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Herederos
“Ya no eres esclavo, sino hijo”, era la conclusión de Gálatas 4:7. Pero se agrega: “Y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo”. Pablo lo confirmará a los Romanos: “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo” (Romanos 8:17).
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Hijo unigénito
El Hijo unigénito (Monogenes, eingeborene Sohn, only-begotten Son), Aquel a quien Dios “ha dado” (Juan 3:16), “su don inefable” (2 Corintios 9:15). Él es Hijo:
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Hijos (la adopción)
Efesios 1:4-5 nos dice que, “antes de la fundación del mundo”, Dios “nos escogió en él (Cristo)… habiéndonos predestinado, en su amor, a la adopción de hijos, por medio de Jesucristo, para sí mismo, según el beneplácito de su voluntad” (V. M.).
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Hijos (niños)
Somos los amados hijos de Dios
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Horeb
En la soledad del monte de Dios, en la cueva donde Moisés posiblemente estuvo refugiado cuando Dios paso delante de él (Éxodo 33:22), la palabra divina se dirigió al siervo desalentado: ¿Qué haces aquí, Elías?
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Huye y sigue
En 1 Timoteo 6:11 encontramos la exhortación: “Huye de estas cosas”. ¿De qué cosas se trata? En ese contexto son las cuestiones y contiendas de palabras, las vanas discusiones, el peligro de hacer de la piedad una fuente de ganancias y, sobre todo, el amor al dinero, raíz de toda clase de males. Luego viene el correlativo:
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“Inidos con él” (v. 5, V. M.)
Literalmente, esta expresión significa: «Hechos una misma planta con Él». Esto implica nuestra muerte con Cristo (v. 6-7) y nuestra resurrección con él (v. 8) (ver también Efesios 2:5-6). Un ejemplo permitirá comprender mejor el asunto: un árbol frutal salvaje produce frutos de poco valor o incomibles. Se cortan, pues, las ramas del árbol, a corta distancia del tronco.
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Interceder
Interceder es orar en favor de otros, especialmente de los creyentes, pero también de las almas perdidas, teniendo amor por ellas. Epafras rogaba “encarecidamente por vosotros en sus oraciones, para que estéis firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere” (Colosenses 4:12).
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Isaac
La disciplina llevó frutos en la vida del patriarca; sin embargo este necesitaba una experiencia suprema, de la cual la Palabra nos dice: “Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham” (cap. 22:1). Ya no era una disciplina destinada a poner en evidencia alguna falta y juzgarla, sino una prueba apta para hacer brillar la fe del hombre de Dios (Santiago 2:21).
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Jesús
Al anunciar el milagroso nacimiento del niño, el ángel había dicho a María: “Llamarás su nombre Jesús” (Lucas 1:31), o sea, Jehová Salvador. Más tarde, ante la inquietud de José, un ángel del Señor se le aparece en sueños y repite: “Llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21).
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Job bendecido
La Palabra nos dice que Job era un hombre perfecto y recto, que temía a Dios y se apartaba del mal. Dios mismo lo llama “mi siervo”. Fue bendecido en su familia: parece que sus siete hijos y sus tres hijas tenían buena armonía entre ellos. Tenía éxito en sus empresas: su ganado se multiplicaba, sus cultivos prosperaban.
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Job probado
Las pruebas iban a caer sobre Job. Sería despojado de sus bienes y profundamente tocado en sus afectos por medio de la muerte de sus diez hijos. Pero su actitud permanecería intachable: “Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito”. Luego fue tocado en su cuerpo, la enfermedad cayó sobre él, “una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza”.
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Jonás
Personalidad extraña de un hombre a quien le importaba más su propia reputación de profeta (2 Reyes 14:25) que la obediencia al llamamiento de Dios. ¡Se apartó de la misión divina, porque temía que esta diera fruto y desmintiera su profecía de juicio!
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Juan Marcos
Este joven, comprometido demasiado temprano en el servicio, se estancó por temor a los obstáculos y a la persecución. Qué contraste con el Señor Jesucristo, quien levantó su rostro como una piedra para subir a Jerusalén y no retrocedía ante los sufrimientos que debía enfrentar.
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Junto al mar
“Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar” (Mateo 4:18). ¿Le vemos nosotros recorrer así la ribera? Los dos hombres dejaron sus redes, fuente de sus recursos, y le siguieron; Jesús les haría pescadores de hombres.
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Justificados
Dios “… justifica al impío”, “… justifica al que es de la fe de Jesús” (Romanos 4:5; 3:26).
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La atracción exterior para los ojos
En Eva tenemos el primer ejemplo. Incitada por la serpiente, vio “que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos”. Ese deseo, una vez originado, la condujo hasta la flagrante desobediencia de un conocido mandamiento.
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La celebración de los cristianos
Los judíos celebraban la pascua en recuerdo de la liberación de Egipto. Solo el israelita de nacimiento, debidamente circuncidado, era admitido para comer el cordero asado al fuego. Si un extranjero quería participar de esta comida, debía ser circuncidado y aceptar todo lo que marcaba la posición de separación de Israel.
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La conversión
Que el trabajo de Dios se haya hecho en Timoteo es una consecuencia de 2 Timoteo 3:14-15: desde la infancia había “conocido” las Sagradas Escrituras, las cuales tenían el poder de hacerlo sabio para la salvación mediante “la fe que es en Cristo Jesús”. Luego había “aprendido”, quizás de la misma boca de Pablo, todo lo concerniente al Evangelio y a las verdades relacionadas con él.
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La corona
Para gozar de la gloria, primeramente Cristo tuvo que sufrir. “Si sufrimos, también reinaremos con él” (2 Timoteo 2:12). Pablo ya había dicho a los romanos: “Si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Romanos 8:17). Se pasa por el sufrimiento en el servicio del Señor, pero también en las diversas circunstancias de la vida.
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La disciplina
Existen diversas responsabilidades en relación con la Cena. Primeramente la de participar de ella. Luego la de juzgarse a sí mismo y discernir el cuerpo. La de no traer levadura que manche a la iglesia, a “toda la masa”. Finalmente la responsabilidad de la iglesia en cuanto a limpiarse “de la vieja levadura”, a quitar “a ese perverso de entre vosotros”.
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La disciplina voluntaria preventiva
Quizá por décima vez en su epístola el apóstol declara: “¿No sabéis?”. Esta vez no va a presentar una doctrina, sino un tema totalmente práctico: la necesidad de la disciplina preventiva en la carrera y el combate cristiano.
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La distracción
¡Qué poderosa es esta arma en las manos del enemigo para hacernos perder los beneficios del culto y de la reunión de oración!
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La diversidad en la unidad
Cristo es la cabeza del Cuerpo, el jefe (Efesios 1:22; Colosenses 1:18). Los rescatados son los miembros del Cuerpo (1 Corintios 12:27; Romanos 12:5). Los miembros son complementarios los unos de los otros, y cada uno tiene una función particular.
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