2 Reyes
2 Reyes

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 2

Elías sube al cielo

En tanto que el arrebatamiento de Enoc se resume en dos versículos (Génesis 5:24; Hebreos 11:5), Dios nos permite (lo mismo que a Eliseo) asistir en detalle al de Elías. Este glorioso acontecimiento evoca para nosotros otros dos hechos: uno es pasado, el otro es futuro. La escena pasada es la de la ascensión del Señor al cielo. Como Elías, Jesús recorrió el camino de su pueblo Israel, cuyas etapas tenemos aquí en figura: Gilgal, Bet-el, Jericó y, finalmente, el Jordán. Del mismo modo que Eliseo rehusaba separarse de Elías, los discípulos se habían apegado al Señor Jesús. “¿A quién iremos?”, le dijo Pedro (Juan 6:68). También fueron testigos de su ascensión (Hechos 1:9). Después, conforme a la promesa que les fue hecha, el Espíritu Santo descendió sobre ellos con poder, lo que nos recuerda el espíritu de Elías viniendo a posarse sobre Eliseo después del arrebatamiento de su maestro.

Pero este capítulo también lleva nuestros pensamientos a una escena futura: el arrebatamiento de todos los redimidos

En las nubes para recibir al Señor en el aire
(1 Tesalonicenses 4:17).

Como Elías, estamos en camino, sabiendo lo que nos acontecerá. ¿Es una esperanza que regocija nuestro corazón?

Eliseo, profeta de gracia

Los «hijos» de los profetas eran discípulos de estos últimos; vivían juntos, eran enseñados en la Palabra y empleados por Jehová para Su servicio. Los de Jericó, como más tarde Tomás, no pueden creer en el misterioso suceso que acaba de producirse.

Eliseo representa, en Jericó, a Cristo, quien vino en gracia a este mundo marcado por la muerte y la esterilidad. Trajo la vida por el poder purificador de la gracia (la sal), contenida y manifestada en el nuevo hombre (la vasija nueva). Cada creyente es llamado a ser, en este mismo mundo,

Un vaso para honra, santificado, útil al dueño, y preparado para toda buena obra
(2 Timoteo 2:21, V. M.)

La espantosa escena que sigue (v. 23-24) nos recuerda los juicios que serán la parte de los burladores (Proverbios 19:29). Los muchachos de Bet-el ultrajan a Jehová mismo. Al decir: “¡Calvo, sube!”, colocan a Eliseo ante el desafío de ser quitado como Elías. En los postreros días –anuncia el apóstol Pedro– “vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento?” (2 Pedro 3:3-4).

¡Entonces, surge el oso! En la Biblia a menudo se lo asocia con el león: Satanás. ¡Cuán solemne es! Dios podrá permitir que los hijos que menosprecien la Palabra sean hechos presa del mundo y de su príncipe. Es para ellos una suerte peor que la muerte, ya que la salvación de su alma está en juego.