2 Crónicas
2 Crónicas

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 36

¿Por qué estas deportaciones sucesivas?

En su conjunto, el pueblo de Judá no siguió el ejemplo de Josías. Muchas señales lo mostraban. Se les impuso la obediencia a la ley. Durante la Pascua, estaban lejos de manifestar la misma alegría y la misma espontaneidad que en la Pascua de Ezequías. El mismo rey y los jefes tuvieron que proveer los sacrificios (cap. 35:7-9). Ahora que el fiel Josías ha sido retirado, que el justo ha sido

Quitado de delante del mal
(Isaías 57:1, V. M.),

nada impide que Jehová ejecute su juicio contra Judá. Entonces, los acontecimientos se precipitan; cuatro soberanos se suceden: Joacaz, Joacim, Joaquín y Sedequías… ¡unos peores que otros! Su espíritu de rebeldía da la ocasión, primero para Egipto y luego para Babilonia, de intervenir en los asuntos del pequeño reino. El adversario y el enemigo entran por las puertas de Jerusalén (Lamentaciones de Jeremías 4:12); tres veces se van a producir parciales transportaciones a Babilonia, sufriendo los objetos del templo la misma suerte que las personas. Los versículos 14 y siguientes subrayan que los jefes de los sacerdotes y el pueblo comparten la responsabilidad de sus reyes en el juicio que los alcanza.

La historia no termina con una constatación de fracaso

Aunque las «Crónicas” son libros de la gracia, deben concluir que “no hubo ya remedio” (v. 16); porque cuando se menosprecia la gracia, no queda sino

Una horrenda expectación de juicio
(Hebreos 10:27).

Las palabras del versículo 15: “Él tenía misericordia de su pueblo”, vienen a ser en el versículo 17: “Y no tuvo compasión” (V. M.)

De la misma manera, el que “tuvo compasión” de las multitudes… poco después pronunció una sentencia inapelable contra las ciudades de donde venían esas muchedumbres (Mateo 9:36; 11:21-23). Pese a esto, hallamos aquí todavía la misericordia divina. Al contrario de los Reyes, las Crónicas pasan muy rápidamente sobre este triste período final. Y estos libros no terminan con la transportación misma, sino con el decreto de Ciro (v. 22-23) que le pone fin, setenta años más tarde. Así, a pesar de todo, la insondable gracia de Dios tiene la última palabra.

Estos acontecimientos no son relatados como lo harían nuestros libros de historia. Dios no nos cuenta los hechos sencillamente para interesar nuestro espíritu y enriquecer nuestra memoria. Su intención es hablar a nuestra conciencia y tocar nuestro corazón. ¿Alcanzó esta meta al dirigirse a usted?