2 Reyes
2 Reyes

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 19

Aprender a confiar en Dios

Ante el asalto de los ejércitos asirios, Ezequías tiene una extraña manera de conducir la guerra. En lugar de armadura se viste de cilicio. No establece su cuartel general sobre la muralla, sino en la casa de Jehová. Finalmente, en lugar de llamar a lo mejor de sus soldados, ¡se dirige a Isaías, el profeta! Así es; contra la altivez y la soberbia del rey de Asiria, ¿no es la correcta estrategia militar enseñada por el apóstol Pablo? “Las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas –escribe él en 2 Corintios 10:4-5– derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios”. Ezequías, cuyo nombre significa “poder de Jehová”, sabe dónde hallar socorro (Salmo 121:2). Y su confianza no es defraudada. “No temas”, le contesta Dios por medio del profeta. Son preciosas palabras que encontramos muy a menudo en la Biblia y, particularmente, en boca del Señor:

No temas, cree solamente
(Marcos 5:26).

Tiene “lengua de sabios para saber hablar palabras al cansado” (Isaías 50:4). El alma temerosa pero confiada del redimido que está todavía en la prueba, recibe mediante estas palabras la fuerza y el aliento necesario para aguardar la liberación.

Qué locura oponerse a Dios

El orgullo del rey de Asiria se había hinchado desmedidamente, porque hasta entonces nadie había podido resistirle. En los versículos 23 y 24 vemos que el “yo” es una constante. Pero este orgullo es tanto más espantoso que se mide con Dios mismo. La loca pretensión del hombre de

Ser igual a Dios
(Filipenses 2:6)

se discierne claramente en el mundo actual. Por medio de la ciencia, la técnica y los progresos, cuyos méritos se atribuye, el mundo se encamina rápidamente hacia el momento en que se adorará a sí mismo en un «superhombre», el Anticristo.

El asirio es igualmente un personaje de la profecía: en el tiempo venidero, una formidable potencia asiática invadirá Palestina y sitiará a Jerusalén. Pero solo será destruida cuando aparezca el Señor Jesús, representado aquí por el ángel de Jehová. En una sola noche el campamento asirio es asolado. Luego, a su vez, Senaquerib es asesinado por sus propios hijos en el templo de su dios Nisroc. El que había afirmado que Jehová no podría liberar a Ezequías, es herido en presencia de su ídolo, incapaz de protegerlo.

Así, Dios se ha glorificado liberando a su fiel siervo, y podemos estar seguros de que lo hará siempre.