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El yugo desigual
“El amor de Cristo –dice el apóstol– nos constriñe” (2 Corintios 5:14). Este es el motivo más poderoso de todos. Cuanto más lleno esté el corazón del amor de Cristo, y cuanto más fijemos nuestros ojos espirituales en su bendita Persona, más buscaremos seguir sus huellas celestiales. Ahora bien, entre los numerosos obstáculos que se oponen a esta plena consagración de corazón a Cristo que yo deseo ardientemente para mí y para mis lectores, el yugo desigual, tal como lo veremos, ocupa uno de los primeros lugares.
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Jade preciosa
La pequeña china
Jade Preciosa era una hermosa jovencita china. Su pequeña figura reflejaba el color delicado del marfil. Sus ojos oblicuos parecían bayas negras, y sus cabellos lisos, igualmente negros, brillaban, porque habían sido cuidadosamente peinados con aceite. Llevaba vestidos limpios, aunque remendados, como los de los otros cuatro niños que la acompañaban. Ella misma los había lavado y remendado. Su madre estaba muy feliz de poder contar con la ayuda de una hija tan juiciosa.
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The Mackintosh Treasury
La venida del Señor
«Creemos que se ha oído el grito de medianoche: “¡Aquí viene el Esposo; salid a recibirle!” (Mateo 25:6). Reconocemos el resultado de aquel grito por la gran atención que, desde los años 1830 aproximadamente, se le ha dado a la gloriosa verdad de la venida del Señor. Durante siglos, no se oyó nada sobre el retorno del Esposo. “Mi señor tarda en venir” (Mateo 24:48), fue lo que claramente expresó la Iglesia profesante. La cristiandad estaba dormida. Pero, por la gracia de Dios, se oyó el grito –ese grito que conmueve el alma–: “¡Aquí viene el Esposo; salid a recibirle!”. ¿Estamos preparados? ¿Tenemos el aceite en nuestras vasijas –la verdadera gracia del Espíritu de Dios en nuestros corazones–? ¡Solemne pregunta!
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¿Quién es mi prójimo?
Eran pasadas las tres y media cuando Daniel bajó corriendo por la escalera de su casa. Mejor dicho, no resistió la tentación de deslizarse por la barandilla; así que llegó en un instante. En el portal le esperaba Felipe, con un libro debajo del brazo. Tras un breve saludo, echaron a andar a buen paso.
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Tú y tu casa
El cristiano en el hogar
Hay dos casas que ocupan un lugar muy prominente en las páginas inspiradas: La casa de Dios y la casa del siervo de Dios. Dios atribuye una gran importancia a su casa, y justamente porque es suya. Su verdad, su honor, su carácter y su gloria están comprometidos en el carácter de su casa. Por tal motivo, es su deseo que la expresión de lo que Él es se manifieste con total claridad en lo que le pertenece.
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Un visitante muy especial
Guillermo llegó a casa muy sobresaltado. Era un domingo, cerca del mediodía. –¡Mamá!, ¡mamá! –gritó el niño mientras entraba con gran estrépito en la cocina. –¡Mamá!, ¿llamaron a la puerta esta mañana? –¿Qué quieres decir, hijo mío? –preguntó la señora Peña, que estaba ocupada preparando el almuerzo. –Quería saber si alguien llamó hoy a la puerta.
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Vida Cristiana
¿Cabe deducir de Hebreos 9:28 que algunos santos no serán arrebatados cuando el Señor venga?
Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan(Hebreos 9:28)
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Mensaje para todos
Cosas útiles para los jóvenes cristianos
1. Estar seguros de su salvaciónSu única base es la Palabra de Dios; por ello es conveniente memorizar versículos que le refuercen su salvación, por ejemplo: Juan 1:12; 3:16; 5:24. Esto lo librará de las dudas. El diablo tuvo que huir cuando el Señor Jesucristo le dijo: “Escrito está” (Lucas 4:12).2. Confesar al Señor
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Mensaje para todos
Instruye al niño
Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.Proverbios 22:6
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Vida Cristiana
“Instruye al niño…”
Es, por cierto, tarea bastante difícil para los padres criar y educar a sus hijos; pero, como en todo, en nuestra insuficiencia podemos contar con la inmensa gracia de nuestro Dios y, además, encontrar en su Palabra todas las instrucciones que necesitamos para ello.Quisiera destacar, en estas líneas, las preciosas enseñanzas que hallamos en los primeros capítulos de 1 Samuel:
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Capítulo 1
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo. (Apocalipsis 3:20) Guillermo llegó a casa muy sobresaltado. Era un domingo, cerca del mediodía. –¡Mamá!, ¡mamá! –gritó el niño mientras entraba con gran estrépito en la cocina. –¡Mamá!, ¿llamaron a la puerta esta mañana?
