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Los principales nombres de Dios en el Antiguo Testamento
En esta revelación progresiva, Dios toma nombres relacionados con ella. En toda la Palabra, el nombre es la persona (comp. Mateo 18:20; 1 Juan 5:13). Sus nombres, pues, forman parte integrante de su revelación. Vale la pena considerar al menos los más esenciales con los cuales él se dio a conocer.En esta revelación progresiva, Dios toma nombres relacionados con ella.
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Los recabitas - la disciplina personal
Una pregunta se impone: ¿Hay que esperar «pasivamente» la disciplina de Dios, sea para prevenir una caída o cuando se ha fallado?
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Los resultados de la oración
Sin duda los resultados de la oración son más numerosos de lo que pensamos, tanto en el mundo visible como en lo invisible; trataremos de detallar algunos de ellos. a) La paz de Dios
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Los sacrificios por el pecado
Los sacrificios por el pecado y por la culpa no eran librados al discernimiento del israelita; eran ofrendas obligatorias cuando se había cometido alguna falta: “Cuando alguna persona pecare… traerá por su ofrenda…” (Levítico 4:2, 28).
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Pablo - la disciplina preventiva en relación con el ministerio
Una disciplina así, ¿es verdaderamente oportuna? Los numerosos peligros que corre un siervo del Señor nos muestran por qué la Palabra señala esta necesidad.
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Pentecostés
Pentecostés se ubica en el centro de las siete fiestas, es el desenlace de las tres primeras. En cierto sentido las fiestas habrían podido terminar allí si el Espíritu de Dios no hubiera tenido en vista la restauración futura de Israel, tipificada por las tres últimas. Asimismo, en la vida del creyente, la restauración a veces es tan necesaria.
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Plan general y materiales
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¿Por qué orar?
En primer lugar, para acercarnos a Dios y comunicarnos con él. La epístola a los Hebreos abunda en el verbo acercar. Nos acercamos confiadamente al trono de la gracia (cap. 4:16). Nos acercamos a Dios por Cristo, quien intercede por nosotros (cap. 7:25). Nos acercamos por el camino nuevo y vivo (cap. 10:19-22).
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Prefacio
Hace aproximadamente un siglo y medio J. G. Bellet (1795-1864) atrajo el interés de los creyentes con sus dos folletos, siempre actuales: «La gloria moral del Señor Jesucristo» y «El Hijo de Dios». Puso ante sus ojos la vida inmaculada del Señor Jesucristo.
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Prefacio
¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si sabes? (Proverbios 30:4) Cuando Jesús preguntó: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:15-16). Se lo había revelado el Padre, y por esta razón es llamado “bienaventurado”.
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Prólogo
Las fiestas de Jehová, como están expuestas en Levítico capítulo 23, eran “fiestas solemnes”, es decir, tiempos fijados para acercarse a Dios y presentarle sacrificios (v. 37). Según el pensamiento divino, no eran fiestas del pueblo, sino “las fiestas solemnes de Jehová”, santificadas para él y para su gloria.
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Prólogo
En la Palabra no poseemos un texto continuo sobre la vida de Timoteo, como sí lo tenemos sobre David, José, Daniel y otros. Tampoco ocupa un largo espacio en el Nuevo Testamento, donde es mencionado veinticuatro veces en el libro de los Hechos y once en las epístolas, de las cuales dos van dirigidas a él.
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Reunidos en asamblea
La Palabra reconoce ocasiones en que la Iglesia como tal está reunida en la presencia del Señor, teniendo fe en Su promesa: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Estas reuniones tienen cuatro caracteres:
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Salvados
El Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido (Mateo 18:11). El pastor que tanto buscó a su oveja, ¡con qué gozo puede decir, al volver a su casa: “Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido”! (Lucas 15:6).
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Una fe viva y no una simple profesión de fe
El primer versículo de la epístola a los Hebreos muestra claramente que ella fue dirigida a creyentes judíos. Dios había hablado a los padres por los profetas; cuando “ha hablado por (o en) el Hijo”, su pueblo lo rechazó y lo crucificó. Sin embargo, lo hicieron por ignorancia: “Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho” (Hechos 3:17).
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Unidos a Cristo
En nuestro primer capítulo, relativo al tema de la salvación, vimos la gracia de Dios por nosotros. En el segundo capítulo, que trata sobre la familia de Dios, vimos lo que él hace de nosotros. Y ahora, en cuanto a nuestra unión con Cristo, veremos Su obra en nosotros.
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Unidos en un solo cuerpo
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1. El principio del “remanente”
Cuando Israel hizo el becerro de oro, la justicia de Dios hubiera tenido que destruir al pueblo. Sin embargo, respondió a la intercesión de Moisés y lo perdonó.
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1. Estar dispuesto a orar
En el Salmo 32:6 leemos: “Orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado”. Si solicitamos audiencia ante un personaje importante, a veces es necesario esperar mucho tiempo para ser recibidos.
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2. El principio según el cual lo que es de Dios subsiste
Hemos visto que si la casa de Dios confiada al hombre ha sido arruinada, no ocurre lo mismo con el cuerpo de Cristo constituido por todos los rescatados. Este, a los ojos del Señor y para la fe, subsiste hoy como en los primeros días.
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A la edad de doce años
No nos es dicho nada acerca de su vida en Nazaret. Es llamado “el hijo del carpintero” (Mateo 13:55), e incluso “el carpintero” (Marcos 6:3), precisando así cuál era su ocupación.
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Abraham
No vamos a considerar toda la historia del patriarca, sino el fruto producido por la disciplina de Dios en su vida familiar. El llamamiento a Abraham fue claro: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré” (Génesis 12:1). Sin embargo, Abraham se apartó de la instrucción divina:
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Aceptado para expiación suya
Aquel que se acercaba a la puerta del tabernáculo de reunión, consciente de no estar limpio en sí mismo para la presencia de Dios, estaba provisto de una ofrenda perfecta. En virtud de ella, se atrevía a acercarse para ser aceptado “delante de Jehová” (Levítico 1:3-4). Aquí no se trata de perdón de pecados ni de purificación.
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Actitud exterior
“Entra en tu aposento”, dijo el Señor Jesús en Mateo 6:6, y “ora a tu Padre que está en secreto”. 2 Reyes 4:1-6 nos da un ejemplo. Solos en su pobre habitación, la madre y sus dos hijos recogían vasijas vacías. Solo eran tres los que estaban allí, sin embargo había otra Presencia. En su angustia esa madre había clamado a Eliseo. ¿Cómo salvar a sus hijos de los acreedores?
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