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Ana

Aquí no se trata de Ana la profetisa, nombrada en Lucas 2:36-38. Ella también es un ejemplo notable de una mujer de oración, quien, avanzada en edad, servía noche y día con ayunos y oraciones. La oración es, pues, un servicio confiado tanto a las hermanas como a los hermanos, a los jóvenes como a los ancianos. No se necesita un don particular para ejercerla.

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Atraer la atención sobre sí

El deseo de los ojos se demuestra también en el anhelo de brillar, de aparentar más de lo que uno es. Se manifiesta por la vanidad en el vestir, el exagerado arreglo personal, o al contrario, por el desaliño que busca un efecto semejante. Se hará alarde de lo que uno posee, como Ezequías cuando recibió a los enviados del rey de Babilonia (Isaías 39).

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Bajo la acción del fuego

“Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento” (Isaías 53:10). ¿Qué significan esas palabras? ¿Por qué Dios quiso quebrantarlo? Éstas son las profundidades inescrutables del misterio divino: Dios ha dado a su Hijo unigénito. Pero, además, Cristo debía ser manifestado perfecto en el sufrimiento.

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Bajo una dirección enteramente nueva

Hace unos meses vi el siguiente anuncio al frente de un gran edificio que parecía ser un hotel: «Esta casa se abrirá de nuevo al público en breve, bajo una dirección enteramente nueva». Supuse que dicho hotel había cambiado de dueño y que éste había puesto un nuevo director. El anuncio me hizo pensar en el pasaje que acabamos de citar (1 Corintios 6:19-20).

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Bautizados por un solo Espíritu

El pensamiento de Dios no es que el creyente permanezca solo. Así Juan recuerda: “Jesús había de morir… para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos” (cap. 11:51-52).

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Cabeza sobre todas las cosas a la iglesia (Efesios 1:22)

El salmista pudo decir, y podemos aplicárnoslo a nosotros mismos: “Oye, hija, y mira, e inclina tu oído; olvida tu pueblo, y la casa de tu padre; y deseará el rey tu hermosura; e inclínate a él, porque él es tu señor” (Salmo 45:10-11). Rendirle culto ¿no es la primera invitación dirigida a la que él ama?

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Castigar

El verbo paideuo (παιδεύω), en ciertos pasajes, tiene este significado. Por ejemplo en 1 Corintios 11:31-32: “Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo”.

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Columnas y cortinas (colgaduras) (Éxodo 27:9-19)

Dimensiones: 100 codos de largo por 50 codos de ancho; 56 columnas para sostener 280 codos de cortinas; la puerta, al este, sostenida por cuatro columnas, tenía un ancho de 20 codos.

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¿Cómo funciona?

Efesios 4:15-16 y Colosenses 2:19 nos muestran que el cuerpo obtiene todo de la cabeza, la cual es Cristo en el cielo. De Él, según la obra de cada miembro en particular, “el cuerpo… se aumenta con el aumento de Dios” (Colosenses 2:19, V. M.).

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¿Cómo guardar la fe?

El apóstol se dirige a Timoteo como a su “verdadero hijo en la fe” (1 Timoteo 1:2). Había nacido de nuevo; poseía esa “fe no fingida”, base de todo, que el apóstol había notado rápidamente (2 Timoteo 1:5).

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¿Cómo participar de la Cena?

¿Quién es digno de participar de ese recuerdo? Nadie, si nos miramos a nosotros mismos. Pero el Señor es digno de que nos acordemos de Él. Hizo todo al ofrecerse en sacrificio a fin de hacer “perfectos para siempre a los santificados”. Es, pues, como fruto del trabajo de su alma y por haber sido hechos “aceptos en el Amado” cómo podemos acercarnos a su mesa.

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Con Pablo

¿Habrá mejor preparación para un joven llamado al servicio del Señor que acompañar a un siervo de más edad? Aprenderá cómo conviene comportarse, cómo actuar o no actuar; participará de los ejercicios que se encuentran en toda obra para el Señor.

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¿Con quién orar?

