2 Reyes
2 Reyes

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 21

Manasés, el rey más malo

Después de David, Ezequías fue el más fiel de los reyes. Su hijo Manasés será el más detestable, “multiplicando así el hacer lo malo ante los ojos de Jehová” (v. 6). A todos sus crímenes se agrega la responsabilidad de ser el hijo del piadoso Ezequías, el que otrora había dicho:

El padre hará notoria tu verdad a los hijos
(Isaías 38:19).

Si tuviésemos solo este capítulo respecto a Manasés, con seguridad diríamos que dicho hombre está perdido por la eternidad. Pero el segundo libro de Crónicas (cap. 33:12-13), que nos relata el fin de su historia, nos enseña que la gracia de Dios tuvo la última palabra. ¿Quién habría pensado que semejante hombre pudiera arrepentirse, orar y ser escuchado? En verdad, los pensamientos de Dios no son los nuestros. Nuestra salvación no depende de la manera más o menos honrada en que nos hayamos conducido. Es el resultado de la incomparable gracia del Dios de amor. De todos modos, lo que hicimos antes de nuestra conversión debería parecernos abominable ante Dios. Pablo se llamaba a sí mismo el primero de los pecadores, porque había perseguido a la asamblea (la Iglesia). “Pero por esto fui recibido a misericordia –agrega él–, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia” (1 Timoteo 1:16).

Un breve y triste reinado – Por fin un despertar, Josías

Amón sucede a Manasés. Después de dos años de impío reinado, perece violentamente. Y el pequeño Josías, su hijo, sube al trono a la edad de ocho años. Recordemos que su nombre ya fue pronunciado muchos siglos antes por un profeta que había subido a Bet-el para hablar contra el altar en presencia de Jeroboam (1 Reyes 13:2). Este hijo debía nacerle a la casa de David para cumplir justicia y el juicio. Así, vemos que en presencia del mal que se manifestaba, los pensamientos de Dios desde hacía mucho tiempo se volvían hacia este niño. Pero, desde la eternidad descansaban en el pequeño niño de Belén, quien sería el Salvador del mundo.

El reinado de Josías, como el de su antepasado Ezequías, corresponde a lo que se llama un despertar. En el estado de sueño de la cristiandad, el Espíritu Santo todavía produce, aquí o allá, semejantes despertares. Aquel, del cual Josías es un notable instrumento, se caracteriza: por un nuevo interés por la casa de Dios; por un retorno al santo Libro y, finalmente, por el afán de separarse del mal.

El ejemplo del pequeño rey Josías también hace recordar a todos nuestros hijos que nunca es demasiado temprano para hacer

Lo recto ante los ojos de Jehová
(v. 2).