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Noé sale del arca y adora a Jehová
“Habló Dios a Noé, diciendo: Sal del arca”. El mismo Dios que le había ordenado que construyese el arca y que entrase en ella, ahora le manda que la abandone. “Entonces salió Noé… Y edificó Noé un altar a Jehová” (v. 18, 20). Todo lo hace conforme a sus instrucciones con sencilla obediencia, tanto en el momento de la oscuridad como en la hora de regocijo y de adoración gozosa.
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Noé y su casa
Cuando la iniquidad del mundo antediluviano había llegado a su colmo, y el Dios justo –quien estaba por devastar toda esta escena de corrupción con la recia corriente del juicio– tuvo que decidir el fin de toda carne, estas gratas palabras sonaron a oídos de Noé:
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Nombramiento de los jefes
En lo que queda de nuestro capítulo, Moisés repite a oídos del pueblo, con un lenguaje conmovedor y sencillo, los hechos relacionados con el nombramiento de los jueces y la misión de los espías. Podemos atribuir el nombramiento de los jueces a la propia iniciativa de Moisés, y la misión de los espías a la sugerencia del pueblo.
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Nuestra lentitud para aprender
“Y aconteció que a los cuarenta años, en el mes undécimo, el primero del mes, Moisés habló a los hijos de Israel conforme a todas las cosas que Jehová le había mandado acerca de ellos” (v. 3). Estas breves palabras contienen un verdadero manual de instrucciones para todos los siervos de Dios, para todos aquellos que son llamados a exponer la Palabra.
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Nuestra posición como consecuencia de la obra en la cruz
Antes de dejar este punto fundamental deseo hacer un llamamiento al corazón y a la conciencia. Querido amigo, ¿ha sido usted inducido a apoyarse en este santo y feliz fundamento? ¿Sabe que la cuestión de su pecado, y de sus pecados, ha sido resuelta para siempre? ¿Ha puesto su mano, por la fe, sobre la cabeza de la víctima ofrecida por el pecado?
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The Mackintosh Treasury
Nuestra seguridad del perdón de los pecados
Hasta aquí, hemos considerado el aspecto de la obra de Cristo que tiene que ver con el perdón de los pecados, y esperamos sinceramente que el lector tenga ya una idea muy clara y definida de este tan importante punto. Seguramente será un feliz privilegio para él si solo toma lo que Dios dice en su palabra:
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Nuestro refugio es Cristo
Creemos que esta es la verdadera interpretación de la institución de las ciudades de refugio. Si debiéramos considerarla como susceptible de aplicarse al caso del pecador que busca su refugio en Cristo, solo podría ser de una manera excepcional, pues nos veríamos rodeados por puntos de contraste más bien que de semejanza.
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Nuestros pecados perdonados
¿Sabe usted que todos sus pecados están perdonados en virtud de la perfección del sacrificio de Cristo? Si cree sencillamente en su nombre, están perdonados. Han sido quitados, quitados para siempre. No diga, como tantas almas inquietas: «Temo no experimentarlo». De un extremo del Evangelio a otro no encontrará usted ni una sola vez esta palabra «experimentar».
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Obedezcamos la Escritura
Y, ¿cuál es el remedio para este mal tan ampliamente difundido? Una absoluta y completa sumisión a la autoridad de la santa Escritura. No que los hombres tengan que acudir a ella para confirmar sus opiniones y sus puntos de vista, sino para encontrar allí los pensamientos de Dios acerca de todas las cosas, e inclinar todo su ser moral ante la autoridad divina.
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Obediencia y desobediencia
Con respecto a Deuteronomio capítulo 28, si el lector tiene en cuenta su diferencia con el capítulo 27, podrá leerlo con inteligencia espiritual y verdadero provecho. No exige un laborioso estudio. Se divide de manera clara en dos partes. En la primera tenemos una completa exposición de los resultados de la obediencia (v. 1-14).
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Obediencia y servicio
Bendito sea Dios, somos exhortados a obedecer; a “oír” e inclinarnos con una santa sumisión a su autoridad. En cuanto a esto, también nos apartamos de los incrédulos y sus pretensiones altivas.
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Obedientes a Jesucristo
No intentaremos excusarnos ante el lector por esta larga desviación, pues nos ha parecido necesario tratar a fondo el importante tema de la obediencia y colocar sobre su verdadero fundamento la doctrina presentada en el primer versículo de este capítulo.
