Capítulo 6
El hacha que flota – Dos maneras de mirar
“El lugar en que moramos… es estrecho”, declaran a Eliseo los hijos de los profetas. A veces se oye decir lo mismo respecto del cristianismo. Por cierto, ante los ojos del mundo, la vida del creyente parece muy estrecha: ¡se priva de tantas cosas! Si se nos ocurre razonar así, es porque miramos demasiado bajo. En verdad, “el cielo” en toda su extensión está delante de nosotros.
El pequeño incidente del hacha es conmovedor en su simplicidad. Eliseo está igualmente dispuesto a devolver una herramienta al que la utiliza, como un hijo a su madre, mediante la resurrección. Asimismo, vemos al Señor de gloria lavando los pies a sus discípulos o preparándoles una comida (Juan 13:5; 21:13). Nada es demasiado pequeño para el Señor Jesús. ¿Lo ha experimentado usted?
Después, se reanuda la guerra entre Israel y los sirios. Mas, existe un tercer ejército cuya existencia solo conoce el profeta. Son los combatientes celestiales: ángeles que Dios colocó como una muralla de fuego alrededor de su siervo (Salmo 34:7, Jueces 5:20). Para discernirlos, son necesarios los ojos de la fe. Como Eliseo aquí, Jesús en Getsemaní dirigió los pensamientos de su discípulo Pedro hacia las doce legiones de ángeles que su Padre le habría dado, si hubiese querido pedírselas (Mateo 26:53).
El triunfo de la gracia – Sitio de Samaria
Tres veces en este capítulo, en respuesta a la oración del profeta, los ojos se abren (v. 17, 20) o, por el contrario, se oscurecen (v. 18). Pidamos a Dios que abra los nuestros. No perdamos de vista, como el criado de Eliseo, el poder divino que está a nuestra disposición.
Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová,
dice el salmista (Salmo 121:1).
Elías solo había sido un profeta de juicio. En cambio, Eliseo tiene el privilegio de usar una segunda arma, más eficaz aún: la gracia. Hace misericordia con sus enemigos y vence con el bien el mal. Nuestros pensamientos vuelven otra vez hacia Jesús, quien se valía tan perfectamente del poder como de la gracia. Después de haber hecho caer a tierra con una palabra a los que venían a prenderle, sanó la oreja herida por su impulsivo discípulo (Juan 18:6; Lucas 22:51).
Por otra parte, esa gran comida nos hace pensar en “la gran cena” de la gracia (Lucas 14:17). Dios convidó a ella a los que eran sus enemigos.
¡Pero la buena acción de Eliseo no será pagada con la misma moneda! Los sirios sitian Samaria, donde el hambre causa terribles estragos. Pero Jehová se valdrá de ello para mostrar a la vez su poder y su bondad.
