Capítulo 3
Una triste alianza
Joram, hermano de Ocozías, es hecho rey de Israel. Aunque también hace lo malo ante los ojos de Jehová, se destaca una mejoría en comparación con la conducta de su padre y la de su madre. Renuncia oficialmente al culto de Baal.
El primer versículo de nuestro libro ya había mencionado la rebelión de Moab. Para Joram es la ocasión de hacer la guerra a ese pueblo, apoyándose en sus más cercanos aliados: el rey de Judá y el de Edom. Desgraciadamente Josafat no aprendió la seria lección de Ramot de Galaad. A la proposición de Joram, da exactamente la misma respuesta que otrora a Acab (v. 7; 1 Reyes 22:4).
La expedición está a punto de ser un desastre. Joram acusa a Jehová por ello, mientras que él mismo es responsable de todo el emprendimiento. Muchas personas son así. Acusan a Dios por sus desdichas en lugar de arrepentirse. Proverbios 19:3 confirma que “la insensatez del hombre tuerce su camino, y luego contra Jehová se irrita su corazón”. Delante de los tres reyes tristemente asociados, Eliseo se siente incómodo. ¿No se trata de ese “yugo desigual con los incrédulos”, ante el cual se pone seriamente en guardia a los creyentes? (2 Corintios 6:14).
Liberación frente a circunstancias desesperadas
De parte de Jehová, Eliseo da a conocer el medio para no caer en manos de los moabitas. Y como siempre, este medio es la fe. Antes de recibir lo que sea, es necesario empezar a cavar pozos. Cuánto más pozos se caven, más agua se tendrá. Notemos que el agua llega
Por la mañana, cuando se ofrece el sacrificio
(v. 20).
¿No era en Jerusalén, muy lejos de esta región, donde se ofrecía el sacrificio? Sin embargo, a causa de ese sacrificio, las aguas corrieron. Comprendamos lo que esto significa: todas nuestras bendiciones emanan de la obra del Señor en la cruz.
Pero las aguas que representaban la salvación de los ejércitos de Israel, causaron la destrucción de los moabitas. Igualmente la muerte de Jesús, salvación para los creyentes, al mismo tiempo es la condenación del mundo (Juan 16:8).
Engañados por las apariencias, los moabitas son atacados y su país es devastado. Pero, lo que hace su rey –el horrible sacrificio de su primogénito– produce consternación en el campamento de los vencedores. Y finalmente, los ejércitos se separan sin que les quede algún beneficio real de esta lamentosa expedición. Tal será el resultado de lo que no emprendamos junto con Dios.
