor Jesús llevó todos mis pecados en la cruz, ciertamente ya no seré juzgado por ellos. Sin embargo, si él no hubiese hecho otra cosa más por mí, estaría perdido eternamente.

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La condición del hombre

En mi carta anterior señalé, según el primer capítulo de la epístola a los Romanos, el hecho de que todos los hombres han pecado y por eso son culpables ante Dios. Pero también que todo el que acepta al Señor Jesús recibe el perdón de sus pecados y, aun más, Dios lo justifica.

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La creación

Según Génesis 12:4, Abraham tenía 75 años de edad cuando recibió la promesa y salió de Harán para ir a Palestina. En Gálatas 3:17, el apóstol dice que la ley fue dada 430 años después. Entonces, desde el nacimiento de Abraham hasta la ley son 505 años.

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La cruz de Cristo

Cuando Jesús fue crucificado, Dios miró con ira a este mundo. ¿Cómo podía ser de otra manera, viendo el desprecio y el ultraje desplegados contra su Hijo? Sin embargo, Dios podía mirar con amor y perfecto agrado al Señor Jesús que murió en la cruz por cada uno de nosotros.

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La decadencia

Las siete cartas pueden dividirse en dos grupos. En las tres primeras se dice previamente “el que tiene oído, oiga”, y a continuación viene la promesa “al que venciere”. En cuanto a las cuatro cartas siguientes, este orden es invertido.

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