2 Crónicas
2 Crónicas

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 32

Asaltos del enemigo

Era de esperar: “estas cosas y esta fidelidad”, agradables a Dios, eran insoportables al gran enemigo. No dejaron de excitarle contra Judá y contra su rey.

La alegría que podamos gozar en el Señor no debe hacernos olvidar la presencia del adversario que busca a quien devorar (1 Pedro 5:8). Satanás, pues, pasa al ataque. Impulsa al poderoso rey de Asiria contra Jerusalén, el cual comienza por dirigir al pueblo un discurso amenazador y pérfido: «Ezequías –les dice– os entrega a la muerte por hambre y sed» (v. 11). ¡Pura mentira! Las cámaras del santuario ¿no estaban abundantemente provistas? (cap. 31:10-12). Y gracias al acueducto que el rey acababa de construir (comp. v. 4 con 2 Reyes 18:17; 20:20), llegaba agua fresca al interior mismo de la ciudad.

Todavía hoy día, el Mentiroso habla así. Si se le escucha, seguir junto a Jesús significa exponerse a la penuria y las privaciones. ¡Pero sabemos que es absolutamente lo contrario! Cristo es el pan de vida (Juan 6:48-51), es la fuente de aguas vivas (Juan 7:37), mientras que afuera impera la sed (v. 4).

Qué hacer cuando Dios está indignado – Fin del reinado

A lo largo de los capítulos 18 y 19 del segundo libro de Reyes, leímos las injuriosas declaraciones del Rabsaces, seguidas de la carta del rey de Asiria. ¿Cómo le contesta Ezequías? ¡Por medio de la oración! Isaías y él, los dos juntos, claman a Dios a ese respecto (v. 30). Es la reunión de oración más reducida. Pero el Señor la considera como tal y, conforme a su promesa ella tiene un irresistible poder: “Si dos de vosotros se pusieren de acuerdo… acerca de cualquier cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos” (Mateo 18:19). Por un lado, dos hombres en oración; por otro, un formidable ejército. La victoria es de los primeros; la multitud de los sitiadores es aplastada, ¡y esto sin saber cómo! Su supremo jefe se vuelve “avergonzado”, y perece a su vez, asesinado por sus propios hijos (v. 21).

Después del rey de Asiria, llega el rey de los espantos: la Muerte (Job 18:14), enemigo más espantoso aún, que se presenta para tragarse a Ezequías. Pero contra ella la oración también es soberana y Dios lo libera otra vez.

¡Ay!, este feliz reinado no se acabará sin un eclipse: un grave fallo debido al orgullo, pero, gracias a Dios, seguido por la humillación y la restauración.