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La progresiva revelación de Dios
“Jehová ha dicho que él habitaría en la oscuridad” (2 Crónicas 6:1). Cuando la nube –presencia de Dios– llenó el tabernáculo o el templo, ni los sacerdotes ni el mismo Moisés, en su tiempo, podían penetrar en él, “porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Dios” (Éxodo 40:35; 2 Crónicas 5:14). Él “habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver” (1 Timoteo 6:16). En otras palabras, él es desconocido en la tierra, permanece inaccesible en la luz celestial. Cuando Moisés desea ver la gloria de Dios, Jehová le responde: “No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá” (Éxodo 33:20). Sin embargo, a través de los siglos –como lo dice Pablo a los atenienses– algunos han buscado “si en alguna manera, palpando, puedan hallarle” (Hechos 17:27). Incluso un filósofo griego como Platón no pudo más que «palpar». Era necesario que Dios se revelase.
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Las siete fiestas de Jehová
Etapas de la vida cristiana
Las fiestas de Jehová, como están expuestas en Levítico capítulo 23, eran “fiestas solemnes”, es decir, tiempos fijados para acercarse a Dios y presentarle sacrificios (v. 37). Según el pensamiento divino, no eran fiestas del pueblo, sino “las fiestas solemnes de Jehová”, santificadas para él y para su gloria. Cuando la tradición y los ritos las despojaron de su verdadero carácter –hasta el punto de excluir de ellas al mismo Señor Jesús–, esas fiestas fueron llamadas meramente “fiesta de los judíos” (Juan 5:1; 7:2).
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¿Quién es Jesús?
Cuando Jesús preguntó: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:15-16). Se lo había revelado el Padre, y por esta razón es llamado “bienaventurado”. Al final de su vida, sabiendo que en breve debía abandonar el cuerpo (2 Pedro 1:14), el apóstol hace una exhortación muy importante: “Creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (cap. 3:18). De un modo muy simple, y sin duda muy parcialmente, hemos intentado mostrar algunas de las glorias de esta Persona maravillosa, cuya profunda contemplación puede transformar nuestras vidas (2 Corintios 3:18). Mientras estemos en la tierra, nunca podremos escudriñar todo este misterio. “Nadie conoce al Hijo, sino el Padre” (Mateo 11:27). En su oración, el mismo Señor Jesús decía: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3). Efectivamente, “este es el verdadero Dios, y la vida eterna” (1 Juan 5:20).
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Una sola ofrenda, varios sacrificios
Levítico 1 a 7
Nos proponemos considerar la muerte del Señor Jesús, “la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” (Hebreos 10:10). Será el tema central de la adoración de los redimidos en la eternidad, pero, aunque no podamos sondearlo aquí abajo, es la voluntad del Señor que nuestros corazones se ocupen en él.
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Ver a Jesús por donde anduvo
Al final de su vida en esta tierra el apóstol Juan, aquel a quien Jesús amaba y con quien tenía mayor intimidad que con otros, nos dice con emoción: “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida… lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido” (1 Juan 1:1-4).
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Orientación cristiana
Algunos dicen que nosotros –la Iglesia– no somos la Esposa, sino solamente Israel. ¿Es esto correcto?
No, tal afirmación es incomprensible si leemos atentamente la Palabra de Dios y no introducimos nuestros propios pensamientos; pues en este punto la Palabra esta más que clara. La Esposa (Efesios 5:25-33) es presentada en Apocalipsis 21:2 y 9 como “descendiendo del cielo”. ¿Acaso se puede decir que se trate de Israel? ¡Israel no puede descender del cielo!
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Orientación cristiana
¿Cómo he de imaginarme el “Milenio”?
El milenio es caracterizado especialmente por el hecho de que Cristo como Rey y Mesías morará sobre esta tierra, en medio del renovado pueblo de Israel y en medio de la creación renovada.
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Orientación cristiana
En Juan 7:38: dice el Señor: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”. ¿Qué quiere decir el Señor con estas palabras?
En primer lugar, quiere decir que Cristo es el cumplimiento de todo lo que se ha dicho y prometido en el Antiguo Testamento. Luego que la fe debe apoyarse no solamente sobre partes, sino sobre toda la Sagrada Escritura, para que la plena bendición de Dios sea derramada sobre el creyente. Quien cree en el Señor Jesús recibe el Espíritu Santo, y a este Dios no lo da por medida (Juan 3:34).
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Orientación cristiana
Explíqueme, por favor, lo que significa “y tu casa” en Hechos 16:31, puesto que la salvación es una cosa completamente personal.
Muchas veces se pasa por alto la respuesta completa de Pablo y Silas al carcelero de Filipos: “Cree en el Señor Jesucristo, y será salvo, tú y tu casa”. La última parte de la frase debería ser considerada por todos los padres creyentes. Naturalmente se trata de una promesa condicional, porque nadie puede salvarse sin la fe personal en el Señor Jesucristo.
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Orientación cristiana
¿Hay que distinguir entre el “reino” y la “Iglesia”?
