Capítulo 15
Reinado de Azarías – Una rápida decadencia
Azarías o Uzías, acerca del cual 2 Crónicas 26 nos dará muchos detalles más, después de cincuenta y dos años termina tristemente una carrera que había comenzado bien. Fue el mismo caso de su padre y de su abuelo. Acordémonos de que un buen principio en la vida cristiana no garantiza, a continuación ni hasta el fin, un andar feliz. No nos apoyemos nunca en nuestra fidelidad pasada o presente, sino en el Señor, quien es el único capaz de guardarnos sin caída (Judas 24).
Durante la larga vida de Azarías, Zacarías, cuarto y último descendiente de Jehú, luego Salum, Menahem, Pekaía y Peka ocupan uno tras otro el trono de Israel. “Hizo lo malo… no se apartó de…”, es el triste refrán que resume esos sucesivos reinados. Poco importa lo que la historia del mundo recuerde de ellos, lo que cuenta, como para toda vida humana –incluyendo la mía y la suya– es la apreciación divina.
Ellos establecieron reyes, pero no escogidos por mí
(Oseas 8:4).
En ese período final de la historia del reino de Israel es solemne ver cómo Jehová, cansado por tantas infidelidades, abandona el pueblo a su suerte (Oseas 4:17).
Situación catastrófica en Israel y Judá
Todas las advertencias de Dios, inclusive su silencio, fueron vanos para despertar la conciencia de su pueblo. Al fin suena la hora en que la última medida disciplinaria debe ser tomada. Se trata de su dispersión en medio de las naciones. Es el castigo extremo encarado desde el comienzo de la historia de Israel (Levítico 26:33; Deuteronomio 28:64), el cual fue retardado durante siglos de paciencia divina. Podemos pensar lo que esa decisión cuesta al corazón de Dios. Hizo salir a este pueblo de Egipto; lo juntó, lo puso aparte y lo introdujo en un buen país. Ahora le es necesario echar por tierra su propio trabajo y volver a colocar a este pobre pueblo bajo el yugo del cual fue sacado (Jeremías 45:4). Pero la gracia tiene un último recurso: la transportación solo es ejecutada parcialmente. Para los que son dejados en el país, todavía hay lugar para el arrepentimiento.
Notémoslo: entre las primeras víctimas figuran los habitantes de Galaad (v. 29). El capítulo 32 de Números contaba la desastrosa elección de las dos tribus y media que se habían establecido antes de cruzar el Jordán a causa de sus bienes materiales. Pues bien, sus descendientes tienen que soportar las trágicas consecuencias.
En Judá reinan sucesivamente el fiel Jotam, luego su hijo Acaz, quien, por el contrario, es uno de los reyes más execrables.
