Capítulo 12
El privilegiado Joás empieza bien
La muerte de Joiada marca un cambio negativo en el largo reinado de Joás. El segundo libro de las Crónicas nos relata su triste fin. Pero aquí, hasta el versículo 16, se desarrolla la parte feliz de su vida. Una única cosa parece llenar el corazón del rey: la restauración de la casa de Jehová. Desde los días de Salomón, el templo se había deteriorado. Joás, criado por los sacerdotes en las cámaras contiguas al santuario, ha guardado desde su tierna infancia un profundo interés por esta casa. Al mismo tiempo, ha tenido la ocasión de conocer cada grieta de ella. Y ustedes, jóvenes educados en las verdades concernientes a la Asamblea (Iglesia): ¿tiene esta un gran lugar en sus corazones? Sin duda, también conocen algunas de sus grietas: disconformidad, relajamiento, falta de celo, mundanería… Entonces, ser como Joás, “reparador de portillos” (Isaías 58:12), ¿no es un hermoso y deseable servicio? Incluso un joven puede aprenderlo. ¿Cuáles son los materiales que es necesario saber emplear hábilmente?: el amor, la benevolencia, la dulzura, el saber soportarse y el inestimable “vínculo de la paz” (Efesios 4:2-3).
Una "fe" de educación – Una nota consoladora
Hazael, rey de Siria, se propone subir contra Jerusalén. Pero Joás, en lugar de contar con Jehová, ¿qué hace? Obra igual que Asa en otros tiempos, en la decadencia de su reinado, cuando Baasa subió contra él (1 Reyes 15:17-18): renuncia a todas las cosas santas consagradas por sus padres y por él mismo al comienzo de su carrera y las entrega al rey de Siria. ¡Ay, cuántos han imitado a ese pobre rey! Al principio de su vida cristiana hicieron gozosos unos sacrificios. Consagraron y santificaron una cosa u otra para el servicio del Señor. Pero después sobrevino la oposición del mundo. Y al no estar dispuestos a enfrentarla por la fe, prefirieron arrojar todo por la borda. Es lo que el enemigo desea. De ahí en adelante los deja tranquilos. Sí, pero ¡a qué precio!
Después de haber empezado tan bien, la vida del pobre Joás termina trágicamente. Sus propios siervos lo asesinan. Amasías reina en su lugar, mientras que en Israel Joacaz reemplaza a Jehú. Joacaz es un rey malo. Pero se abre un paréntesis en el que brilla toda la gracia de Dios (v. 4-6). Da un salvador a su pueblo (compárese con Isaías 19:20). ¡Cuánto más grande es el Salvador a quien nos dio! (Lucas 2:11).