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Capítulo 1
Eran pasadas las tres y media cuando Daniel bajó corriendo por la escalera de su casa. Mejor dicho, no resistió la tentación de deslizarse por la barandilla; así que llegó en un instante. En el portal le esperaba Felipe, con un libro debajo del brazo. Tras un breve saludo, echaron a andar a buen paso.
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Capítulo 2
–Hoy Guillermo escuchó una predicación muy extraña –comentó la señora Peña. –¿De qué se trata? –preguntó amablemente el padre, a quien le parecía que un paseo por la mañana le hacía mucho mejor que ir a escuchar un discurso durante una hora–. Hijo, ¿puedes repetirme el texto?
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Capítulo 2
Después de despedirse de Ana y de Antonia, que eran amigas suyas, Elena e Isabel volvieron a su casa por el acostumbrado camino. Al doblar la esquina de la calle Esparteros, se encontraron con una niña bastante asustada, quien las miraba con sus ojos tristes.
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Capítulo 3
Cuando la profesora le entregó el papel, Guillermo le preguntó: –Profesora, ¿ya llamó a su puerta? En el rostro de la profesora se dibujó una expresión de alegría y respondió emocionada:
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Capítulo 3
Cuando llegó a casa, Elena tuvo la grata sorpresa de encontrar a su abuelo Pedro. Este vivía a unas tres horas de viaje en tren y había venido a pasar unos días con su hija, la señora de Robles, quien era viuda. Elena lo abrazó cariñosamente. Después de saludarse, la madre preguntó a Elena dónde se había quedado Isabel.
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Capítulo 4
Esa mañana la señora Peña estaba visiblemente disgustada. Pensando seriamente en lo que había sucedido el día anterior y durante esa noche, no podía negar que había cometido una grave falta al oponerse a su hijo, que había buscado la simpatía y el apoyo de ella, tratando de hallar respuestas a una necesidad que sentía profundamente en su joven corazón.
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Capítulo 4
Al día siguiente, llovió durante toda la mañana y parte de la tarde. Entre dos chaparrones, los chicos se divertían saltando los charcos de agua o tirando piedras en el barro. Otros arrancaban hojas de sus cuadernos, hacían barcos de papel y hasta organizaban grandes batallas navales. Las chicas se quedaron debajo del cobertizo, saltando a la comba o platicando en grupos de tres o cuatro.
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Capítulo 5
Al anochecer, al volver a su casa, se quedó muy sorprendido cuando vio sobre la mesita ubicada junto a la ventana, un libro que reconoció inmediatamente por su cubierta negra. –¡Oh! –exclamó–. ¡Pero si es la Biblia de mi padre! ¡Deben de haber pasado más de diez años desde la última vez que la vi!
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Capítulo 5
–¡Isabel, mira lo que te he comprado! La niña acudió presurosa y recibió agradecida el regalo de su madre. Era un Nuevo Testamento pequeño con Salmos, encuadernado en piel negra, de canto dorado. –¿Te gusta? –¡Oh, muchísimo! ¡Hace tiempo que deseaba tener uno así! ¡Muchas gracias!
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Capítulo 6
Pasaron algunas semanas y, lejos de mejorar, el estado del enfermo empeoraba cada día. Un domingo, antes de empezar la clase de la señorita Vázquez, Laura entró toda llorosa. –Chica, ¿qué te pasa? –le preguntaron varios niños, rodeándola con interés y cariño.
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Capítulo 7
Aquella semana trajo gratas sorpresas para Juan Villanueva. Primero, recibió una carta de la casa de reposo, situada en la Sierra de Valdelaguna, anunciándole que, debido a las diligencias del doctor López, le otorgaban una estancia gratuita durante un mes.
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Charles Studd (1860-1931)
Charles Studd nació en Spratton, Inglaterra en el año 1860. Estudió en el colegio de Eton. Durante ese período se consagró enteramente al críquet y tuvo mucho éxito. Admitido en el equipo nacional, participó en competencias internacionales.
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Días sombríos
Días sombríos vendrían para los habitantes de la casa encantada. Sin embargo, en sus corazones todo era luz.
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