2 Crónicas
2 Crónicas

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 23

Joás, imagen de Jesucristo escondido en el cielo

En medio de la noche moral que reina en Judá, es como si un faro concentrara su haz de luz sobre Joás, el precioso y pequeño príncipe. En lo sucesivo, todo el consejo de Dios descansa en ese débil niño, el último “hijo de David” (Salmo 89:29, 36).

¡Cuántas analogías con otro tiempo, más sombrío aún, en el que Herodes ocupa injustamente el trono de Jerusalén! El verdadero rey de los judíos nacido en Belén es preservado, como aquí Joás, de la matanza ordenada por el usurpador. Durante toda su vida en la tierra, Jesús permaneció escondido bajo la humilde “forma de siervo” que quiso tomar (Filipenses 2:7). Y todavía está oculto a los ojos del mundo, en el cielo, donde solo la fe lo discierne y conoce. En este capítulo tenemos en figura el día de su gloriosa manifestación. Como estos levitas y jefes del pueblo, los que actualmente le sirven y le esperan le serán asociados en ese día. Aparecerán con él en gloria (véase Colosenses 3:4; 1 Tesalonicenses 3:13). ¡Qué privilegio formar parte de esa bienaventurada escolta, estar con el rey

Cuando entre y cuando salga!
(v. 7).

Creyentes, ya que esta debe ser nuestra parte, quedémonos desde ahora junto a él por la fe, mientras él por poco tiempo todavía permanece invisible en los cielos.

Ejecución de Atalía – Destrucción de los ídolos

La coronación de Joás y su aparición pública desbaratan todos los cálculos de la malvada Atalía. De la misma manera, la resurrección de Jesús anuló el complot del enemigo.

La usurpadora es muerta a filo de espada. Su súbito castigo prefigura el del Anticristo, cuando el Señor aparezca. Ese “hombre de pecado” será echado vivo al lago de fuego al mismo tiempo que el jefe del imperio romano.

Empero, como su madre Jezabel, esta execrable mujer, Atalía, asesina de sus propios nietos, nos hace pensar igualmente en la falsa Iglesia, la gran cristiandad que lo es solo de nombre. Quiso reinar y, para lograrlo, sacrificó a las almas de las cuales era responsable. ¿Cuál es el juicio del Señor?:

Porque dice en su corazón: Yo estoy sentada como reina, y no soy viuda, y no veré llanto; por lo cual en un solo día vendrán sus plagas; muerte, llanto y hambre, y será quemada con fuego; porque poderoso es Dios el Señor, que la juzga
(Apocalipsis 18:7-8).

A la muerte de Atalía le sigue la de Matán, sacerdote de Baal, y después, la solemne introducción del reinado de Joás.