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El amor vencedor

Sólo nos falta contar lo que para Mimosa resultó una gran felicidad después de tantos sufrimientos. Cierto domingo por la tarde, cuando el sol doraba el cielo con sus últimos rayos, fuimos a la orilla del Lago Rojo, al pie de las montañas, acompañadas por mucha gente del lugar.

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El campamento

Cabe temer cierta confusión en la manera de considerar lo que la Escritura nos dice acerca del campamento de Israel. La historia de este pueblo ofrece tantas analogías como contrastes con nuestra propia posición, tal como lo muestra, en particular, la epístola a los Hebreos, y nosotros debemos tomar en cuenta tanto las unas como los otros.

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El Espíritu Santo en el creyente

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El favor de Dios

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El filo de la espada

Lentamente pasaron los meses. Mimosa tuvo que volver al trabajo; de otro modo, se hubiera acabado el alimento para la familia. Su esposo, tendido todo el día en la estera, era una boca más para alimentar. Se podía confiar en Kinglet, quien lo cuidaba y también se ocupaba de Mayil y Music mientras la madre estaba ausente.

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El hombre

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El insulto cruel, el oprobio sangriento del cual te colmó el mundo

Los versículos 16 al 21 nos hacen discernir la delicadeza inigualable del Señor y los sufrimientos que padeció a este respecto. Exteriormente él era un hombre como los otros, pero, entre otras diferencias, tenía en sí mismo una nobleza y una distinción moral infinitas. Ellas se ven aquí pisoteadas por los hombres, esos perros desencadenados contra él.

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El látigo

–¿Qué pasa con esta criatura? ¿Qué tiene? Quien hablaba así era la madre de Mimosa; estaba muy enfadada. Y cuando esa mujer estaba enojada, usaba el látigo sin titubear. –¡Mírenla! ¡No hay ni rastro de ceniza sagrada en su frente! –¿Qué dirán los vecinos? –dijo la tía. –¡Ven acá, ingrata! ¡Apresúrate!

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El paso del dios

Ahora los misioneros tenían además otro amigo: el profesor. Era un anciano muy instruido. En la ciudad lo llamaban «el hombre de letras». Cada uno respetaba su sensatez y su saber. Charles Studd hubiera querido verlo con más frecuencia. Pero el anciano debía ser prudente. ¿Quién sabe qué podría suceder si un día toda la multitud se levantaba contra ellos?

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El que trae desgracias

Le esperaba un nuevo dolor. Su quinto hijo también fue un varón. Los vecinos vinieron a verla; zumbaban a su alrededor como abejas. La compadecían o la censuraban, según sus antojos. Pero todos sacudían sus cabezas y volvían las palmas de sus manos al cielo profetizando cosas terribles.

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El que trae suerte

Los hijos de Mimosa eran niños simpáticos y se hacían querer. El mayor era un hombrecito que sabía arreglárselas solo. Era muy recto por naturaleza. El pequeño Music era muy inteligente y atractivo. Luego nació el cuarto. El cuarto hijo, si es varón, según se dice trae buena suerte a la familia. Si además el quinto es una niña, los dos son considerados como buen presagio.

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El regreso de Mimosa

Cierto día recibimos una carta de Mimosa en la que nos decía: «Les ruego que me vengan a buscar, puedo ir». ¿Cómo era posible? ¿Qué había sucedido?

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El regreso de Sinn-Hap

Por el camino que conducía a la casa de Jade Preciosa, un joven caminaba lentamente, cabizbajo, agobiado por las preocupaciones. Era Sinn-Hap que volvía a casa de sus padres. Su honorable madre le había contado en una carta lo que había sucedido. Una vez más, su miserable mujer lo había decepcionado dándole una hija. Pero esa no era su más amarga preocupación. Sinn-Hap se había empobrecido.

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El remedio mágico

En aquella época, Mimosa y su esposo eran muy pobres. Por lo tanto, cuando él estuvo bastante bien como para hacer un trabajo ligero, ella le suplicó que aceptara lo que le ofrecían, pues ella se sentía sumamente cansada. El marido ya veía lo suficiente para realizar aquella tarea. Debía acompañar a un pariente que iba a uno de esos lugares santos al sur del país.

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El torito gris

Un día, mientras Mimosa me contaba sus experiencias y su vida pasada, de repente expresó: «Entonces el torito gris se fue al cielo». Sabía algo de ese lugar, de sus puertas de perlas, sus muros, sus calles de oro puro, su río y árbol de vida. Este cuadro de hermosura y de gloria había llamado la atención de esta joven.

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En casa de sus amigos

Con nuevas fuerzas, Mimosa empezó a trabajar para reconstituir su pequeña fortuna. En la India, cuando alguien está enfermo, los familiares acuden, se quedan uno o dos días y se van; si la enfermedad se prolonga, volverán otra vez. Vienen para inquirir sobre lo oído, simpatizar y aconsejar a la familia. No obrar así, sería como si no amaran a los suyos.

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Encuentros y despedidas

Cuando se acercaban a su hogar, se sobresaltaron al ver a Sinn-Tek surgir repentinamente de un seto y precipitarse hacia ellas: –¡Honorable madre, hermana mayor! ¡Oh, es terrible! El honorable padre está furioso. Cerró la puerta para que ustedes no entren.

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¿Es Mimosa?

Yo estaba en un apartado rincón de la misión, cuando un niño llegó corriendo para anunciarme la llegada de Mimosa. Mientras atravesaba apresurada el patio recordaba del pasado una jovencita, delgada, con su traje anaranjado y carmesí, con lindos anillos de plata en los brazos.

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¿Esto no acarrea desorden?

Dios no es Dios de confusión, sino de paz (1 Corintios 14:33). Los creyentes que son conscientes de su debilidad y se ponen bajo la dirección del Espíritu Santo experimentan cuán fiel es el Señor a su promesa: “Allí estoy yo en medio de ellos”.

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¡Gloria a tu nombre, Señor Jesús, serás honrado por todos y para siempre!

Los sufrimientos de Cristo tendrán un efecto de bendición para toda la tierra durante el período milenario. De ahí que toda la tierra tendrá, en ese momento, el corazón vuelto hacia el recuerdo de la cruz del Señor.

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He aprendido a conocerlo mediante el sufrimiento

Pasaron algunos meses. El primo de Mimosa seguía demostrándole su bondad, pero la gente del pueblo la miraba con malos ojos; ya le resultaba casi imposible mantener a sus hijos alejados de las influencias externas. Empezaban a comprender muchas cosas y hacer preguntas; se daban cuenta de que su hogar estaba dividido.

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Introducción

Este relato verídico es la historia siempre nueva de un alma que se dejó ganar por el infinito amor del Salvador. Para comprenderla mejor, hemos pensado que sería bueno explicar un poco lo que son las «castas».

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Introducción

El Señor Jesucristo, el Hijo del Dios vivo, da a todos los suyos esta maravillosa promesa en Mateo 18:20: Donde están dos o tres congregados en mi nombre (o hacia mi nombre), allí estoy yo en medio de ellos.

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La botella vacía

Sus sufrimientos no habían llegado a su fin. Los niños tuvieron después una enfermedad de la piel; el pobre bebé, cubierto de llagas rojas, se quejaba día y noche. Mimosa quiso suavizar su dolor con aceite, pero la botella estaba vacía y no había dinero para comprarlo.

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