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La conversión y el nuevo nacimiento

El capítulo 1 de la primera epístola a los Tesalonicenses presenta una muy hermosa y notable descripción de lo que podemos llamar verdadera conversión. Esperamos que su estudio resulte de interés y de provecho para nuestras almas, pues nos proporciona una respuesta clara y precisa a la pregunta: «La conversión: ¿Qué es?». Este tema no es de poca importancia. En tiempos como los actuales, es bueno tener una respuesta divina a tal pregunta.

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La Iglesia, el cuerpo de Cristo

«Dios tiene una Iglesia en el mundo. Así como antaño había una “congregación en el desierto” (Hechos 7:38), hay hoy una Iglesia que pasa por este mundo como Israel pasaba por el desierto. Israel no era del desierto, sino que pasaba a través de él; la Iglesia de Dios no es del mundo (Juan 17:16): no hace más que atravesarlo. Hay actualmente en la tierra “un Cuerpo”, en el que habita el Espíritu, unido a Cristo, la Cabeza. Esa Iglesia, ese Cuerpo, está constituido por todos los que creen verdaderamente en el Hijo de Dios, y que están unidos en virtud del gran hecho de la presencia del Espíritu Santo. No se trata de una opinión, o de cierta idea que pueda aceptar o no a gusto de cada cual. Es un hecho divino.

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La obra de evangelización

«Necesitamos evangelistas; queremos evangelistas sinceros, fieles y de ancho corazón; hombres que conocen su trabajo, y que están decididos, por la gracia de Dios, a dedicarse con empeño a él, sin importar quién lo subestime. Dios ha dicho que los pies del evangelista son “hermosos” (Romanos 10:15). El cielo entero está interesado en la obra de evangelización; y nunca hemos conocido a un santo espiritual en la tierra que no estuviese interesado en esta obra... El evangelio de la gracia de Dios se dirige al hombre perdido, muerto en sus “delitos y pecados” (Efesios 2:1), y no hace ninguna diferencia entre judíos y gentiles.

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The Mackintosh Treasury

Temas prácticos de la vida cristiana

Nada tiene valor a los ojos de Dios sino lo que brota del amor personal a Cristo y de la comunión con él. Podemos saber las Escrituras al dedillo; podemos predicar con notable elocuencia y fluidez, con una fluidez tal que las almas poco experimentadas pueden muy fácilmente confundir con «poder»; pero, oh, si nuestros corazones no beben profundamente de la Fuente; si el motor que los anima no es hacer del amor de Cristo una realidad práctica, todo terminará en algo fugaz y pasajero.

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Orientación cristiana

El maná en el desierto

Nuestro privilegio es alimentarnos de Cristo día tras día, como siendo Aquel que descendió del cielo para dar vida al mundo. Pero si alguno, olvidando su verdadera posición, quiere hacer provisión para mañana, es decir, quiere reservarse la verdad en vez de usarla para renovar sus fuerzas, seguramente esta verdad se corromperá.

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Orientación cristiana

La cena del Señor

Para todo aquel que vive habitualmente en la atmósfera de las Escrituras, le parecerá extraño observar la confusión de pensamientos y la diversidad de prácticas respecto a un asunto tan importante, y que es presentado de un modo tan sencillo y claro en la Palabra de Dios.

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Orientación cristiana

La fe triunfando sobre el poder del enemigo

La esfera de la acción divina, en cuanto a su relación con la redención, está más allá de los límites del reino de la muerte; y cuando Satanás ha agotado toda su potencia, Dios empieza a manifestarse. La tumba es el término de la actividad del diablo, pero allí comienza a manifestarse la actividad de Dios.

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Mensaje para todos

La misión del cristiano

En aquellos días, como había una gran multitud, y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos, y les dijo: Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; y si los enviare en ayunas a sus casas, se desmayarán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos. 

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Mensaje para todos

La paz

Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros. Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor.

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El nuevo nacimiento

Pocos asuntos han suscitado mayor dificultad y perplejidad que el de la regeneración o nuevo nacimiento. Muchísimos creyentes, objetos del nuevo nacimiento, ignoran su significado, y están llenos de dudas respecto de si alguna vez han nacido realmente de nuevo.

