Capítulo 31
Ordenar cuidadosamente
Los israelitas que respondieron al llamado de Ezequías gozaron grandemente de la presencia de Jehová. Ahora se van llenos de celo, destruyendo por el país toda huella de la religión de los ídolos. Al experimentar personalmente el valor del verdadero culto a Dios, ahora reconocen cuánto se habían apartado de él anteriormente.
Es una verdad de gran importancia. Para ser capaz de juzgar el mal, primero se debe encontrar al Señor. Es inútil exhortar sencillamente a alguien a rechazar el mundo y sus ídolos. Empecemos por conducir esa persona a Jesús; esto dará sus frutos. Tal es la lección que Ezequías nos da aquí.
La beneficencia no se separa de los demás sacrificios (véase Hebreos 13:15-16). Las primicias y los diezmos se amontonan en ocasión de las dos grandes fiestas anuales que seguían a la Pascua: Pentecostés en el tercer mes, y los Tabernáculos en el séptimo (v. 7). El rey toma de sus propios bienes lo que es necesario para los holocaustos. Y el pueblo lo imita, como ya lo había hecho al destruir los falsos dioses. La fuerza del ejemplo es más grande que la de las palabras. En lo que nos concierne, no lo olvidemos (véase 2 Tesalonicenses 3:7-9).
Hacer lo que es bueno, justo y verdadero
El rey interroga a los sacerdotes respecto de los “montones”. De la misma manera, el Señor se entera de todo lo que damos (o no damos) para él. Siempre será poca cosa:
Cinco panes de cebada y dos pececillos
(Juan 6:9),
pero él sabrá multiplicarlo. Y habrá de sobra después que cada uno haya sido saciado (v. 10; véase Juan 6:12; Malaquías 3:10). Nada de lo que Dios nos da debe perderse o despilfarrarse.
Se designan mayordomos y administradores. Para unos, sus funciones consisten en encargarse de las provisiones, para otros, en distribuir “con fidelidad a sus hermanos sus porciones” (v. 15). “Ahora bien –dice el apóstol–, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel” (1 Corintios 4:2). Él mismo dio ejemplo de ello cuando fue personalmente a Jerusalén a llevar el producto de una colecta (Romanos 15:25-26; 1 Corintios 16:3-4). Pero esa fidelidad no es menos importante cuando se trata del alimento espiritual para el pueblo de Dios.
Ezequías hizo lo bueno, recto y verdadero, de todo corazón. Es un hermoso resumen de su actividad. ¡Ojalá el Señor pueda decir otro tanto de cada uno de nosotros al fin de nuestra carrera!
