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Isaías 40:9–45:14

A pesar de que la revelación de la gloria del Señor -como ninguna otra cosa– saca a la luz la pecaminosidad y fragilidad del hombre, también trae “buenas nuevas”; y esto es lo que proporciona el consuelo para “mí pueblo” (v. 9). Sión y Jerusalén son representadas levantando la voz, y diciendo a las ciudades de Judá “¡He ahí a vuestro Dios!” (V. M.).

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Isaías 45:15–49:4

El poder de Dios que, por el surgimiento de Ciro, cumpliría su propósito de liberar a aquellos a quienes llama “mis cautivos” (v. 13), solo sería percibido por fe. Por eso, el profeta exclama: “Verdaderamente tú eres un Dios que te encubras” (v. 15, V. M.).

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Isaías 49:5–51:16

En este notable capítulo tenemos algo parecido a un diálogo. La palabra de Dios al Mesías (a quien se dirigió como el verdadero “Príncipe de Dios”) la encontramos en el versículo 3. El lamento del Mesías (habiendo querido juntar a Israel en vano) se encuentra en el versículo 4; y se verificó históricamente, como se nos dice en Lucas 13:34.

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Isaías 51:17 – 53:9

Es digno de mención que, en el pasaje que tenemos ante nosotros, hay tres llamadas a oír y tres llamadas a despertar. Las llamadas a oír en la primera parte del capítulo (v. 1, 4 y 7) son para “los que seguís la justicia, los que buscáis a Jehová”; aquellos reconocidos como “mí pueblo”; y para “los que conocéis justicia… en cuyo corazón está mi ley”.

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Isaías 5:1–9:7

El capítulo 5 comienza con lo que podríamos llamar el cántico de Isaías. Si nos volvemos a Deuteronomio 32, podemos leer el cántico de Moisés, que es por una parte retrospectivo, y por otra parte profético. Moisés pronunció su cántico al comienzo de la historia nacional de Israel. Isaías, por su parte, pronunció el suyo hacia el final. El testimonio de ambos es el mismo.

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Isaías 53:10–55:13

Hasta aquí, esta gran profecía ha tratado de los sufrimientos y muerte en humillación del siervo de Dios, principalmente, desde el lado humano y visible; ahora se adentra en cosas más profundas, fuera del alcance de la vista humana. Los versículos 10 a 12 anuncian lo que Dios mismo realizó, y qué conseguirá aún por medio de esto.

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Isaías 56:1–58:14

Al final de Isaías 55, el maravilloso relato profético concerniente a aquel que iba a surgir como el “siervo” y el “brazo” del Señor, llega a su fin. En el capítulo 56, el profeta tuvo que volver al estado de las cosas entre el pueblo al que se había dirigido anteriormente.

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Isaías 59:1–60:5

Las gloriosas promesas contenidas en los versículos finales de Isaías 58, pueden haber sonado idealistas y visionarias, incluso en tiempos de Isaías; y más aún en nuestros días, cuando, a pesar de todos los esfuerzos, el problema de Israel y su tierra parece sin solución. ¿Qué ha retrasado –y todavía retrasa– la realización de tales promesas?

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Isaías 60:6–62:3

La abundancia de cosas que, en forma de bendiciones terrenales, será derramada sobre Israel, se brindan con mucho detalle a partir del versículo 6 de Isaías 60. En ese versículo se menciona a Sabá, la tierra desde donde vino la reina que visitó a Salomón con mucho oro y especias. Cuando ella llegó (como se relata en 1 de Reyes 10), expresó alabanzas hacia Salomón.

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Isaías 62:4–64:3

Si el versículo 3 de nuestro capítulo anuncia cómo el Israel de Dios en la era venidera será una corona de gloria y una diadema en la mano de Dios, el versículo 4 declara el lugar de bendición que será de ellos, en contraste con todo lo que a ellos los ha caracterizado hasta ahora.

