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¿Quién lavará mi corazón?
Para enseñar a su hija que el pecado es una cosa sucia, una madre tenía la costumbre de hacerle lavar la boca cada vez que esta mentía. Al mismo tiempo le explicaba que esas cosas malas que salían de su boca venían de su corazón malo, el cual necesitaba ser limpiado.
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Quisiera ir allá
Cierta noche, el pequeño Alfredo volvía a su casa tiritando de frío. Al llegar, su madre le preguntó: –¿Encontraste algún trabajo hoy? –No, nada. –Entonces ¿no has comido desde esta mañana? Alfredo no contestó. Después de un rato preguntó: –Mamá, ¿quién es Dios? –Hijo mío, ¡qué pregunta me haces! Será mejor que vayas a acostarte.
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Se va el rayo de sol
Aquel lunes por la mañana, el tiempo estaba tan frío y húmedo que no quisimos dejar salir a nuestra pequeña Lily. Me quedé con ella en casa, jugando a la pelota, mientras mi padre y mi abuelo, con sus gorras, impermeables y botas de goma, iban a esperar la llegada del «Carnavon 4», que llevaba algún retraso sobre su habitual horario.
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Seguridad
El tren llegó a una pequeña estación. Allí, un niño de unos seis años de edad subió al vagón donde yo estaba. El tren siguió su marcha. El chico, muy alegre, sentado junto a la ventanilla, contemplaba la hermosura del paisaje. Me extrañaba ver que el niño estaba solo y que nadie lo había acompañado ni despedido en la estación. Por eso le pregunté:
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Semillas divinas
En aquella hora amarga, Mimosa encontró un nuevo socorro divino. En el pueblo había algunas familias cristianas. Ninguna, excepto una, se ocupaba de ella porque pertenecían a otra casta; y después de todo eran cristianas sólo de nombre. Es fácil criticar a esa gente y asombrarse por su falta de amor.
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Si es un niño…
Francisco de Asís era un hombre famoso. Cierto día, por estar muy ocupado con un trabajo importante, le dijo a uno de sus amigos que nadie debía molestarlo. Incluso, si algún sabio deseaba verle, debía volver otro día. Después de haber dado esas órdenes, Francisco se quedó pensando y agregó: –Pero… si es un niño, llámame.
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Siervos y amos
Habiendo considerado las relaciones entre esposo y esposa, entre padre, madre e hijos en el hogar cristiano, resta hacer lo mismo con la relación que existe entre siervos y señores; pero como esta relación no se da en todos los hogares, sólo la consideraremos brevemente.
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Sobre la roca
Unos quince días después de la llegada de mi padre, tuvimos la sorpresa de recibir otra visita del señor Benson. Venía a informarnos que su yerno había recibido una carta acerca de la chiquilla que habíamos recogido tras el naufragio del «Victory».
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Su importancia, disposición y características
¡Qué dulces pensamientos despierta en la mente esa palabra «hogar», y qué maravillosa alegría hace brotar en todo corazón humano! Aun más precioso es el recuerdo del «hogar cristiano» para aquellos que han tenido el gran privilegio de tal ambiente, en el cual Dios fue honrado y reconocido como Cabeza de la casa.
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Un cambio en el faro
La espera se nos hizo interminable; permanecíamos aturdidos y silenciosos sin saber qué hacer e imaginándonos a la pobre María enferma y presa de desesperación: ¿qué haría? ¿cómo recibiría aquella tremenda noticia? Por fin, vimos surgir la silueta del abuelo y fuimos a su encuentro. Tenía los ojos enrojecidos y nos dijo con voz ronca:
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Un descubrimiento en la pagoda
Días más tarde el llanto de un recién nacido se escuchó en la habitación de Si-Hiang. Ella acababa de dar a luz una niña. Pero cuando las parteras la vieron, dieron un grito de espanto. Sobre un ojo y la mejilla de la niña se extendía una mancha roja, marca de nacimiento que no se borraría jamás. Para los chinos supersticiosos, era una terrible señal de desgracia.