Ciertamente, y creo que la diferencia es importante. El “reino” abarca la futura manifestación del poder y de la autoridad del Señor, ante todo en sus relaciones con Israel y con la creación (1 Corintios 15:24; 2 Pedro 1:16-17; Salmo 145). Sin embargo, la “Iglesia” abarca a todos los que se salvan en la actualidad.
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Orientación cristiana
¿Podría usted darme una breve comparación de las dos venidas del Señor?
La clave para entender estas dos venidas la encontramos en 1 Tesalonicenses 4:17 y en Zacarías 14:4. En la primera porción tenemos una clara presentación de la venida del Señor para los suyos. En cambio, la segunda nos muestra su aparecimiento sobre el monte de los Olivos, y allí vendrá con los suyos.
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Orientación cristiana
¿Podría usted darme una definición de los dos términos “pecado” y “pecados”?
Los “pecados” son lo que hayamos hecho, el “pecado” es lo que somos. Cristo murió por nuestros “pecados”, y yo he muerto al “pecado” en Cristo. Los “pecados” me fueron perdonados, pero el “pecado” no puede ser perdonado; Dios no puede sino juzgarlo. El hecho de que he nacido como pecador no me debe ser perdonado, sino que necesito ser librado de este estado. Y lo soy en Cristo.
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Orientación cristiana
¿Podría usted darme una explicación exacta de las palabras “pecado” y “pecados”?
Los “pecados” son lo que hemos hecho, mientras que el “pecado” es lo que somos. Cristo murió por nuestros “pecados”, y en Cristo he muerto al “pecado”. Los “pecados” me han sido perdonados, sin embargo, el “pecado” no puede ser perdonados; Dios solamente puede juzgarlo.
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Orientación cristiana
¿Se puede deducir de Hebreos 9:28 que habrá creyentes que no tendrán parte en el arrebatamiento o rapto?
¡No! La Esposa de Cristo, la Iglesia, es una e indivisible. Este versículo no habla de ninguna manera de una selección. Por primera vez nuestro Señor apareció aquí en la tierra para cumplir la obra de la redención y por segunda vez aparecerá para llevar a la casa del Padre a todos los que aceptaron su obra por la fe.
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Orientación cristiana
¿Se salvan los niños fallecidos temprano de la misma manera como los adultos?
Nadie, ni los niños ni los ancianos, puede salvarse, sino únicamente sobre la base de la obra expiatoria de nuestro gran Salvador Jesucristo. En Mateo 18:1-14, el Señor habla acerca de eso. Dice a los discípulos: “Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños”.
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A orillas del Jordán
Juan el Bautista había sido enviado para preparar “el camino del Señor” (Mateo 3:3). En medio de la ruina moral de Israel, un pequeño residuo todavía esperaba al Mesías. Venían a su bautismo, bautismo de arrepentimiento, confesando sus pecados. Juan anunciaba que aquel que vendría después de él sería más poderoso que él; decía que él mismo no era digno de desatar sus sandalias.
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Conclusión
Cada una de las fiestas que vimos (la Pascua, los panes sin levadura, la gavilla por primicia, la conmemoración al son de las trompetas, la expiación y los Tabernáculos) estaba acompañada de sus respectivos sacrificios, como nos lo muestran estos dos capítulos.
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Conmemoración al son de trompetas
La Pascua tenía lugar el decimocuarto día del primer mes. La gavilla por primicia probablemente era ofrecida el día después del primer sábado que seguía a la Pascua. Pentecostés, cincuenta días más tarde, debía tener lugar, pues, en la primera mitad del tercer mes. Luego venía una larga interrupción hasta el séptimo mes, en el cual tres fiestas se sucedían rápidamente.
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Dios en sí mismo
“Jehová ha dicho que él habitaría en la oscuridad” (2 Crónicas 6:1). Cuando la nube –presencia de Dios– llenó el tabernáculo o el templo, ni los sacerdotes ni el mismo Moisés, en su tiempo, podían penetrar en él, “porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Dios” (Éxodo 40:35; 2 Crónicas 5:14). Él
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Dios manifestado en carne, en el Nuevo Testamento
“Grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne…, recibido arriba en gloria” (1 Timoteo 3:16). “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”. “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre)” (Juan 1:1, 14).
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Dios se reveló progresivamente
1 Corintios 1:21 nos dice que “el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría”. Pero Dios quiso, por propia iniciativa, revelarse progresivamente.
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El amado Hijo del Padre
Su amado Hijo (Colosenses 1:13)
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El Cristo – El Mesías
Unos jóvenes amigos creyentes nos pidieron una vez que habláramos del tema siguiente: ¿Son una misma persona el Cristo profético, el Cristo histórico y el Cristo vivo? Veamos, pues, lo que nos dice la Palabra al respecto.
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El día de la expiación (ver nota al final del libro)
Entrar mucho más profundamente en lo que le costó a Cristo quitar el pecado de delante de Dios es el preludio de toda restauración. Reconocer la ruina (Levítico 16:1), individual o colectiva, conduce a una apreciación mucho más grande de la obra de Cristo y de su eficacia ante Dios.
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