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The Mackintosh Treasury
La Iglesia, el cuerpo de Cristo: La Cena del Señor
La institución de la Cena del Señor debe ser considerada por toda mente espiritual como una prueba realmente conmovedora de los tiernos cuidados y del amor del Señor por su Iglesia.
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La Iglesia, el cuerpo de Cristo: La disciplina de la asamblea
Tus testimonios son muy firmes; la santidad conviene a tu casa, oh Jehová, por los siglos y para siempre (Salmo 93:5).
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La Iglesia, el cuerpo de Cristo: Los compañeros de David y los amigos de Pablo
Las líneas siguientes son un extracto de una carta dirigida a un amigo, y a pedido de él son enviadas como un mensaje a la Iglesia de Dios. ¡Quiera el Espíritu Santo revestirlas de su poder!
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La Iglesia, el cuerpo de Cristo: Públicamente y por las casas
El título de este artículo ha sido tomado del discurso de despedida de Pablo ante los ancianos de Éfeso en Hechos 20. Muestra, de manera muy convincente, la íntima relación que existe entre el trabajo de maestro y el de pastor. El apóstol dice: Cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros públicamente y por las casas (v. 20).
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La Iglesia, el cuerpo de Cristo: ¿Qué eres: ayuda o estorbo?
Entre todas las gracias que nos ha concedido el Señor, una de las más grandes es el privilegio de estar presentes en la asamblea de su amado pueblo, donde él ha puesto su nombre. Podemos afirmar con absoluta confianza que toda alma que ama verdaderamente a Cristo se complacerá en hallarse allí donde él ha prometido estar.
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La Iglesia, el cuerpo de Cristo: Un cuerpo
Estos pasajes presentan una verdad que yo creo que es de fundamental importancia para todos nosotros, tanto individual como corporativamente: la Iglesia en su conjunto es el templo de Dios, y todo creyente es hecho tal, de manera tan real, literal y absoluta, como el templo de la antigüedad en que Dios moraba; solo que, naturalmente, de una manera diferente.
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La Iglesia, el cuerpo de Cristo: Volvamos
Volvamos a visitar a los hermanos en todas las ciudades en que hemos anunciado la palabra del Señor, para ver cómo están.
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La venida del Señor: ¿Doctrina premilenaria o esperando al Hijo?
En un tiempo como el presente, cuando los conocimientos sobre cualquier materia se difunden tan extensamente, es muy necesario inculcar en la conciencia del lector cristiano la gran diferencia entre sostener la doctrina de la segunda venida del Señor y estar esperando realmente su manifestación (1 Tesalonicenses 1:10).
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La venida del Señor: Introducción
Creemos que se ha oído el grito de medianoche: ¡Aquí viene el Esposo; salid a recibirle! (Mateo 25:6).
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La venida del Señor: La venida del Señor
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La venida del Señor: Nuestra norma y nuestra esperanza
Dos principios muy importantes, que se presentan en Apocalipsis 3:3 y 11, son profundamente interesantes, pero claros, simples, fáciles de captar y llenos de poder cuando se los comprende bien. Dos cosas distintivas caracterizan al vencedor: la primera es la verdad que nos ha sido comunicada; la segunda, la esperanza que está puesta delante de nosotros.
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La venida del Señor: Preparado
Quisiéramos que el lector se fije por unos momentos en la palabra “preparado”. Si no nos equivocamos, hallará que es una palabra de una profundidad inmensa y de gran poder sugestivo, ya que es usada por el Espíritu Santo. Vamos a considerarla según cuatro citas bíblicas donde es presentada.
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Método de investigación
Si vamos a ocuparnos del contenido de las profecías, puede formularse la siguiente pregunta: ¿Cómo es posible que los resultados de diferentes investigadores se hallen tan en desacuerdo unos con otros?
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Otras observaciones sobre las profecías
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Prólogo a la versión castellana
En estos últimos tiempos, en estos días en que los corazones de los hombres se llenan de espanto a causa de las cosas que suceden o han de acontecer pronto, nos es grato ofrecer, a creyentes y amigos de habla castellana, la presente adaptación de la obra del siervo del Señor y autor cristiano holandés H. L.
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¿Tiene Israel un porvenir?
En algunas porciones de la Palabra, Dios es llamado: “El Altísimo, Poseedor de los cielos y de la tierra”. Y en Apocalipsis 11:4, “el Señor de toda la tierra” (V. M.).
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1 Pedro 1:5
En 1 Pedro 1:5 se usa en conexión con el vocablo “salvación”. Se dice que los creyentes son “guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero”.
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1 Pedro 4:5
El apóstol Pedro nos ofrece otro caso y otra aplicación de nuestro vocablo en 1 Pedro 4:5, donde se refiere a los que “darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos”.
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¿A quién da Dios las profecías?
La anterior cita del profeta Amós nos da ya la contestación: ciertamente, no al mundo. Desde luego, el porvenir del mundo está ya profetizado. ¿Nos hemos fijado, acaso, en que una parte importante de las profecías la constituye el anuncio del juicio venidero sobre los diferentes pueblos y naciones?
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¿A quién da Dios las profecías?
La anterior cita del profeta Amós nos da ya la contestación: ciertamente, no al mundo. Desde luego, el porvenir del mundo está ya profetizado. ¿Nos hemos fijado, acaso, en que una parte importante de las profecías la constituye el anuncio del juicio venidero sobre los diferentes pueblos y naciones?
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¿Acaso no resucitarán los santos e incrédulos a la vez?
Apocalipsis 20:4-5 nos dice que hay una diferencia de tiempo de mil años entre el fin de la primera resurrección (la resurrección de los justos) y la de los incrédulos. Pero no solo el Apocalipsis habla de esto, sino también otros muchos lugares de la Escritura.
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Asedio y conquista de Jerusalén
En Zacarías 12 vemos a Jerusalén asediada por todos los pueblos de su alrededor. Como en Daniel 11, los reyes del Sur y del Norte marchan juntamente contra ella.
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¿Cómo les traerá Jehová a su tierra?
La Palabra, en Jeremías 16:16, nos describe esa acción de modo muy gráfico: “He aquí que yo envío muchos pescadores, dice Jehová, y los pescarán, y después enviaré muchos cazadores, y los cazarán por todo monte, y por todo collado, y por las cavernas de los peñascos”.
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¿Cómo recogerá el Señor a su Iglesia?
Pasajes bíblicos como 1 Corintios 15:45-53 y 1 Tesalonicenses 4:13-18 nos revelan claramente esto. La primera cita nos enseña que ya somos los “celestiales” y que llevaremos luego la imagen del Hombre celestial: Cristo. Mas la “carne y la sangre”, es decir el hombre natural, no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.
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