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Estudio sobre el libro del Levítico

Dios es santo, sea cual fuere el lugar desde el que habla. Es santo en el monte Sinaí y es santo en el propiciatorio; pero, en el primer caso, su santidad estaba ligada a “un fuego consumidor”, mientras que en el segundo va unida a la gracia paciente. La unión de la perfecta santidad y de la perfecta gracia es lo que caracteriza a la redención que es en Cristo Jesús, redención que se encuentra prefigurada de diversas maneras en el libro del Levítico.

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Las siete fiestas de Jehová

Etapas de la vida cristiana

Las fiestas de Jehová, como están expuestas en Levítico capítulo 23, eran “fiestas solemnes”, es decir, tiempos fijados para acercarse a Dios y presentarle sacrificios (v. 37). Según el pensamiento divino, no eran fiestas del pueblo, sino “las fiestas solemnes de Jehová”, santificadas para él y para su gloria. Cuando la tradición y los ritos las despojaron de su verdadero carácter –hasta el punto de excluir de ellas al mismo Señor Jesús–, esas fiestas fueron llamadas meramente “fiesta de los judíos” (Juan 5:1; 7:2).

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Una sola ofrenda, varios sacrificios

Levítico 1 a 7

Nos proponemos considerar la muerte del Señor Jesús, “la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” (Hebreos 10:10). Será el tema central de la adoración de los redimidos en la eternidad, pero, aunque no podamos sondearlo aquí abajo, es la voluntad del Señor que nuestros corazones se ocupen en él.

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Canaán conservado para la casa de israel

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Conmemoración al son de trompetas

La Pascua tenía lugar el decimocuarto día del primer mes. La gavilla por primicia probablemente era ofrecida el día después del primer sábado que seguía a la Pascua. Pentecostés, cincuenta días más tarde, debía tener lugar, pues, en la primera mitad del tercer mes. Luego venía una larga interrupción hasta el séptimo mes, en el cual tres fiestas se sucedían rápidamente.

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Cosas consagradas a dios

Esta última porción de nuestro libro se refiere al “voto”, o acto voluntario por el cual una persona se consagraba, ella misma o lo que le pertenecía, a Jehová. “Habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguno hiciere especial voto a Jehová, según la estimación de las personas que se hayan de redimir, lo estimarás así… según el siclo del santuario” (v.

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El día de la expiación (ver nota al final del libro)

Entrar mucho más profundamente en lo que le costó a Cristo quitar el pecado de delante de Dios es el preludio de toda restauración. Reconocer la ruina (Levítico 16:1), individual o colectiva, conduce a una apreciación mucho más grande de la obra de Cristo y de su eficacia ante Dios.

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El holocausto

Como ya lo hemos visto, el holocausto, el sacrificio que es enteramente quemado sobre el altar, viene en primer lugar. En efecto, era importante poner en evidencia primero la perfección de la víctima, perfección que sólo puede ser plenamente apreciada por Dios. El mismo Señor Jesús lo dijo: “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida” (Juan 10:17).

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El holocausto

El holocausto nos presenta una figura de Cristo cuando “se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios” (Hebreos 9:14); por eso el Espíritu Santo le asigna el primer lugar entre los sacrificios. Si el Señor Jesús se ofreció para cumplir la gloriosa obra de la expiación, fue porque el supremo objeto que perseguía en esta obra era glorificar a Dios:

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El hombre corrompe las instituciones divinas

Las páginas de la historia de la humanidad siempre han sido manchadas. De principio a fin, no son más que anales de culpas, faltas, crímenes del hombre. En medio de las delicias del huerto de Edén, el hombre prestó oído a las mentiras del tentador (Génesis 3). Después de haber sido preservado del juicio por la gracia de Dios, e introducido en una tierra renovada, se embriagó (Génesis 9:21).

