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La restauración y la reconciliación
En Daniel 9:24 nos enteramos de que setenta semanas, que son 490 años (compárese con Levítico 25:8), estaban determinadas sobre Israel y Jerusalén “para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos” (V. M.)
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La resurrección de condenación
La verdad fundamental de la Escritura sobre el juicio la hallamos en Hebreos 9:27: “Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”. El versículo siguiente limita, sin embargo, la regla: “Cristo… aparecerá… para salvar a los que le esperan”. Estos últimos, pues, no serán juzgados.
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La resurrección de los justos
Así, pues, en este momento en la tierra viven solamente los renacidos, y en los sepulcros hay solo incrédulos.
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La resurrección, prueba de la justicia de Dios
Quiero entrar en este tema con un poco más de precisión. El Señor Jesús fue a la cruz y allí tomó sobre sí todos los pecados de aquellos que le han aceptado y de los que aún le aceptarán, llevándolos en su cuerpo (1 Pedro 2:24). También fue hecho pecado y juzgado como tal (2 Corintios 5:21; Romanos 8:3).
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La santificación por el Espíritu
Si leemos el Nuevo Testamento, vemos que de nuestra santificación se habla de dos maneras. Por una parte, se dice que somos santificados (1 Corintios 6:11; 2 Tesalonicenses 2:13; 1 Pedro 1:2, etc.). Por eso en varios pasajes se nos llama “santos” (ver, por ejemplo, el comienzo de las epístolas). Esta santificación se efectuó por medio del nuevo nacimiento.
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La santificación práctica
Todas las exhortaciones nos llaman a manifestar desde ahora lo que un día seremos; esta es la meta de todo ministerio (Efesios 4:11-16; Colosenses 1:28). ¿Y cómo hemos de ser? Debemos asemejarnos a Aquel hombre glorificado en el cielo. Por lo tanto, Él también es la medida para nuestra marcha práctica. Por eso se dice:
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La seguridad de ser oído
Romanos 8:31-32 dice: Si Dios es por nosotros ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?. Y en Juan 16:27 el Señor afirma: “El Padre mismo os ama”.
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La septuagésima semana ¿se ha cumplido ya?
Hemos visto que “hasta el Mesías Príncipe” habían transcurrido 69 semanas. Quedó, pues, una semana. Si esta hubiese seguido sin interrupción a la última de aquellas, ya habría pasado desde hace mucho tiempo. No obstante, esta semana no puede haber pasado aún, pues ni Judá ni Jerusalén han recibido aún las bendiciones del versículo 24.
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La simiente de Abraham
Lo primero que los judíos reivindicaban era que solo ellos eran la simiente de Abraham (Juan 8:33). «Bien –dice el apóstol– entonces tendrán que reconocer a Ismael, pues él también era hijo de Abraham». Y si en este caso se pudiese objetar que la madre de Ismael era tan solo una esclava, de quien descienden los árabes, todavía quedaba Esaú, el padre de los edomitas.
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La transfiguración de Jesús
Propiamente dicho, este acontecimiento no constituye una revelación profética. Es un cuadro en el cual la gloria del reino del Hijo del Hombre y todos los que tomarán parte en él, son representados de una manera clara.
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La última guerra de Europa Occidental
Una vez, el Imperio romano, en alianza con la jerarquía religiosa de esta tierra, mató al Señor. “Matémosle, y apoderémonos de su heredad” (Mateo 21:38).
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La vocación de Dios
Entonces Dios llama a Abram de su tierra, de su parentela y de la casa de su padre, para ir a la tierra que él le mostraría. Esto constituye un nuevo principio.
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Laodicea
¡Qué cambio! “Yo conozco tus obras, que ni eres frío, ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca… “
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Las dos bestias
En Apocalipsis 13 vemos dos bestias como instrumentos poderosos de Satanás. Satanás ha sido expulsado del cielo y ahora ejerce todo su poder aquí en la tierra. Pero no lo hace de una manera visible, sino que se vale de instrumentos.
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Las profecías
También los profetas confirman lo mismo en centenares de pasajes. Pero, por enredos de determinado sistema teológico, muchas veces estos textos son desgraciadamente privados de su fuerza. Unas veces son aplicados al regreso del cautiverio de Babilonia. Otras a la primera venida del Señor Jesús a la tierra.
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Las profecías forman un todo
Resulta, pues, de ello, que todas las profecías han sido dadas por medio del Espíritu Santo y constituyen la totalidad de los designios de Dios, los cuales él mismo ha tenido a bien comunicarnos.
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Las promesas de Dios
En Romanos 11:29 leemos: “Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios”. Se cita muchas veces este pasaje aplicándolo también a nosotros. Y esto puede hacerse, pues es un principio divino. Sin embargo, los que niegan que Israel tenga aún un futuro, deberían notar que estas palabras se aplican en primer lugar a las promesas dadas a Israel.
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Las setenta semanas de años de Daniel (cap. 9)
La historia de Israel puede ser divida en los siguientes períodos: 1. Su origen: el lapso desde el nacimiento de Abraham hasta la liberación de Egipto y la ley de Sinaí. 2. La posesión del país: el lapso desde Sinaí hasta la construcción del templo bajo el reinado de Salomón.
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Las tentaciones del diablo
Cuando Satanás llega con sus tentaciones, cuánto dolor nos causa.
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Llamados, justificados y glorificados
En el versículo 30 encontramos la relación de los consejos de Dios con el tiempo actual. Apenas nacimos, ya volvimos la espalda a Dios: éramos pecadores. Pero Dios nos llamó. No se trata del llamado general de Dios, el que dirige a todos los hombres para que se conviertan, sino del acto de creación de Dios, quien “llama las cosas que no son, como si fuesen” (Romanos 4:17).
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Lo bueno y lo malo en la práctica y la doctrina
La Palabra de Dios es la única que nos muestra lo bueno y lo malo en la práctica y la doctrina. “He guardado tus mandamientos y tus testimonios, porque todos mis caminos están delante de ti” (Salmo 119:168). “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Apocalipsis 2-3).
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Lo esencial del cristianismo
En Juan 4:10 el Señor Jesús da a conocer brevemente las señales de la nueva época, es decir, el período de la Iglesia. Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.
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Lo que llena el corazón del Padre
¿Qué ocupa el corazón del Padre? Indiscutiblemente su Hijo Jesucristo y toda la gloria de su persona y de su obra. Cuando el Hijo estaba en la tierra, agradó al Padre que en él habitase toda la (divina) plenitud (Colosenses 1:19).
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Los fieles del Antiguo Testamento, ¿pertenecían también a la Iglesia?
Hay muchos creyentes que opinan que la Iglesia es la continuación del pueblo de Israel. Si quieren decir con ello que la Iglesia ha ocupado el lugar del pueblo de Israel –como testimonio de Dios en la tierra– después del rechazamiento del pueblo escogido, entonces, hasta cierto punto, tienen razón.
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