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El hogar cristiano

El hogar fue establecido por Dios, y fue Su designio para la humanidad. Cuando Dios hizo a Adán y a Eva y los unió en santo matrimonio, mandándoles que fructificaran y se multiplicaran y que llenaran la tierra, instituyó la primera familia y el primer hogar (Génesis 1:27-28). Toda la estructura social humana descansa sobre la unidad de la familia. Y el hogar, la morada de la familia, bien sea una choza o una mansión, es la fortificación o el refugio de la comunidad. De ahí a que se diga con frecuencia: «El hogar es el baluarte de la nación». Sobre él descansa todo el edificio de la civilización. Si él desaparece, desaparece la nación, porque la nación no es sino un conjunto de individuos unidos por una relación de familia. Es evidente, pues, la importancia del hogar y de la vida familiar conforme a los pensamientos de Dios.

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El yugo desigual

“El amor de Cristo –dice el apóstol– nos constriñe” (2 Corintios 5:14). Este es el motivo más poderoso de todos. Cuanto más lleno esté el corazón del amor de Cristo, y cuanto más fijemos nuestros ojos espirituales en su bendita Persona, más buscaremos seguir sus huellas celestiales. Ahora bien, entre los numerosos obstáculos que se oponen a esta plena consagración de corazón a Cristo que yo deseo ardientemente para mí y para mis lectores, el yugo desigual, tal como lo veremos, ocupa uno de los primeros lugares.

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Mis cuentitos

Relatos para niños

Esta es una recopilación y adaptación de narraciones para niños. Tiene el propósito de ayudarles a conocer algo de Dios, el Padre y el Hijo. No tiene la pretensión de ser un manual de instrucción religiosa ni un compendio de moral cristiana. Tampoco sustituye el inmenso valor de la lectura de la Palabra de Dios ni la acción de quienes tienen la responsabilidad de guiar a los niños para que conozcan a Dios y al Señor Jesucristo.

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Siempre alegre - Vol. 2

Nueve cuentos para niños y jóvenes

–Mamá, para dentro de ocho días la escuela ha organizado una excursión. ¿Me permites que vaya yo también? –le gritó Víctor, de doce años, a su madre, antes de llegar a su hogar, una casita rodeada de vides. La madre vino a su encuentro, le acarició la cabeza llena de rulos y le contestó lentamente: –No sé, Víctor, ¿cuánto cuesta?

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Tú y tu casa

El cristiano en el hogar

Hay dos casas que ocupan un lugar muy prominente en las páginas inspiradas: La casa de Dios y la casa del siervo de Dios. Dios atribuye una gran importancia a su casa, y justamente porque es suya. Su verdad, su honor, su carácter y su gloria están comprometidos en el carácter de su casa. Por tal motivo, es su deseo que la expresión de lo que Él es se manifieste con total claridad en lo que le pertenece.

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A casa

Anita se había portado muy mal por lo que fue castigada; pero no quería reconocer que merecía el castigo y dijo: –Ustedes son malos padres. Quisiera irme de aquí y buscar otro papá y otra mamá. Su padre le contestó tranquilamente: –Está bien, Anita, si así piensas, búscate otros padres. Ponte tu abrigo y vete.

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Algunas palabras

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Antes burro que sacerdote

Don Juan estaba en la sala leyendo el periódico cuando, de repente, entró su hijo Federico de cuatro años de edad, llorando amargamente. –Federico ¿qué te pasa? –preguntó el padre muy sorprendido. –Papi, no quiero ser más el sacerdote.

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Como un martillo

Un misionero –es decir, un creyente que trabaja en lugares apartados para hablar de la obra del Señor Jesús– cumplía su tarea entre unos indígenas. A pesar de sus enseñanzas, no conseguía que ellos se reconocieran pecadores. Cierto día, mientras hablaba con algunos chicos de la tribu, les preguntó: –¿Ustedes creen que nunca hacen nada malo?

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Confianza

Hay muchas cosas que pueden hacernos sentir miedo; por ejemplo, quedarnos solos sin nadie que nos cuide, ir a un lugar que no conocemos; ¡y cuántas cosas más! Eso me recuerda la siguiente historia:

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¿Conoces el camino al cielo?

La lluvia era muy fuerte. En la ciudad todo parecía triste. Los autos iban despacio para no patinar. Las personas caminaban ligero, pues querían llegar pronto a sus casas. Un hombre cruzaba la calle a grandes pasos. De repente sintió que alguien le tiraba de la manga. Se dio vuelta y vio que dos ojos grandes y serios lo miraban fijamente.

