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The Mackintosh Treasury

La autoridad de las Escrituras

La Escritura es la Palabra de Dios, y ella juzga al hombre a fondo. Pone al desnudo las profundas raíces de su naturaleza, descubre los mismos cimientos de su ser moral. Es el único espejo fiel en el cual puede verse perfectamente reflejado. Esta es la razón por la cual al hombre no le gusta la Escritura; no puede soportar la Palabra; intenta ponerla a un lado; le encanta buscar defectos en ella; se atreve a juzgarla.

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La gran comisión

Cuando Dios, desde lo alto del Sinaí, proclamó las duras exigencias del pacto de obras, se dirigió exclusivamente a un solo pueblo y en un solo idioma; su voz fue oída solamente dentro de los estrechos límites del pueblo judío (Éxodo 20). Pero cuando Cristo resucitado envió sus mensajeros de salvación, les dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15; compárese Lucas 3:6).

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La persona y la obra de Cristo

Siempre hallamos frescura en cada porción de la Palabra de Dios, pero más especialmente en aquellas partes que nos presentan a la bendita Persona del Señor Jesús; que nos dicen lo que era, lo que hacía, lo que decía, cómo lo hacía y cómo lo decía; que lo presentan a nuestros corazones en sus idas y venidas y en sus inmaculados caminos; en su espíritu, tono y manera, en su mirada y en su gesto. Hay algo en todo esto que domina y atrae el corazón. Es mucho más poderoso que la mera declaración de doctrinas, por importantes que sean, o que el establecimiento de principios, por profundos que sean.

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La venida del Señor

«Creemos que se ha oído el grito de medianoche: “¡Aquí viene el Esposo; salid a recibirle!” (Mateo 25:6). Reconocemos el resultado de aquel grito por la gran atención que, desde los años 1830 aproximadamente, se le ha dado a la gloriosa verdad de la venida del Señor. Durante siglos, no se oyó nada sobre el retorno del Esposo. “Mi señor tarda en venir” (Mateo 24:48), fue lo que claramente expresó la Iglesia profesante. La cristiandad estaba dormida. Pero, por la gracia de Dios, se oyó el grito –ese grito que conmueve el alma–: “¡Aquí viene el Esposo; salid a recibirle!”. ¿Estamos preparados? ¿Tenemos el aceite en nuestras vasijas –la verdadera gracia del Espíritu de Dios en nuestros corazones–? ¡Solemne pregunta!

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Lecciones del Antiguo Testamento

"Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza" (Romanos 15:4). Estas breves palabras confieren al cristiano, de manera clara e inequívoca, un título que lo habilita a recorrer el vasto y magnífico campo de las Escrituras del Antiguo Testamento y a recoger de allí instrucción y consuelo según la medida de su capacidad y el carácter o la profundidad de su necesidad espiritual.

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Temas de doctrina cristiana I

Primera parte

Las doctrinas más interesantes, así como el conocimiento más profundo de las Escrituras, pueden dejar el corazón frío y estéril. Es a Cristo a quien debemos buscar y hallar en la Palabra; y, cuando lo hallamos, debemos alimentarnos de él por la fe. Esto nos dará la frescura, la unción y el poder de vida que tanto necesitamos en estos días de frío formalismo. ¿Qué valor tiene una ortodoxia fría sin un Cristo vivo, conocido en todo su poder y en toda la excelencia de su Persona? La sana doctrina es, sin duda, de inmensa importancia; y todo fiel siervo de Cristo se sentirá imperiosamente llamado a retener “la forma de las sanas palabras” (2 Timoteo 1:13). Pero, después de todo, un Cristo vivo es el alma y la vida, la esencia y la sustancia de la sana doctrina.

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Temas de doctrina cristiana II

Segunda parte

Las doctrinas más interesantes, así como el conocimiento más profundo de las Escrituras, pueden dejar el corazón frío y estéril. Es a Cristo a quien debemos buscar y hallar en la Palabra; y, cuando lo hallamos, debemos alimentarnos de él por la fe. Esto nos dará la frescura, la unción y el poder de vida que tanto necesitamos en estos días de frío formalismo. ¿Qué valor tiene una ortodoxia fría sin un Cristo vivo, conocido en todo su poder y en toda la excelencia de su Persona? La sana doctrina es, sin duda, de inmensa importancia; y todo fiel siervo de Cristo se sentirá imperiosamente llamado a retener “la forma de las sanas palabras” (2 Timoteo 1:13). Pero, después de todo, un Cristo vivo es el alma y la vida, la esencia y la sustancia de la sana doctrina.

