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Doce temas importantes

de las Sagradas Escrituras

La noción de un Dios supremo, Creador de todas las cosas, es admitida de buen grado aun entre los pueblos no cristianos. Si este Dios supremo no se hubiera ocupado de su criatura después de haberla formado, habría permanecido en esferas alejadas sin ninguna relación con el hombre formado a su imagen y semejanza. Pero Dios se reveló.

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El perdón de los pecados

Oh, qué bendición poder repetir con el salmista: “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado”, y: “Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado” (Salmo 32:1, 5-6). Verdaderamente esto es bendición, y fuera de ella no existe ninguna.

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La autoridad de las Escrituras

La Escritura es la Palabra de Dios, y ella juzga al hombre a fondo. Pone al desnudo las profundas raíces de su naturaleza, descubre los mismos cimientos de su ser moral. Es el único espejo fiel en el cual puede verse perfectamente reflejado. Esta es la razón por la cual al hombre no le gusta la Escritura; no puede soportar la Palabra; intenta ponerla a un lado; le encanta buscar defectos en ella; se atreve a juzgarla.

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La gran comisión

Cuando Dios, desde lo alto del Sinaí, proclamó las duras exigencias del pacto de obras, se dirigió exclusivamente a un solo pueblo y en un solo idioma; su voz fue oída solamente dentro de los estrechos límites del pueblo judío (Éxodo 20). Pero cuando Cristo resucitado envió sus mensajeros de salvación, les dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15; compárese Lucas 3:6).

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La venida del Señor

«Creemos que se ha oído el grito de medianoche: “¡Aquí viene el Esposo; salid a recibirle!” (Mateo 25:6). Reconocemos el resultado de aquel grito por la gran atención que, desde los años 1830 aproximadamente, se le ha dado a la gloriosa verdad de la venida del Señor. Durante siglos, no se oyó nada sobre el retorno del Esposo. “Mi señor tarda en venir” (Mateo 24:48), fue lo que claramente expresó la Iglesia profesante. La cristiandad estaba dormida. Pero, por la gracia de Dios, se oyó el grito –ese grito que conmueve el alma–: “¡Aquí viene el Esposo; salid a recibirle!”. ¿Estamos preparados? ¿Tenemos el aceite en nuestras vasijas –la verdadera gracia del Espíritu de Dios en nuestros corazones–? ¡Solemne pregunta!

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La venida del Señor

Hoy más que nunca el Señor Jesucristo está a punto de volver, su regreso es inminente. Muchas personas están preocupadas, persuadidas de que algo grave debe acontecer pronto. Pero los burladores y escarnecedores de los últimos tiempos repiten: “¿Dónde está la promesa de su advenimiento (venida)? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación” (2 Pedro 3:4). Y el siervo malo dice: “Mi Señor tarda en venir” (Mateo 24:48); sin embargo, cierto es que “el que ha de venir vendrá, y no tardará” (Hebreos 10:37). “Por tanto… vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis” (Mateo 24:44). Estamos seguros de que existe, entre los que son del Señor, una creciente convicción –basada en la Palabra de Dios– de que Cristo volverá pronto para arrebatar a su querida Esposa, es decir, para llevarse a todas las personas redimidas por su preciosa sangre e introducirlas en la “casa del Padre”, donde hay muchas moradas.

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Lecciones del Antiguo Testamento

"Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza" (Romanos 15:4). Estas breves palabras confieren al cristiano, de manera clara e inequívoca, un título que lo habilita a recorrer el vasto y magnífico campo de las Escrituras del Antiguo Testamento y a recoger de allí instrucción y consuelo según la medida de su capacidad y el carácter o la profundidad de su necesidad espiritual.

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Temas de doctrina cristiana I

Primera parte

Las doctrinas más interesantes, así como el conocimiento más profundo de las Escrituras, pueden dejar el corazón frío y estéril. Es a Cristo a quien debemos buscar y hallar en la Palabra; y, cuando lo hallamos, debemos alimentarnos de él por la fe. Esto nos dará la frescura, la unción y el poder de vida que tanto necesitamos en estos días de frío formalismo. ¿Qué valor tiene una ortodoxia fría sin un Cristo vivo, conocido en todo su poder y en toda la excelencia de su Persona? La sana doctrina es, sin duda, de inmensa importancia; y todo fiel siervo de Cristo se sentirá imperiosamente llamado a retener “la forma de las sanas palabras” (2 Timoteo 1:13). Pero, después de todo, un Cristo vivo es el alma y la vida, la esencia y la sustancia de la sana doctrina.

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Temas de doctrina cristiana II

Segunda parte

Las doctrinas más interesantes, así como el conocimiento más profundo de las Escrituras, pueden dejar el corazón frío y estéril. Es a Cristo a quien debemos buscar y hallar en la Palabra; y, cuando lo hallamos, debemos alimentarnos de él por la fe. Esto nos dará la frescura, la unción y el poder de vida que tanto necesitamos en estos días de frío formalismo. ¿Qué valor tiene una ortodoxia fría sin un Cristo vivo, conocido en todo su poder y en toda la excelencia de su Persona? La sana doctrina es, sin duda, de inmensa importancia; y todo fiel siervo de Cristo se sentirá imperiosamente llamado a retener “la forma de las sanas palabras” (2 Timoteo 1:13). Pero, después de todo, un Cristo vivo es el alma y la vida, la esencia y la sustancia de la sana doctrina.