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Isaías 64:4–65:12

Es sorprendente cómo el versículo 4 prosigue a lo que hemos bosquejado en los tres primeros versículos. Isaías deseaba una manifestación poderosa del poder de Dios, como el que se había manifestado al principio de la historia de Israel.

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Isaías 65:13 – 66:24

Aunque Dios tiene que pronunciar un juicio sobre los malhechores, que debe ejecutarse a su debido tiempo, se deleita en la misericordia y la bendición que otorga a sus verdaderos siervos. Esto él lo hace manifiesto en el pasaje que inicia en el versículo 13.

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Isaías 9:8–14:32

En este punto del capítulo 9 el profeta reanudó la denuncia contra el pueblo y su pecado, que había sido interrumpida para poder relatar su visión del Dios de los ejércitos, y dar la profecía sobre Emmanuel. Ahora vemos cómo la mano de Dios se extendió sobre ellos con ira y disciplina.

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La Iglesia del Dios viviente

La disciplina en la asamblea - n.° 5: Diferentes formas de aplicar la disciplina

Hasta el momento hemos venido considerando la necesidad de la disciplina, su propósito y el espíritu y la forma en que ella ha de ser administrada en la asamblea. Hecho este prefacio, podemos considerar ahora el asunto de la disciplina misma tal como nos lo presentan las Escrituras.

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La Iglesia del Dios viviente

La disciplina en la asamblea - n.° 5: La manera de ejercer la disciplina

Llegamos ahora a un aspecto muy importante de nuestro tema: el espíritu y la manera en que debe ejercerse la disciplina. La iglesia no es un mero tribunal de justicia en el que tiene lugar un proceso judicial para enjuiciar una maldad según ciertas leyes. Tal proceder no sería otra cosa que alejarse del terreno de la gracia sobre el cual estamos.

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La Iglesia del Dios viviente

La disciplina en la asamblea - n.° 5: La necesidad de la disciplina en la Asamblea

En el primer fascículo de esta seriea hablamos de la Iglesia como Casa de Dios en la tierra.

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La Iglesia del Dios viviente

La disciplina en la asamblea - n.° 5: Los propósitos de la disciplina

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La familia y su cabeza

Hemos considerado la relación de esposo y esposa, de modo que llegamos ahora al círculo de la familia. Las Escrituras abundan en cuadros de la vida familiar para nuestro ejemplo e instrucción, y también para nuestra advertencia y amonestación.

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La Iglesia hoy

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La inspiración de la Biblia

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La Iglesia del Dios viviente

Los dones y el ministerio - n.° 8: El apoyo material

¿Cómo deben suplirse las necesidades de un siervo del Señor en el servicio de su Maestro? Esta es una cuestión práctica que un día u otro se plantea ante cada verdadero siervo del Señor. Podemos estar seguros de que la Palabra de Dios también nos da principios y preceptos con relación a este aspecto de la obra del ministerio.

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La Iglesia del Dios viviente

Los dones y el ministerio - n.° 8: El poder para el ministerio

Antes de terminar esta consideración sobre el siervo individual y su ministerio nos es necesario decir algo sobre el poder requerido para desempeñar este ministerio celestial. Hemos acentuado la necesidad de poseer un don procedente del Señor para el ministerio, pero la mera posesión de un don no es suficiente. Se necesita el poder para desempeñarlo de manera fructífera.

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La Iglesia del Dios viviente

Los dones y el ministerio - n.° 8: El siervo y su ministerio

Hasta ahora hemos tratado acerca de los varios dones dados a la Iglesia por su Cabeza glorificada. Ahora consideraremos al siervo y su ministerio; pero, antes de encarar este tema, deseamos recordar a nuestros lectores lo que tenemos en mente. Queremos considerar el asunto del ministerio en “la iglesia del Dios viviente” como revelado en las Escrituras.

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La Iglesia del Dios viviente

Los dones y el ministerio - n.° 8: Los dones y el ministerio

Previamente hemos visto en esta seriea que Cristo es la cabeza de la Iglesia y la única Cabeza permitida po

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