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La autoridad de las Escrituras: El Dios vivo y una fe viva - Josafat

Hay un hecho grandioso y sustancial que se destaca prominentemente en cada página de la Santa Biblia y del que tenemos ejemplos en cada etapa de la historia del pueblo de Dios; un hecho de inmensa importancia y de poder espiritual para todos los tiempos, pero especialmente en momentos de oscuridad, dificultad y desánimo, ocasionados por la baja condición espiritual de muchos que profesan estar

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La autoridad de las Escrituras: Introducción

La Escritura es la Palabra de Dios, y ella juzga al hombre a fondo. Pone al desnudo las profundas raíces de su naturaleza, descubre los mismos cimientos de su ser moral. Es el único espejo fiel en el cual puede verse perfectamente reflejado.

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La autoridad de las Escrituras: La Biblia - Su suficiencia y supremacía

Algunos pretenden hacernos creer que las cosas están tan cambiadas desde que la Biblia fue escrita, que sería necesaria para nosotros otra guía distinta de la que nos proporcionan sus preciosas páginas.

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La autoridad de las Escrituras: La vida y los tiempos de Josías

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La autoridad de las Escrituras: Títulos divinos

Es interesante, instructivo y edificante a la vez observar los diversos títulos con que Dios aparece en las Santas Escrituras, los cuales expresan ciertos caracteres y relaciones en que tuvo a bien revelarse a sí mismo al hombre. Estamos persuadidos de que el lector cristiano hallará un sólido provecho y un verdadero refresco espiritual con el estudio de este tema.

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La autoridad de las Escrituras: Un Salvador resucitado

El período durante el cual nuestro adorable Señor estuvo en la tumba debió ser un momento oscuro y desconcertante para muchos de los “que esperaban la redención en Jerusalén” (Lucas 2:38).

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La autoridad de las Escrituras: Una firme decisión por Cristo

Al enfocar este tema, hay dos o tres obstáculos –dos o tres dificultades– en torno a él, que en lo posible quisiéramos eliminar para que el lector pueda considerarlo en su propio terreno y apreciarlo en su verdadero alcance.

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La gran comisión: El fundamento de la gran comisión: La muerte expiatoria de Cristo

Habiendo tratado en los artículos previos acerca de los términos de «la gran comisión», procuraremos, en dependencia de la enseñanza divina, desarrollar la verdad acerca de su base.

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La gran comisión: Introducción

Cuando Dios, desde lo alto del Sinaí, proclamó las duras exigencias del pacto de obras, se dirigió exclusivamente a un solo pueblo y en un solo idioma; su voz fue  oída solamente dentro de los estrechos límites del pueblo judío (Éxodo 20). Pero cuando Cristo resucitado envió sus mensajeros de salvación, les dijo:

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La gran comisión: La autoridad y la esfera de la gran comisión

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La gran comisión: La comisión misma

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La persona y la obra de Cristo: Betania

Vayamos a los capítulos 11 y 12 de Juan y, si no nos equivocamos, hallará usted allí un exquisito manjar espiritual. En el capítulo 11, vemos lo que el Señor Jesús fue para la familia de Betania; y en el capítulo 12, lo que la familia de Betania fue para él. Toda esta porción está llena de la más preciosa instrucción.

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La persona y la obra de Cristo: El ministerio de Cristo en el pasado, el presente y el futuro

El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos (Marcos 10:45).

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La persona y la obra de Cristo: Introducción

Siempre hallamos frescura en cada porción de la Palabra de Dios, pero más especialmente en aquellas partes que nos presentan a la bendita Persona del Señor Jesús; que nos dicen lo que era, lo que hacía, lo que decía, cómo lo hacía y cómo lo decía; que lo presentan a nuestros corazones en sus idas y venidas y en sus inmaculados caminos; en su espíritu, tono y manera, en su mirada y en su gesto.

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La persona y la obra de Cristo: La plena suficiencia de Cristo

Una vez que el alma ha sido llevada a sentir la realidad de su condición delante de Dios –la profundidad de su ruina, de su culpa y de su miseria– su completa e irremediable bancarrota, no puede haber reposo hasta que el Espíritu Santo revele al corazón la plena y total suficiencia de Cristo. La única respuesta posible a nuestra ruina total es el remedio perfecto de Dios.

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La persona y la obra de Cristo: Las tres apariciones de Cristo

Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena.

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La venida del Señor: ¿Doctrina premilenaria o esperando al Hijo?

En un tiempo como el presente, cuando los conocimientos sobre cualquier materia se difunden tan extensamente, es muy necesario inculcar en la conciencia del lector cristiano la gran diferencia entre sostener la doctrina de la segunda venida del Señor y estar esperando realmente su manifestación (1 Tesalonicenses 1:10).

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