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Orientación cristiana

Cristo viene otra vez

Cuando volvió al cielo, después de su resurrección, el Señor dejó sin cumplir dos clases de bendiciones, a saber: las que se relacionan con la Iglesia, y las que se vinculan con el pueblo de Israel. Son enteramente distintas las unas de las otras.

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Vida Cristiana

¿Cuál será la suerte de los santos del Antiguo testamento?

Creemos que la Escritura enseña claramente que los creyentes del Antiguo Testamento compartirán la gloria celestial con la Iglesia, aun cuando no formen parte de esta. Hebreos 11:40 es un texto muy diáfano y concluyente en cuanto a este punto: “Proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros”.

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Vida Cristiana

¿Es lícito orar para recibir el Espíritu santo?

No cabe la menor duda que muchos cristianos oran por aquello que ya poseen, sin reparar en ello. La Palabra de Dios nos enseña en numerosos pasajes que todos los creyentes poseen actualmente el Espíritu Santo (Juan 16:14-15; Romanos 5:5; 8:15; 1 Corintios 2:13); y no es muy inteligente orar por lo que ya se tiene.

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Orientación cristiana

Lino torcido

El “lino torcido”, figura de la humanidad pura y sin mácula de Cristo, abre a la inteligencia espiritual un manantial precioso y abundante de meditación. La verdad tocante a la humanidad de Cristo debe ser recibida con toda la exactitud de la enseñanza de las Escrituras.

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Vida Cristiana

Los perfumes del santuario

En el verdadero culto conviene ofrecer a Dios –con un fuego puro– un incienso limpio y santo, es decir, presentarle, por el Espíritu, la excelencia de la persona de Cristo. Al final del capítulo 30 del Éxodo, que trata del altar de oro y de la fuente de bronce, se mencionan el aceite de la santa unión y el incienso aromático (v. 22-38).

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Vida Cristiana

¿Podemos orar al Espíritu Santo, esto es, dirigirnos a Él en nuestros ruegos y súplicas?

Todos los verdaderos cristianos reconocemos la divinidad del Espíritu Santo, es decir, que él es una de las tres Personas divinas y no una mera influencia.

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Orientación cristiana

¿Por favor, explíqueme la diferencia entre las obras y la fe?

Es muy instructivo comparar la enseñanza respecto a las obras en las epístolas de Pablo y de Santiago, tanto el uno como el otro divinamente inspirados. Pablo desecha completamente las obras de la ley; Santiago insiste con celo sobre las obras de la fe. Cuando este hecho se ha comprendido bien, toda la dificultad desaparece y vemos brillar la divina perfección de las Sagradas Escrituras.

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Conocer al hombre

¿Basta con mirarse al espejo para conocerse? ¿Basta con frecuentar a una persona para saber cómo es? Ni las cualidades naturales ni los defectos se disciernen fácilmente, cuánto menos el alma humana en sus profundos recovecos, que solo ciertas circunstancias pueden sacar a la luz.

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Cristo volverá – y cómo estar preparado para encontrarle

En la Biblia hallamos dos maneras de estar listos para aquel momento:

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Cristo volverá – y es el único que puede hacerlo

Muchos de los que saben algo acerca de la «doctrina» de la segunda venida de Cristo parecen tener la mente llena de señales y acontecimientos que creen ya cumplidos, que están verificándose o que se realizarán pronto. Es porque dichas personas se interesan por los «sucesos» en vez de hacerlo por la Persona misma que está viniendo.

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Cristo volverá – y para qué lo hará

Es importante entender que, por cuanto su propia nación rechazó y crucificó al Mesías, Dios reveló al apóstol Pablo lo que la Escritura llama el “misterio”, “oculto desde tiempos eternos” (Romanos 16:25) y “escondido desde los siglos en Dios” (Efesios 3:9).

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Cristo volverá – y ¿por qué?

Tiempo hubo en que la venida del Mesías como “Varón de dolores” era todavía una profecía sin cumplir. Tras aquella predicción, las generaciones se sucedieron unas a otras; se levantaron imperios y fueron derribados; el reino de Israel (las diez tribus) y más tarde el de Judá fueron destruidos mientras sus habitantes eran dispersados o llevados en cautiverio.

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Dios

La revelación que Dios da de sí mismo es progresiva y corresponde a la naturaleza de las relaciones establecidas con su criatura.

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El mundo

La expresión «el mundo» tiene varios sentidos, por lo cual es necesario considerarla en su contexto para no malinterpretar lo que Dios quiere decir a este respecto.

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El pueblo de Israel

Aunque el pensamiento de Dios fue revelarse a toda criatura, escogió un pueblo para que recibiera esta revelación. Y lo escogió según Su propia soberanía, no debido a una calificación particular. Su historia demuestra claramente que el privilegio de ser depositario de los oráculos de Dios no requiere, de entrada, un carácter de nobleza moral.

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