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Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo
La Biblia nos enseña muchas preciosas verdades relativas a Dios, su naturaleza, sus perfecciones y su ser. Pero eso no es todo lo que nos revela de él. Hay en Dios un misterio que no podemos sondear, porque escapa a la inteligencia humana más elevada.
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El faro sobre la roca
Nací en un faro durante una noche particularmente tempestuosa. Gigantescas olas venían a estrellarse ruidosamente contra nuestra morada. De no haber sido firmemente asentado sobre la roca, el faro y cuanto contenía hubiera sido barrido en el océano.
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Orientación cristiana
El capote del apóstol Pablo (1)
Trae, cuando vengas, el capote que dejé en Troas en casa de Carpo, y los libros, mayormente los pergaminos(2 Timoteo 4:13).
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Orientación cristiana
El capote del apóstol Pablo (2)
Confianza
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Orientación cristiana
El capote del apóstol Pablo (3)
Pérdidas
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Vida Cristiana
Sumisión y amor
Al abrir las Sagradas Escrituras, vemos que el propósito de Dios para con el hombre era que éste tuviese una “ayuda idónea (es decir, “capaz” o “apta”) para él”, porque no era “bueno” que estuviera solo (Génesis 2).
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Dios el Espíritu Santo
Consideremos ahora la tercera Persona de la Trinidad. Con esta sola palabra (la Trinidad) se designa el misterio insondable de la existencia de tres Personas en la unidad de un solo Dios.
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Dios el Hijo
La Palabra de Dios establece, de manera clara y positiva, la divinidad del Hijo y la del Espíritu Santo.
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Dios el Padre
Él es el Padre en el sentido más elevado y excelente, como Padre de nuestro adorable Salvador, el Señor Jesucristo, su Hijo unigénito desde la eternidad (Juan 1:14, 18), el Hijo de su amor (Colosenses 1:13) y su Hijo amado como hombre en la tierra. A Jesús, sobre todo en el evangelio según Juan, le agrada presentar a Dios como el Padre, como su Padre.
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Introducción
La Biblia nos enseña muchas preciosas verdades relativas a Dios, su naturaleza, sus perfecciones y su ser. Pero eso no es todo lo que nos revela de él. Hay en Dios un misterio que no podemos sondear, porque escapa a la inteligencia humana más elevada.
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La pequeña Lily
Nunca había visto una niña más bonita. Su cabello era color castaño tirando a claro, sus mejillas sonrosadas y regordetas, y tenía unos hermosos ojos azules. Acabó de despertarse mientras la contemplábamos, y tras mirarnos a todos con extrañeza, rompió o llorar, gritando desesperadamente: –¡Mamá! ¡Mamá! De modo que aquella infeliz mujer no era su madre.
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La pregunta del anciano
El lunes por la mañana, como hacía buen tiempo, Lily me acompañó para presenciar la llegada del vapor. Llevaba en sus brazos una muñeca de trapo con pelos de rubia estopa que la «tía María» le había regalado y de la que estaba muy orgullosa.
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Mi extraña morada
Nací en un faro durante una noche particularmente tempestuosa. Gigantescas olas venían a estrellarse ruidosamente contra nuestra morada. De no haber sido firmemente asentado sobre la roca, el faro y cuanto contenía hubiera sido barrido en el océano.
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Nuestro rayo de sol
Abuelo David y Tom Peters estaban sentados cerca de la lumbre en la pequeña habitación que había arriba del faro, y yo estaba a su lado con la pequeña en mis piernas. Rebuscando en la casa, había encontrado un viejo libro lleno de grabados que la divertía mucho; debía ser del tiempo de Napoleón; Lily lo hojeaba haciendo de vez en cuando unas observaciones cómicas e ingenuas.
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Quien espera, desespera
María Peters salió con mi abuelo; para no dejar a Lily sola, yo no me atreví a seguirlos. Permanecí cerca de la ventana, acechando el ruido de sus pasos para ir a su encuentro cuando volviesen. Pero el reloj dio las diez y, muerto de impaciencia, no pude esperar más.
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Se va el rayo de sol
Aquel lunes por la mañana, el tiempo estaba tan frío y húmedo que no quisimos dejar salir a nuestra pequeña Lily. Me quedé con ella en casa, jugando a la pelota, mientras mi padre y mi abuelo, con sus gorras, impermeables y botas de goma, iban a esperar la llegada del «Carnavon 4», que llevaba algún retraso sobre su habitual horario.
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Sobre la roca
Unos quince días después de la llegada de mi padre, tuvimos la sorpresa de recibir otra visita del señor Benson. Venía a informarnos que su yerno había recibido una carta acerca de la chiquilla que habíamos recogido tras el naufragio del «Victory».
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Un cambio en el faro
La espera se nos hizo interminable; permanecíamos aturdidos y silenciosos sin saber qué hacer e imaginándonos a la pobre María enferma y presa de desesperación: ¿qué haría? ¿cómo recibiría aquella tremenda noticia? Por fin, vimos surgir la silueta del abuelo y fuimos a su encuentro. Tenía los ojos enrojecidos y nos dijo con voz ronca:
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Un nuevo vecino
El lunes por la mañana fuimos temprano, como de costumbre, a esperar el vapor del capitán Sayers. Me parece que tenía un nombre que empieza con una «C»… a ver, «Car…», ah sí, «Carnavon 4»; pero todos lo llamábamos «el vapor».
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Un salvamento
Efectivamente, lo que había visto era un bote salvavidas, pero vuelto al revés. Un momento más tarde, pasamos tan cerca de él que casi hubiera podido tocarlo con la mano. –Han perdido su esquife –gritó mi abuelo–. ¡Ánimo, Tom! ¡Hay que llegar hasta el barco!
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Una luz en alta mar
Ya estábamos en noviembre otra vez; los días se acortaban rápidamente. Allá por Cornualles, la noche cae muy pronto en invierno; a las cinco de la tarde ya es noche cerrada, mayormente cuando hay tiempo lluvioso. A eso de las seis y media, estábamos cenando el abuelo y yo, según nuestra costumbre.
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Una niebla densa
Aún conservo entre mis tesoros la hoja de papel que me fue entregada aquel día. Solo contiene unos cuantos renglones de una poesía; desde entonces, estos quedaron grabados en mi mente:
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“Hay un solo Dios”
Por doquier en las Santas Escrituras es proclamada la unidad de Dios en contraste con la pluralidad de las divinidades paganas. «Hay un solo Dios» era la gran verdad escrita en la bandera de Israel. “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”, dijo el Espíritu Santo por medio de Moisés; Dios recuerda esas palabras en Deuteronomio 6:4 (repetidas por Jesús mismo en Marcos 12:29).
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Tres Personas divinas en la Deidad
Estas tres Personas divinas aparecen al ser bautizado el Señor Jesús. El Hijo, hecho hombre, acude al bautismo que administra Juan y le dice: “Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia”.
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