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Un monte echado en el mar
En un día muy frío, el propietario de una granja y el arrendatario volvían a sus casas caminando a orillas del mar. Conversaban tan animadamente que ni prestaban atención al fuerte viento que levantaba olas enormes. Hablaban de la Biblia. –No, señor –decía el campesino–; usted dirá lo que quiera, pero yo no creo todo lo que dice la Biblia. En ella hay cosas que no pueden ser verdad.
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Un nuevo vecino
El lunes por la mañana fuimos temprano, como de costumbre, a esperar el vapor del capitán Sayers. Me parece que tenía un nombre que empieza con una «C»… a ver, «Car…», ah sí, «Carnavon 4»; pero todos lo llamábamos «el vapor».
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Un salvamento
Efectivamente, lo que había visto era un bote salvavidas, pero vuelto al revés. Un momento más tarde, pasamos tan cerca de él que casi hubiera podido tocarlo con la mano. –Han perdido su esquife –gritó mi abuelo–. ¡Ánimo, Tom! ¡Hay que llegar hasta el barco!
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Un vistazo al pasado
Durante los días siguientes pudimos disfrutar de largas conversaciones; eran como miradas a través de ventanas abiertas al pasado. No creo que en la India se mire con frecuencia de esa manera en la vida de alguna persona. Cierta timidez se desliza, como si se hablara detrás de un vidrio. Así que es poco lo que se puede ver de esas vidas.
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Una luz en alta mar
Ya estábamos en noviembre otra vez; los días se acortaban rápidamente. Allá por Cornualles, la noche cae muy pronto en invierno; a las cinco de la tarde ya es noche cerrada, mayormente cuando hay tiempo lluvioso. A eso de las seis y media, estábamos cenando el abuelo y yo, según nuestra costumbre.
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Una mosca
Cierta vez, un siervo del Señor predicaba en una ciudad de Irlanda. Allí vivía un hombre que no quería saber nada de la Palabra de Dios. Sin embargo, le gustaban los himnos y cánticos. Por eso se presentó en el lugar donde hablaba aquel siervo. Para no oírle se tapaba los oídos con las dos manos y solo se los destapaba cuando entonaban algún cántico.
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Una niebla densa
Aún conservo entre mis tesoros la hoja de papel que me fue entregada aquel día. Solo contiene unos cuantos renglones de una poesía; desde entonces, estos quedaron grabados en mi mente:
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Una visita en la noche
La honorable madre pasaba por un duro combate. Entre su amor a su hijo, el miedo a su marido y a los diablos extranjeros, el amor prevaleció.
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Usted no me engaña
Entonces, Mimosa se fue a los campos llevando a su primogénito. Si bien nunca había oído hablar de Agar (Génesis 21:14-19), en su dolor hizo como ella. Con un pedazo de tela de algodón hizo una hamaca improvisada, la cual colgó de una rama de acacia. Colocó a su bebé dentro y balanceó suavemente la hamaca hasta que la criatura se durmió. Luego se alejó sola y clamó al Señor.
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Yo lo hice
Iba a empezar la clase de lectura para los chicos de tercer grado, cuando la maestra notó cierta agitación en las últimas filas. –¿Qué pasa, Pedro? –preguntó ella–. El niño se levantó muy nervioso y respondió: –Alguien tomó mi lápiz nuevo.
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A los adultos
Esta es una recopilación y adaptación de narraciones para niños. Tiene el propósito de ayudarles a conocer algo de Dios, el Padre y el Hijo. No tiene la pretensión de ser un manual de instrucción religiosa ni un compendio de moral cristiana.
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A los niños
¡Un barco está en peligro! A la derecha e izquierda del canal de navegación hay bancos de arena escondidos bajo el agua a poca profundidad. Cuando una nave choca con esos bancos y queda como clavada en ellos, corre el peligro de ser destrozada por las olas que levanta la tempestad.
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Abandono del orden de Dios
Vivimos días en los que los principios de Dios para la humanidad están siendo descartados, y en los que abunda el desorden y la corrupción, como sucede siempre que el hombre se aparta del orden de Dios. El amor libre, la infidelidad, el divorcio y todas las formas de obstinación están causando el naufragio de numerosas familias.
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