2 Crónicas
2 Crónicas

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 13

Un reinado matizado

Contrariamente a las instrucciones de la Palabra (Deuteronomio 21:15-17), Roboam establece como heredero y sucesor a Abías, hijo de su mujer preferida, Micaías (o Maaca; véase 2 Crónicas 11:20-21), la que, además, era idólatra (cap. 15:16). Con tanta infidelidad solo puede resultar un mal reinado. Y, sin embargo, la corta historia de ese rey contiene una hermosa página. Si bien se la omite en los Reyes, nuestro libro de la gracia no puede callarla. Se trata de la guerra que estalla entre Abías y Jeroboam. Según Lucas 14:31, de parte del rey de Judá era insensato emprender una guerra con la mitad de soldados que su adversario. Pero Abías cuenta con buenos medios que, a sus ojos, compensan su inferioridad numérica. Los hace valer en el discurso que dirige al ejército de Israel. Del lado de Judá, aún permanece la dinastía de David, el verdadero culto y el sacerdocio, así como la presencia de Jehová. Abías pretende no haberle abandonado (v. 10), prueba de que no se conoce a sí mismo. Finalmente, él tiene un arma secreta, más eficaz que todas; mañana veremos el decisivo papel que va a jugar: es la trompeta del júbilo (v. 12).

Una liberación inmerecida

La arenga de Abías a las tropas de Israel fue pronunciada con un tono de superioridad de muy mal gusto. Es necesaria, pues, la maniobra de rodeo de Jeroboam para poner a prueba al rey de Judá y su ejército. En un instante, este se encuentra cercado en la retaguardia, a punto de ser aplastado. Pero un camino permanece despejado: el cielo. El clamor de angustia sube a Jehová; toda presunción se ha esfumado y la fe se muestra. Ella se sirve de un instrumento de guerra extraño… pero bien conocido en la historia de Israel: las trompetas (véase Josué 6:4; Jueces 7:18). Es un arma irresistible, porque la fe que se sirve de ella se apoya en la divina Palabra y en sus promesas siempre valederas (léase Números 10:9). ¡Y el llamado de la fe es oído! El sonido agudo habla al corazón de Dios acerca del peligro que corren los suyos. Y sin duda, también habla solemnemente al corazón de los hombres de Jeroboam que hacen la guerra contra sus hermanos… y contra Jehová.

El ejército de Israel es despedazado y humillado (v. 18), prueba de que ni la fuerza (v. 3), ni la astucia (v. 13) pueden más que la confianza en Dios.