Marcos
Marcos

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 3

Curación en el día de reposo – Elección de los doce

Una segunda curación tuvo lugar en la sinagoga de Capernaum, y nuevamente sucedió en un día de reposo (cap. 1:21). A ese hombre que tenía la mano seca, el Señor le pidió precisamente una acción que era incapaz de cumplir. El hombre hubiera podido contestar: «Ya ves que mi mano está seca y no puedo extenderla». Pero al comenzar por obedecer, dio prueba de su fe, y ella fue la que permitió a Jesús sanarlo. Observemos la dureza del corazón de los que estaban presentes. En vez de alegrarse con aquel hombre y admirar el divino poder de Jesús, esos hombres malvados tomaron dicho milagro como pretexto para tratar de destruirlo. Pero el Señor prosiguió con su ministerio de gracia, y la multitud, entre la cual había extranjeros de Tiro y Sidón, continuó viniendo a él para oírlo y ser sanada.

Luego apartó a doce discípulos de entre aquellos que llamó a reunirse con él en el monte, y notemos la expresión: los estableció “para que estuviesen con él, y para enviarlos…” (comp. Juan 15:16). Estar con Jesús, ¡maravilloso privilegio y a la vez condición indispensable para poder ser enviado! ¿Cómo cumplir un servicio sin haber recibido la dirección del Señor previamente? (Jeremías 23:21-22). En este evangelio cada uno de los doce es nombrado individualmente, a fin de recordarnos que un siervo debe depender entera y personalmente de su Maestro para recibir dirección y socorro.

Su ministerio puesto en duda – Relación vital con Jesús

Siempre dispuesto a dejar que se le acercaran, el Señor permitió a la muchedumbre invadir la casa en la que había entrado, e inmediatamente comenzó a enseñar, sin ni siquiera tomarse el tiempo para comer. Nosotros, que a menudo estamos tan poco dispuestos a abrir nuestra puerta a los extraños, a permitir que nos molesten y a cambiar en lo más mínimo nuestras costumbres, tomemos ejemplo de esta incansable abnegación y completo renunciamiento. Pensemos también que quizá un visitante indeseable nos ha sido enviado para que le hablemos sobre la salvación de su alma.

Quizás algunas personas se sientan perturbadas por el versículo 29. Temen haber pronunciado alguna vez, sin pensarlo, una palabra culpable que nunca pueda serles perdonada. Eso es conocer mal la gracia de Dios.

La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado 
(1 Juan 1:7).

La blasfemia contra el Espíritu Santo fue el terrible pecado de Israel incrédulo. Este pueblo atribuyó a Satanás el poder del Espíritu Santo del cual Jesús estaba revestido. Esto fue extremadamente grave y contrario al sentido común (v. 26).

En el último párrafo el Señor distingue claramente a aquellos a quienes considera como miembros de Su familia. Hacer la voluntad de Dios era, y sigue siendo escuchar al Señor Jesús y obedecerle.