Primero individualmente, y esto sin cesar, reservando momentos particulares para estar a solas con Dios. Pero también en familia, como la viuda de Sarepta. ¡Qué hermoso ejemplo para los hijos, si ellos disciernen que la oración es para los padres un gozo y un privilegio, y no un deber del que uno podría prescindir!

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Confesar nuestras faltas

El profeta Oseas declaraba de parte de Dios: “Llevad con vosotros palabras de súplica, y volved a Jehová, y decidle: Quita toda iniquidad” (Oseas 14:2). Es necesario expresar el arrepentimiento y confesar el mal, ir a Dios con palabras que muestren la tristeza por haberlo ofendido con nuestros hechos.

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Confesión y restauración

Numerosos versículos nos relatan cómo Job discutió y acusó a Dios, justificándose a sí mismo. Cinco versículos son suficientes para relatar la confesión que le abrió el camino a la bendición. “Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti” (v. 2). Puesto ante el poder del enemigo, Job debe reconocer que solo puede recurrir al poder de Dios.

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Confiar en Cristo es estar preparado

Ahora bien, cada creyente tiene, por fe en la obra cumplida por el Salvador –muerto por nuestros delitos y pecados, resucitado para nuestra justificación y glorificado en el cielo– lo que corresponde al «pasaje» de nuestro ejemplo; es decir, la indiscutible prueba de que su viaje al cielo está enteramente pagado, pues es cierto que la Escritura nos asegura que “en él (Cristo) es justificado tod

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Contenido del arca - Hebreos 9:4

Las tablas de la ley 

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Corregir

Es el sentido que el libro de Proverbios nos presenta muchas veces (cap. 3:11-12; 29:15; 20:30, etc.): no abarca solo la instrucción, la reprensión, sino también la corrección, la “vara”. Tal corrección implica dolor, pena, “tristeza” (Hebreos 12:11).

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¿Creer que estamos muertos con Cristo o sentirlo?

Esta es una dificultad práctica para muchas personas. Una vez oí a un creyente orar con insistencia pidiendo a Dios que le hiciera sentir que él estaba muerto con Cristo. ¿Acaso Dios nos habla de sentir que estamos muertos? ¡Lejos de esto! Él nos dice: “Consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús” (Romanos 6:11).

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Criar, educar, instruir

En Hechos 22:3 el apóstol nos dice que fue “instruido” a los pies de Gamaliel. En Tito 2:12 encontramos la gracia que nos “enseña”. Su efecto no es una enseñanza intelectual, sino una formación totalmente práctica en la vida: “Renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente”. ¡Qué educación!

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Cristo, el único sin pecado

En efecto, los panes sin levadura nos hablan de Cristo, de su humanidad y de su vida perfecta. El apóstol Pablo dice: “No conoció pecado” (2 Corintios 5:21); Pedro afirma: “El cual no hizo pecado” (1 Pedro 2:22); y Juan subraya: “No hay pecado en él” (1 Juan 3:5).

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Cristo en la profecía

Sin nombrarle expresamente, Proverbios 8:23 nos dice acerca de la Sabiduría: “Eternamente tuve el principado, desde el principio, antes de la tierra”. El concepto tener “el principado” significa literalmente en hebreo «ser ungido», lo cual implica a Cristo. a)  La “simiente”

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Cristo en nosotros

Durante los tiempos del Antiguo Testamento, esto era un “misterio”; pero ahora ha sido manifestado a los creyentes. Dios quiere dar a conocer cuáles son las riquezas de esa revelación, resumidas en estas palabras: “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Colosenses 1:26-27).

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Cristo estuvo aquí una vez

¿Cuál fue el resultado producido por semejante revelación? ¿Un cántico o la unánime elevación de alabanzas a Dios por cumplir finalmente su palabra, enviando al Mesías tanto tiempo esperado? ¿Irradiaba de gozo cada rostro? ¿Se estremecía de alegría cada corazón? ¡Al contrario! el cuadro que se nos presenta es muy distinto: “El rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él” (Mateo 2:3).

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