2 Crónicas
2 Crónicas

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

Pedir en la tienda

Capítulo 6

Discurso de Salomón en el momento de la inauguración

Salomón, delante de todo el pueblo reunido, celebra al Dios de Israel y recuerda sus misericordias, así como por qué motivo el templo fue construido.

El deseo del rey es volver el corazón del pueblo hacia Jehová. Y pensamos en Aquel que proféticamente declaró, como si estuviera ya del otro lado de la muerte: “Anunciaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la congregación te alabaré” (Salmo 22:22). A veces tememos dirigirnos a Dios en nuestras oraciones. Creemos encontrar más comprensión y ternura junto al Señor Jesús. ¿No es una falta de confianza para con el Dios de amor? “El Padre mismo os ama”, afirma el Señor a sus discípulos (Juan 16:27). Cristo desea que conozcamos a su Padre como él le conoce. Pero fue necesaria la cruz para establecer esta relación. Por eso, después de su resurrección, sus primeras palabras a favor de los suyos fueron:

Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios
(Juan 20:17).

Ahora que la obra de la redención está cumplida, ya no tenemos que habérnosla con un Dios temible ni con un juez que se debe apaciguar y conmover. Para nosotros Dios es un Padre, a quien podemos acercarnos sin miedo en el nombre del Señor Jesús.

Diversas situaciones de pecados: pidiendo clemencia

Debemos notar que el estrado de bronce desde el cual el rey se dirige a Jehová, posee exactamente las mismas dimensiones que el altar de bronce del desierto (v. 13; Éxodo 27:1). Este detalle tiene un hermoso e importante significado: Con base en su sacrificio cumplido y aceptado por Dios, Cristo ejercita a favor de los suyos sus oficios de sacerdote y abogado junto al Padre. De modo que “si confesamos nuestros pecados”, Dios es “fiel y justo” para perdonarlos. Fiel y justo porque Jesús los expió en la cruz (de la cual nos habla el altar). Dios no puede pedirnos cuenta de ellos una segunda vez.

Notemos que no se dice: «… si pedimos perdón»; porque al hijo de Dios ya le fue otorgado el perdón; sino: “… si confesamos”. Y el mismo pasaje prosigue, asegurándonos que

Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados
(1 Juan 1:9; 2:1-2).

Después de los versículos 22 a 29, no muy diferentes de 1 Reyes 8:31 a 53, Salomón termina su oración valiéndose de las palabras del Salmo 132:8-10. “Oirás en los cielos… oirás desde los cielos”. Los creyentes, conocedores de la voluntad de amor del Señor, pueden decir por experiencia: “Sabemos que él nos oye” (1 Juan 5:15).