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La esposa
Leer Efesios 5:22-32; Mateo 13:45-46; Apocalipsis 19:7-9; 21.
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La familia de Dios
Después de haber visto lo que la gracia de Dios ha hecho por nosotros, consideremos ahora lo que ha hecho de nosotros.
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La ruina
¿Por qué esta casa, tan bien fundada y edificada en el principio, ha sido arruinada al punto de presentar la confusión actual? Mientras dormían los hombres… un enemigo ha hecho esto (Mateo 13:25, 28).
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Las tentaciones exteriores
Estas vienen de afuera y buscan hacernos caer; también ponen la fe a prueba para manifestar la realidad de ella. En nosotros, semejantes tentaciones pueden excitar la codicia, esta respuesta de un corazón malvado que encuentra su satisfacción en el mal, o, por el contrario, encontrar la fe que cuenta con Dios y que libera.
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Las tentaciones interiores
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Los recabitas - la disciplina personal
Una pregunta se impone: ¿Hay que esperar «pasivamente» la disciplina de Dios, sea para prevenir una caída o cuando se ha fallado?
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Los resultados de la oración
Sin duda los resultados de la oración son más numerosos de lo que pensamos, tanto en el mundo visible como en lo invisible; trataremos de detallar algunos de ellos. a) La paz de Dios
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Pablo - la disciplina preventiva en relación con el ministerio
Una disciplina así, ¿es verdaderamente oportuna? Los numerosos peligros que corre un siervo del Señor nos muestran por qué la Palabra señala esta necesidad.
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¿Por qué orar?
En primer lugar, para acercarnos a Dios y comunicarnos con él. La epístola a los Hebreos abunda en el verbo acercar. Nos acercamos confiadamente al trono de la gracia (cap. 4:16). Nos acercamos a Dios por Cristo, quien intercede por nosotros (cap. 7:25). Nos acercamos por el camino nuevo y vivo (cap. 10:19-22).
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Reunidos en asamblea
La Palabra reconoce ocasiones en que la Iglesia como tal está reunida en la presencia del Señor, teniendo fe en Su promesa: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Estas reuniones tienen cuatro caracteres:
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Salvados
El Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido (Mateo 18:11). El pastor que tanto buscó a su oveja, ¡con qué gozo puede decir, al volver a su casa: “Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido”! (Lucas 15:6).
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Unidos a Cristo
En nuestro primer capítulo, relativo al tema de la salvación, vimos la gracia de Dios por nosotros. En el segundo capítulo, que trata sobre la familia de Dios, vimos lo que él hace de nosotros. Y ahora, en cuanto a nuestra unión con Cristo, veremos Su obra en nosotros.
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Unidos en un solo cuerpo
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1. El principio del “remanente”
Cuando Israel hizo el becerro de oro, la justicia de Dios hubiera tenido que destruir al pueblo. Sin embargo, respondió a la intercesión de Moisés y lo perdonó.
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1. Estar dispuesto a orar
En el Salmo 32:6 leemos: “Orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado”. Si solicitamos audiencia ante un personaje importante, a veces es necesario esperar mucho tiempo para ser recibidos.
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2. El principio según el cual lo que es de Dios subsiste
Hemos visto que si la casa de Dios confiada al hombre ha sido arruinada, no ocurre lo mismo con el cuerpo de Cristo constituido por todos los rescatados. Este, a los ojos del Señor y para la fe, subsiste hoy como en los primeros días.
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Abraham
No vamos a considerar toda la historia del patriarca, sino el fruto producido por la disciplina de Dios en su vida familiar. El llamamiento a Abraham fue claro: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré” (Génesis 12:1). Sin embargo, Abraham se apartó de la instrucción divina:
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Actitud exterior
“Entra en tu aposento”, dijo el Señor Jesús en Mateo 6:6, y “ora a tu Padre que está en secreto”. 2 Reyes 4:1-6 nos da un ejemplo. Solos en su pobre habitación, la madre y sus dos hijos recogían vasijas vacías. Solo eran tres los que estaban allí, sin embargo había otra Presencia. En su angustia esa madre había clamado a Eliseo. ¿Cómo salvar a sus hijos de los acreedores?
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Actitud moral
¿Con qué actitud interior debemos acercarnos a Dios? Primeramente con respeto y reverencia. Lo vemos en Eclesiastés 5:2: “Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra”. Y aunque él se reveló a nosotros como Padre, siempre tengamos presente en la mente y en el corazón la grandeza de Aquel a quien nos dirigimos.
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Adoradores
Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. La adoración es la más alta función que los creyentes puedan cumplir en la tierra y la única que continuará en el cielo (Juan 4:23; Apocalipsis 5).
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Agar
De Egipto, Abraham no solamente había traído recuerdos, sino también a “una sierva egipcia” (cap. 16:1), que había sido introducida en la intimidad de su familia. He allí el peligro. Posiblemente se tenga en un hogar, por un tiempo, a alguna jovencita no creyente para el servicio doméstico, pero esto no es lo mismo.
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Agradecer y adorar
El incrédulo no da gracias a Dios (Romanos 1:21), mientras que las primeras palabras de un recién nacido en la fe son: Gracias, Señor. “Dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz” (Colosenses 1:12).
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Ana
Aquí no se trata de Ana la profetisa, nombrada en Lucas 2:36-38. Ella también es un ejemplo notable de una mujer de oración, quien, avanzada en edad, servía noche y día con ayunos y oraciones. La oración es, pues, un servicio confiado tanto a las hermanas como a los hermanos, a los jóvenes como a los ancianos. No se necesita un don particular para ejercerla.
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Atraer la atención sobre sí
El deseo de los ojos se demuestra también en el anhelo de brillar, de aparentar más de lo que uno es. Se manifiesta por la vanidad en el vestir, el exagerado arreglo personal, o al contrario, por el desaliño que busca un efecto semejante. Se hará alarde de lo que uno posee, como Ezequías cuando recibió a los enviados del rey de Babilonia (Isaías 39).
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