Capítulo 1
Cómo reaccionó Ocozías a su accidente
Desde el principio de este libro, vemos al miserable Ocozías dar un paso más hacia la idolatría. Estando enfermo, manda a consultar a Baal-zebub (Señor de las moscas o de la suciedad). Hecho aun más tenebroso por cuanto detrás de ese ídolo está Satanás, quien se hace adorar. ¡Más tarde los judíos lo llamarán Beelzebú, el jefe de los demonios! (Mateo 12:24). Entonces, de parte de Jehová, la suerte de Ocozías está echada, y Elías es el encargado de anunciárselo, como otrora a su padre. Pero, mientras que en Acab hubo alguna humillación, Ocozías solo piensa en apoderarse de la persona del profeta, con violencia, si fuera necesario. Pensamos en los hechos criminales de otro rey, el malvado Herodes, contra Juan el Bautista (a quien la Palabra a menudo confronta con Elías; comp. su ropa en el v. 8 y Marcos 1:6). Esta abierta rebeldía contra Jehová recibe inmediatamente un solemne castigo.
Así, Ocozías parece superar a su padre en maldad. Solo había tenido a la vista el triste ejemplo de sus padres, Acab y Jezabel. ¿Qué decir entonces de los jóvenes educados por padres piadosos, los cuales, pese a ese privilegio, siguen a los ídolos de este mundo?
Fuego del cielo
En su obstinación, Ocozías envía un segundo capitán de cincuenta para que le traiga a Elías. Su intimación es todavía más insolente: “Desciende pronto”. Pero recibe la misma terrible respuesta.
En el monte Carmelo, el fuego no cayó del cielo sobre los presentes, sino sobre el holocausto. Era una figura del juicio divino que descendió sobre Cristo, con miras a atraer hacia Dios el corazón del pueblo. Ahora, en este otro monte, el fuego debe descender en juicio sobre los hombres rebeldes.
Jesús, la santa Víctima, sufrió solo el ardor de la ira divina. Pero más tarde, los que no hayan creído tendrán que soportar ellos mismos y eternamente esta inflexible cólera (Romanos 1:18).
El día del juicio todavía no ha llegado. Por eso, cuando los discípulos Jacobo y Juan, refiriéndose a esta escena, proponen al Señor que haga descender fuego del cielo sobre una aldea de los samaritanos, él debe censurarlos fuertemente (Lucas 9:52-55).
El jefe de la tercera cincuentena quizá sea uno de los 7000 que Jehová nombró al profeta. Habla con respeto, humildad y afecto por sus soldados. Con él, Elías va al rey, pero solo para repetir palabra por palabra su primer mensaje, pronto confirmado por la muerte de Ocozías.
