La obra de evangelización

Obra de evangelización

Introducción

Necesitamos evangelistas; queremos evangelistas sinceros, fieles y de ancho corazón; hombres que conocen su trabajo, y que están decididos, por la gracia de Dios, a dedicarse con empeño a él, sin importar quién lo subestime. Dios ha dicho que los pies del evangelista son “hermosos” (Romanos 10:15). El cielo entero está interesado en la obra de evangelización; y nunca hemos conocido a un santo espiritual en la tierra que no estuviese interesado en esta obra... El evangelio de la gracia de Dios se dirige al hombre perdido, muerto en sus “delitos y pecados” (Efesios 2:1), y no hace ninguna diferencia entre judíos y gentiles. Como el sol en el firmamento, brilla para todos. Ninguna nación, tribu, lengua ni pueblo están excluidos del alcance de sus rayos celestiales. Predicar el Evangelio “a toda criatura que está debajo del cielo” (Colosenses 1:23, RV 1909), es la divina comisión y el amplio campo del evangelista. Algunos pueden alegar que no somos evangelistas. Bien, pero sí podemos colaborar con él, proveyéndole, por ejemplo, tratados y libros que le serán de gran ayuda en su bendita obra de ganar almas para Cristo, y para edificarlas una vez que se hayan convertido. Podemos colaborar mayormente en la oración y solidarizarnos con él. Podemos brindarle alojamiento en los lugares distantes adonde vaya. En una palabra, si nuestros corazones sienten esa misma compasión de Cristo por las preciosas almas, él abrirá el camino en el que todos podemos ser colaboradores en esta bendita obra.