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La conversión

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La Iglesia, el cuerpo de Cristo: Diversidad y unidad

Es a la vez interesante e instructivo señalar las variadas líneas de verdad presentadas en el Nuevo Testamento, y ver que todas hallan su centro en esa bendita Persona que es la verdad. Vemos esto tanto en los Evangelios como en las Epístolas. Cada uno de los cuatro Evangelistas, bajo la guía y el poder directos del Espíritu Santo, nos dan una visión particular de Cristo.

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La Iglesia, el cuerpo de Cristo: El remanente en el pasado y el presente

Seguir, a través de las Escrituras, la historia de lo que se conoce como el remanente, es, además de interesante, muy instructivo y alentador. Podemos señalar desde el principio que la existencia misma de un remanente demuestra el fracaso del testimonio visible o cuerpo profesante, ya sea judío o cristiano.

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La Iglesia, el cuerpo de Cristo: El rocío de Hermón

La expresión “el rocío de Hermón” parece ser solo un rompecabezas geográfico para algunos. Pero para uno que tiene la mente de Cristo, no es un simple rompecabezas, sino una muy sorprendente y bella figura.

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La Iglesia, el cuerpo de Cristo: El sacerdocio cristiano

Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable (1 Pedro 2:9).

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La Iglesia, el cuerpo de Cristo: Hermanos santos

Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús (Hebreos 3:1).

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La Iglesia, el cuerpo de Cristo: Introducción

Dios tiene una Iglesia en el mundo. Así como antaño había una “congregación en el desierto” (Hechos 7:38), hay hoy una Iglesia que pasa por este mundo como Israel pasaba por el desierto. Israel no era del desierto, sino que pasaba a través de él; la Iglesia de Dios no es del mundo (Juan 17:16): no hace más que atravesarlo.

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La Iglesia, el cuerpo de Cristo: Israel y las naciones

Tener presente el propósito original de Dios al enviar el Evangelio a los gentiles, o a las naciones, contribuirá en gran medida a dar claridad y precisión al esfuerzo misionero. Este está claramente indicado en Hechos 15: “Simón ha contado” –dice Santiago– “cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre” (v. 14).

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La Iglesia, el cuerpo de Cristo: Jericó y Acor - Privilegio y responsabilidad

El lector hará bien, en primer lugar, en volverse a los dos capítulos de Josué mencionados arriba y leerlos detenidamente. Proporcionan un muy sorprendente e impresionante testimonio del doble efecto que produce la presencia de Dios con su pueblo. En el capítulo 6 se nos enseña que la Divina Presencia aseguró la victoria sobre el poder del enemigo.

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La Iglesia, el cuerpo de Cristo: La Cena del Señor

La institución de la Cena del Señor debe ser considerada por toda mente espiritual como una prueba realmente conmovedora de los tiernos cuidados y del amor del Señor por su Iglesia.

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La Iglesia, el cuerpo de Cristo: La disciplina de la asamblea

Tus testimonios son muy firmes; la santidad conviene a tu casa, oh Jehová, por los siglos y para siempre (Salmo 93:5).  

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La Iglesia, el cuerpo de Cristo: Los compañeros de David y los amigos de Pablo

Las líneas siguientes son un extracto de una carta dirigida a un amigo, y a pedido de él son enviadas como un mensaje a la Iglesia de Dios. ¡Quiera el Espíritu Santo revestirlas de su poder!

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La Iglesia, el cuerpo de Cristo: Públicamente y por las casas

 El título de este artículo ha sido tomado del discurso de despedida de Pablo ante los ancianos de Éfeso en Hechos 20. Muestra, de manera muy convincente, la íntima relación que existe entre el trabajo de maestro y el de pastor. El apóstol dice: Cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros públicamente y por las casas (v. 20).

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La Iglesia, el cuerpo de Cristo: ¿Qué eres: ayuda o estorbo?

Entre todas las gracias que nos ha concedido el Señor, una de las más grandes es el privilegio de estar presentes en la asamblea de su amado pueblo, donde él ha puesto su nombre. Podemos afirmar con absoluta confianza que toda alma que ama verdaderamente a Cristo se complacerá en hallarse allí donde él ha prometido estar.

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