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La tormenta de nieve

Por una estrecha carretera, un ómnibus transportaba a un grupo de escolares, quienes iban de vuelta a sus casas. La tormenta de nieve era cada vez más fuerte; tan fuerte llegó a ser que en cierto momento, la vía quedó completamente tapada. El ómnibus se salió del camino y sus ruedas quedaron hundidas en la nieve y el barro.

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La víctima expiatoria

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La vida eterna

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Lista de los nombres

Jade Preciosa:                   niña china, personaje principal

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Los extranjeros

Los tres extranjeros usaban trajes chinos, pero ellos no eran chinos.

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Max, el gallina

–¡Gallina! ¡Max, el gallina! ¡Max, eres un gallina! –resonaba graciosamente desde el bosque.

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Mirar el lado bueno

Dos niñas jugaban con una pelota de plástico. Pero el viento no las dejaba divertirse a gusto porque les desviaba el balón. Entonces Nelly, enojada, dijo: –Si Dios no enviara el viento podríamos jugar tranquilas. –No, Nelly– le hizo ver su hermana Susy. Dios envía el viento para que seque la ropa que mamá lavó y que tanto necesitamos.

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Nido de cigüeñas

–Mamá ¿por qué no tenemos gansos comos los demás? Al hacer esta pregunta, Lorenzo –un pequeño de apenas diez años–no se dio cuenta de que una sombra pasaba por la pálida cara de la mujer que daba rápidas vueltas a la rueca para no estar ociosa ni siquiera en la penumbra. –Antes teníamos muchos gansos –dijo ella en voz baja, como para sí misma.

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¿No forman estos cristianos una nueva denominación?

Al volver a lo que se ha oído desde el principio, estos creyentes no forman una nueva denominación, sino que desean llevar a cabo en obediencia a la Palabra y a la voluntad de Dios, la unidad de los hijos de Dios en el vínculo de la paz (véase Efesios 4:3).

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No soy mío

Un día, la pequeña Susy dijo a su padre: –Quisiera dar algún dinero para el servicio de Dios, pero no tengo nada. –Dios no espera que le des lo que no tienes –contestó su padre. Pero hay otras cosas que puedes hacer, mira…

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No temas

Una señora estaba en el hospital. Tenía una enfermedad grave y debía ser operada. Para darse valor se puso a buscar en la Biblia todos los textos que dicen “no temas”. En ese momento pasó el médico quien al día siguiente debía realizar la operación. Se paró junto a la cama de la paciente y preguntó: –¿Qué está leyendo usted, señora?

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Nuevos amigos

Después de un momento que pareció interminable a Sinn-Tek, Jade Preciosa reapareció. Entonces salió rápidamente de su escondite para reunirse con su hermana, quien llevaba algo en su mano: –¡Mira, toma una!

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Nunca hay que mentir

Hace muchos, muchos años Fritz Oberlin, un siervo del Señor, era conocido como excelente maestro. Cierta vez llevó a vivir en su casa a una niña, quien había perdido a sus padres por ser enemigos del gobierno.

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Perdidos en la nieve

Había caído mucha nieve. Dos niños y su maestra subieron, pues, a lo alto de la montaña para patinar en un pequeño trineo. Mientras hacían el último descenso, se iba haciendo de noche. De repente el trineo se les escapó de las manos y siguió bajando solo hasta chocar contra un árbol. Tenían que ir a buscarlo, en tanto que la oscuridad avanzaba.

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¿Por qué no tienen un nombre distintivo?

Una designación particular es absolutamente condenada por la Biblia: “Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales? ¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído” (1 Corintios 3:4-5). “Y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía” (Hechos 11:26).

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Prisionero

Un magnífico saucedal se extendía a lo largo del río. En primavera y verano zumbaban en él las abejas y los abejorros. También a los niños que vivían en la ciudad les gustaba jugar allí. Cortaban varas y hacían silbatos y flautas. A nadie le molestaba el griterío de indios y vaqueros, y entre las matas había algunos lindos lugares para pescar.

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¿Qué camino?

Una niña fue por primera vez a la escuela dominical. Volvió a su casa muy entusiasmada por lo que allí había oído. Cuando la familia estuvo sentada a la mesa, ella preguntó a su padre: –¿Papá, amas tú al Salvador? El padre no quería saber nada de Dios ni de su Palabra; por lo que contestó de malhumor: –Seguramente tu madre o tu tía te enseñaron eso.

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¿Qué doctrina tienen estos cristianos?

Ellos tienen única y exclusivamente la doctrina de la Palabra de Dios. Reconocen que la Biblia (el Antiguo y el Nuevo Testamento) es en su totalidad la Revelación dada por Dios. Esta Palabra debe ser la única base de sus enseñanzas y la única guía para todos los asuntos de su vida.

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¿Qué había en el principio?

Los primeros cristianos se reunían en el nombre de Jesús según Su palabra: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20).

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¿Quién lavará mi corazón?

Para enseñar a su hija que el pecado es una cosa sucia, una madre tenía la costumbre de hacerle lavar la boca cada vez que esta mentía. Al mismo tiempo le explicaba que esas cosas malas que salían de su boca venían de su corazón malo, el cual necesitaba ser limpiado.

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¿Quiénes son esos cristianos?

Son hombres y mujeres que han venido a la cruz con sus pecados; personas que han encontrado en Jesús el perdón, la paz y la vida eterna. En ellas el Espíritu de Dios ha producido una vida nueva, la vida de Dios, por medio de su Palabra. No sólo llevan el nombre de cristianos, sino que verdaderamente han nacido de nuevo.

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Quisiera ir allá

Cierta noche, el pequeño Alfredo volvía a su casa tiritando de frío. Al llegar, su madre le preguntó: –¿Encontraste algún trabajo hoy? –No, nada. –Entonces ¿no has comido desde esta mañana? Alfredo no contestó. Después de un rato preguntó: –Mamá, ¿quién es Dios? –Hijo mío, ¡qué pregunta me haces! Será mejor que vayas a acostarte.

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Salgamos, pues, a Él, fuera del campamento

El tema propuesto hoy para nuestra meditación interesa en alto grado a nuestra vida práctica individual y a la de las asambleas. Estamos en medio de la cristiandad, de la que formamos parte. Sería erróneo, por un lado, creer que estamos fuera de ella y, por otro, que no hay más hijos de Dios que aquellos que se reúnen con nosotros alrededor del Señor.

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Seguridad

El tren llegó a una pequeña estación. Allí, un niño de unos seis años de edad subió al vagón donde yo estaba. El tren siguió su marcha. El chico, muy alegre, sentado junto a la ventanilla, contemplaba la hermosura del paisaje. Me extrañaba ver que el niño estaba solo y que nadie lo había acompañado ni despedido en la estación. Por eso le pregunté:

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