Marcos
Marcos

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 2

Curación de un paralítico – El Señor en casa de Leví

En la casa de Capernaum Jesús se dio a conocer, según el Salmo 103:3, como el que “perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias”. Con respecto al paralítico, Jesús cumplió, en el mismo orden, las dos partes de este versículo como testimonio para todos. Sí, Aquel que perdona los pecados –obra espiritual– y que da una prueba material de ello sanando la enfermedad, no puede ser otro que Jehová, el Dios de Israel.

Los publicanos recaudaban los impuestos para los romanos, lo que les procuraba a la vez su propia riqueza (guardaban una parte para ellos mismos) y el desprecio de sus compatriotas. Pero el Señor, llamando a Leví y aceptando su invitación, demostró que él no menosprecia ni rechaza a nadie. Al contrario, vino a buscar a los pecadores notorios, a los que no ocultan su estado (1 Timoteo 1:15). Se sentó a la mesa con ellos y se hizo su Amigo. Desde la caída, el hombre tiene miedo de Dios y huye de él a causa de su mala conciencia. Antes de salvar a su criatura, el primer trabajo de Dios consistía, pues, en acercarse a ella para ganar su confianza. Es lo que hizo Jesús al humillarse hasta encontrar al hombre miserable para hacerle comprender que Dios lo ama.

Ley o gracia

Si la palabra clave del perfecto Siervo es enseguida (o luego)”, la de los judíos incrédulos es “¿por qué?” (v. 7, 16, 18, 24). Al ser interrogado acerca del ayuno, Jesús explicó que se trataba de una manifestación de tristeza y, por consiguiente, no convenía mientras él estuviera con ellos. Su venida debía ser un motivo de gran gozo para todo el pueblo, como los ángeles lo habían anunciado (Lucas 2:10). Jesús aprovechó esta oportunidad para recalcar el contraste que hay entre las reglas y tradiciones del judaísmo y el Evangelio de la libre gracia que él había venido a traer. Desgraciadamente el hombre –y no solo el judío– prefiere las formas religiosas porque le permiten gozar de una buena reputación ante los demás, mientras continúa haciendo su propia voluntad. Por el contrario, el versículo 22 nos sugiere que el cristiano es un hombre enteramente renovado. Si su corazón ha sido cambiado, si está lleno de un nuevo gozo, su comportamiento exterior también tiene que ser transformado.

Los fariseos acusaban a los discípulos por recoger espigas el día de reposo. Los hombres siempre desvían de su propósito aquello que Dios les ha dado. El día de reposo era una gracia concedida a Israel, mas este pueblo la transformó en un yugo para aumentar su esclavitud moral, “un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar” (Hechos 15:10).