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El sacerdocio

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El sacrificio de paz

En la institución de los sacrificios, el sacrificio de paz estaba tercero en la lista (Levítico 1-5). Ahora, al tratarse de las “leyes” de las ofrendas (Levítico 6-7) vemos que es el último. Éste no se ofrecía para ser “aceptado”, como el holocausto, ni para ser “perdonado”, como el sacrificio por el pecado, sino que el que lo ofrecía lo hacía para dar gracias (cap. 7:12).

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El sacrificio de paz: la comunión

Cuanto más atentamente examinamos las ofrendas, más nos convencemos de que ninguna tipifica por sí sola la obra completa de Cristo. Solamente reuniéndolas todas, uno puede formarse una idea algo más precisa. Cada ofrenda, como era de esperar, tiene rasgos que le son peculiares. El sacrificio de paz difiere en muchos aspectos del holocausto.

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Exigencias divinas para los sacerdotes

Estos capítulos muestran detalladamente cuáles eran las exigencias divinas con relación a quienes tenían el privilegio de acercarse como sacerdotes para “ofrecer el pan de su Dios” (cap. 21:21). Aquí, como en la sección anterior, vemos la conducta de alguien como resultado de sus relaciones con Dios, y no como la causa. Conviene tener esto muy presente.

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Impureza inherente a la naturaleza humana

Este capítulo hace referencia a varias clases de impureza ceremonial mucho menos grave que la lepra. Mientras que esta última expresa la fuerza corruptora de nuestra naturaleza, el capítulo 15 enumera ciertas cosas que son sencillamente debilidades inevitables. Sin embargo, como en algún modo provienen de la naturaleza humana, manchan y reclaman los recursos de la gracia divina.

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Introducción

Antes de considerar en detalle el tema que vamos a tratar, debemos tomar en cuenta la posición que aquí ocupa Jehová y, a continuación, el orden en que se suceden los sacrificios. Llamó Jehová a Moisés, y habló con él desde el tabernáculo de reunión.

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israel, conservado para el país de canaán

En este corto capítulo hay muchas cosas que deben llamar la atención de todo cristiano espiritual. En el capítulo 23 vimos la historia de las dispensaciones de Dios hacia Israel, desde el sacrificio del verdadero Cordero pascual hasta el reposo y la gloria en el reino milenario.

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La fiesta de los panes sin levadura

En todas las Escrituras, la fiesta de los panes sin levadura está íntimamente ligada a la Pascua. No se podría creer en el Señor Jesús y seguir viviendo como antes. “Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta… con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad” (1 Corintios 5:7-8).

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La fiesta de los tabernáculos

Como la fiesta de los panes sin levadura, la de los Tabernáculos duraba siete días.

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La gavilla por primicia

La Pascua y la fiesta de los panes sin levadura podían ser celebradas en el desierto, pero para traer al Señor la gavilla por primicia era menester haber entrado en la tierra que él les daba. La Pascua era sacrificada por la tarde, a la puesta del sol, y comida en la noche. En la mañana todo estaba terminado (Deuteronomio 16:6-7).

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La ley de las diversas ofrendas

El final del capítulo 6, lo mismo que todo el capítulo 7, contiene la ley

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La ofrenda vegetal

En la ofrenda vegetal, no se trata de una víctima degollada, de sangre derramada, de propiciación ni de pecado. La ofrenda no es ofrecida para “ser aceptada”.

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La ofrenda vegetal: cristo en su humanidad

Examinaremos ahora la “oblación” u ofrenda vegetal que representa, de una manera muy precisa, a “Jesucristo hombre”. El holocausto representa a Cristo en su muerte; la ofrenda que consideramos ahora le representa en su vida. Ni en una ni en otra se ve el acto de llevar el pecado.

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La pascua

Dios quiere reunir un pueblo alrededor de sí mismo en su reposo para que publique Su alabanza (Isaías 43:21). Para que ello sea posible, todo debe estar en orden no solamente en gracia, sino también en justicia, porque Dios es tanto luz como amor. En figura, la Pascua echa los fundamentos de esta obra.

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