Capítulo 30
Prepararse para celebrar la Pascua
El inteligente corazón de Ezequías comprende que ahora se debe restablecer la Pascua. Esta tendrá lugar en el segundo mes, como lo autoriza Números 9:11. El amplio corazón de Ezequías abarca a todo Israel, adonde envía mensajeros… lo mismo que hoy en día el Señor hace publicar en todas partes la invitación de su gracia. ¿Halla en usted y en mí siervos a quienes puede encargar el precioso mensaje? ¿Qué contiene este?:
1. “Volveos a Jehová”: es el arrepentimiento
2. “Dad la mano a Jehová”: es la fe (v. 8, V. M.)
3. “Venid a su santuario”: es buscar el lugar de su presencia
4. “Servid a Jehová”
5. “Vuestro Dios es clemente y misericordioso” (v. 9).
Semejante mensaje encuentra muchas burlas (v. 10). La mayoría reserva una acogida incrédula e indiferente a los llamados de la gracia. No obstante, vale la pena hacerlos oír, ya que algunos se humillan y van a Jerusalén donde se reúne una gran congregación. Allí sigue la purificación empezada por los levitas. Los altares que Acaz se había hecho “en todos los rincones” de Jerusalén (cap. 28:24) van a encontrarse con las inmundicias del templo en el fondo del torrente de Cedrón (cap. 29:16).
Necesidad de la santificación práctica
Como el rey de la parábola, Ezequías hizo proclamar en todo el país la invitación de la gracia:
He aquí, he preparado mi comida… todo está dispuesto; venid
(Mateo 22:4).
Muchos no lo tuvieron en cuenta. Y de los que vinieron, una gran parte no estaban santificados (v. 17). ¿Qué hacer? ¿Deben ser enviados de vuelta a casa? ¡En absoluto! Al igual que los convidados al gran festín reciben un vestido de boda del rey, la gracia de Dios se ocupa de purificar a esos israelitas, a fin de hacerlos aptos para su santa presencia. Y esa purificación se cumple precisamente por medio de la Pascua que vinieron a celebrar. La sangre de las víctimas sacrificadas provee a su santificación.
Pensamos en la sangre de Jesús, el santo Cordero de Dios. Ella nos limpia de todo pecado (1 Juan 1:7).
En cuanto a los débiles e ignorantes, Ezequías, figura de Cristo, intercede a su favor para que Dios los perdone.
Luego viene la fiesta de los panes sin levadura. Nos habla de la santificación práctica. La acompaña un gran gozo, prueba de que la separación para Dios de ningún modo es sinónimo de tristeza. Y la oración de los portavoces del pueblo alcanza su meta: llega a la santa morada de Jehová en los cielos.