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The Mackintosh Treasury
Objetivo de la disciplina
Para concluir, consideremos brevemente el objetivo de la disciplina de la Asamblea. El inspirado apóstol, en 1 Corintios 5, nos dice que el objetivo es la salvación “a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús” (1 Corintios 5:5). Esto es muy valioso. Es digno del Dios de toda gracia.
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Oír… aprender… guardar… practicar
Aquí empieza el segundo discurso de Moisés, que termina al final del capítulo 26. “Llamó Moisés a todo Israel y les dijo: Oye, Israel, los estatutos y decretos que yo pronuncio hoy en vuestros oídos; aprendedlos, y guardadlos, para ponerlos por obra” (v. 1).
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Omisión en el servicio
“Y Moisés preguntó por el macho cabrío de la expiación, y se halló que había sido quemado; y se enojó contra Eleazar e Itamar, los hijos que habían quedado de Aarón, diciendo: ¿Por qué no comisteis la expiación en lugar santo? Pues es muy santa, y la dio él a vosotros para llevar la iniquidad de la congregación, para que sean reconciliados delante de Jehová.
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Once jornadas hay desde Horeb hasta Cades-barnea
Vamos a continuar ahora con nuestro capítulo, y al hacerlo hemos de llamar la atención del lector sobre el versículo 2. Es un paréntesis muy notable. “Once jornadas hay desde Horeb, camino del monte de Seir, hasta Cades-barnea”. ¡Once días! ¡Y, sin embargo, emplearon cuarenta años en recorrerlo! ¿Por qué?
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The Mackintosh Treasury
Orar con perseverancia
Todo lo que precede nos conduce naturalmente a otra de estas condiciones morales de la oración, que nos han ocupado hasta aquí. Leamos Lucas 18:1-8. “También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre.
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Orden de los sacrificios
Trataremos ahora acerca del orden en que se suceden los sacrificios en los primeros capítulos. Dios pone en primer lugar el holocausto y en último término el sacrificio por la culpa; termina por donde nosotros empezamos. Este orden es notable y muy instructivo.
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Otros ejemplos para nuestra ayuda
Pero ¿es verdad que los casos registrados en las Escrituras son tan especiales o extraordinarios que no pueden constituir un precedente para nosotros? Si de alguno podría decirse tal cosa sería ciertamente de Abraham. No obstante leemos: “Su fe le fue contada por justicia.
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Otros resultados del nuevo nacimiento
Habiendo dicho lo suficiente como para advertir a aquellos que estén en peligro de caer bajo la influencia de dicha línea de argumentación, pasaré a considerar otro aspecto de los resultados de la regeneración: la disciplina en la casa del Padre.
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Palabras de ánimo para el lector intranquilo
Lector cristiano, investigador inquieto, ¿no es triste que, si bien la Palabra de Dios nos presenta a Cristo sentado a la diestra de Dios en virtud de una redención cumplida, no estemos, en el fondo, mucho más aventajados que los judíos quienes solo tenían un sacerdote humano que se mantenía de pie cada día, haciendo el servicio y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios?
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Para Israel: «He entrado» – Para la Iglesia: «He venido a Jesús»
Ahora, amado lector, permítanos preguntarle, ¿cree que era presunción por parte del israelita expresarse como lo hizo? ¿Era injusto, poco modesto y orgulloso decir: “He entrado”? ¿Hubiese sido más conveniente para él limitarse a expresar la esperanza de que más adelante quizá pudiera entrar en la tierra?
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Para las batallas de Israel: el sacerdote y el oficial
Israel fue llamado a combatir las batallas de Jehová. Desde el momento que entraron en Canaán, tuvieron que hacer la guerra a sus habitantes. “De las ciudades de estos pueblos que Jehová tu Dios te da por heredad, ninguna persona dejarás con vida” (v. 16). Esto era claro y solemne.
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Para los sacerdotes y levitas no había heredad terrenal
El lector ya habrá notado en este capítulo, como en otros, que cada nuevo tema empieza con estas palabras: “Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón”. Los versículos 20 a 32 nos enseñan que los sacerdotes y levitas, los adoradores y los obreros de Dios no debían tener heredad entre los hijos de Israel, sino que debían depender enteramente de Dios para su subsistencia.
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