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Cuidados incomprendidos

Al subir a un vagón de ferrocarril, uno de nuestros amigos halló a todos los pasajeros muy nerviosos. Un hombre llevaba en sus rodillas a una hermosa nena de unos dos años de edad. La pequeña tenía sueño y lloraba, pues apenas se adormecía, el padre la sacudía fuertemente y la obligaba a mantenerse despierta.

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Dar gracias

Pedro, un niño de ocho años de edad, había ido a visitar a su tío, un creyente que siempre daba gracias a Dios antes de comer y acostumbraba leer la Biblia y arrodillarse con su familia para orar antes de acostarse. Todo esto le causó gran impresión a Pedro, quien se preguntó por qué su padre no hacía lo mismo. Cuando volvió a casa, durante el desayuno dijo:

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“Debe” y “haber”

Cierto día, una madre recibió de su hijo de nueve años de edad esta cuenta: «Mamá debe a Santiago: Por haber lavado los platos: 15 $ Por haberme portado bien en clase: 20 $ Por haber barrido la cocina: 10 $ Por haber paseado a mi hermanito: 15 $ Total: 60 $»  

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Dios nos cuida

En el este de una bahía bastante grande, muy junto a la costa del mar Báltico, se encontraba una pequeña finca. Las ventanas de la casa miraban hacia el sur y el oeste, todas con vista sobre el mar.

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¿Dónde está Dios?

Los chicos salen de la escuela dominical. Acaban de aprender que Dios es «omnipresente», es decir, que está en todas partes. En la calle se encuentra un hombre a quien el alegre grupo llama la atención. –¿De dónde vienen ustedes? –pregunta a uno de los chicos. –De la escuela dominical. –¡Ajá…! –dice el forastero–, entonces, te voy a hacer una pregunta.

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Dos de menos

–¡Miren aquí! –dijo Ana al entrar barriendo, y cerró la puerta con fuerza tras ella. Miren, el abuelo me dio veinticinco peniques. Sí, veinticinco peniques porque saqué el polvo de su habitación y ordené todo. ¿No es magnífico? Excitada, saltó a través de la pieza y con ojos brillantes miró a sus hermanas Elena y Maya, quienes leían sentadas junto a la ventana.

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El castigo

Un rey, quien quería el bien para su pueblo, deseaba que todos fueran felices y le sirvieran con gusto. Se entristecía al ver que muchos de sus súbditos eran esclavos del opio. Cuando alguien usa esta droga, es muy difícil que ella lo deje en libertad. Esta sustancia va dañando la salud y lleva a sus esclavos a hacer cosas malas con tal de conseguirla. Es peor que tomar bebidas alcohólicas.

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El espejo

El padre de Ricardo le había prometido llevarlo al jardín zoológico. Cuando llegó el día señalado, su madre lo bañó bien y le puso la mejor ropa que tenía, la de pasear. Mientras esperaba a su papá, Ricardo se entretuvo jugando en el jardín. Claro, como te podrás imaginar, al rato estaba bastante sucio. Cuando su papá llegó y lo vio, le pidió que se bañara de nuevo y cambiara su ropa.

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El gigante vencido

En una región de los Estados Unidos hay bosques de árboles enormes, tan altos y fuertes como gigantes. Los vientos más poderosos no consiguen voltearlos. Sin embargo, algunos yacen caídos en el suelo. ¿Qué pudo haberlos derribado?

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El gran paraguas negro

Un año en que los campos de Inglaterra sufrían una larga sequía, algunos campesinos cristianos decidieron reunirse con el fin de orar especialmente para que el Señor enviara la lluvia tan necesaria. El día fijado cada uno se dirigió al lugar de reunión. La pequeña María llegó llevando un paraguas negro casi tan grande como ella.

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El hijo del capitán

Al capitán de un barco de carga se le había permitido llevar consigo a su hijo para que fuera conociendo el mar. Durante algunos días hubo buen tiempo; pero después se desató una tormenta. El barco era fuertemente sacudido y el ruido de las olas era tan estridente que no dejaba oír nada más.

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El hogar para Dios

Comenzamos nuestra meditación sobre el hogar cristiano recordando su institución por Dios mismo y vimos que el verdadero hogar cristiano es aquel en el que al Señor se le da su justo lugar, y donde las relaciones establecidas por él son mantenidas de acuerdo con su pensamiento y propósito, a fin de glorificarle.

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El matrimonio, la base del hogar

Ahora que hemos visto el lugar vital, ordenado por Dios, que el hogar ocupa en el sistema social, nos detendremos un poco en detalle en la honorable y santa institución del matrimonio, el cual fue dado por Dios como la base misma del hogar.

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