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Pláticas sencillas

La llegada a Malta

Los náufragos supieron que la isla se llamaba Malta (v. 1). Fueron bien recibidos por los nativos del lugar, quienes les encendieron un gran fuego para que se calentasen y secasen sus vestidos, porque hacía frío y seguía lloviendo (v. 2). Pablo no permaneció inactivo. Fue a recoger ramas secas para alimentar el fuego y mientras una víbora, queriendo huir del calor, se le prendió de la mano (v.

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La madre y los hermanos de Jesús

La madre y los hermanos de Jesús según la carne, son figura del pueblo judío con el cual el Señor ya no podía tener relación. En los versículos anteriores, Jesús mostró cómo trabajaba para obtener un pueblo que llevara fruto. Ahora reconoce como su familia solo a aquellos que escuchan su palabra y la ponen en práctica.

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La madre y los hermanos del Señor

Cierto día, mientras Jesús hablaba a las multitudes, vinieron a decirle que su madre y sus hermanos querían hablarle. Pero él respondió: “¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, y hermana, y madre”.

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La misión de los doce apóstoles

Al final del capítulo anterior, Jesús dijo a los discípulos que rogaran al Señor de la mies a fin de que enviara obreros a su mies. Aquí, él mismo los envió. Pues, a pesar de su humillación, él era el Señor de la mies, el Señor de todo. Se revelaba como tal anunciando a su pueblo que el reino de los cielos se había acercado.

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La moneda perdida

La parábola de la mujer que buscaba una moneda que se le había perdido, presenta una vez más el amor de Dios para con el pecador perdido. Aquí otra vez, toda la actividad proviene del que busca, pues es imposible que una moneda vuelva sola de su extravío.

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La muerte de Esteban

Al ver pasar delante de sus ojos el cuadro espantoso aunque real de su propia historia, los judíos “se enfurecían en sus corazones, y crujían los dientes contra él” (v. 54). Nada exaspera tanto al hombre como oír la verdad sobre lo que él es, sin que sea tocado por la gracia de Dios. ¡Qué contraste entre estos hombres y la samaritana!

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La muerte de Herodes

Si el corazón de los discípulos rebosaba de gozo después de la liberación de Pedro, no sucedía lo mismo con los soldados que debían custodiarlo, como tampoco en casa de Herodes. Cuando fue de día, “hubo no poco alboroto entre los soldados sobre qué había sido de Pedro” (v. 18). ¡Es lógico!

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La muerte de Jesús

La obra estaba cumplida, Jesús no tenía nada más que hacer en la cruz. En plena posesión de sus fuerzas, lanzó un fuerte grito y exhaló. Este último acto de su vida fue un acto de obediencia, como todo lo que había hecho hasta entonces. Él dio su vida por obediencia. Había dicho a sus discípulos: “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.

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La muerte de Jesús

A diferencia de Mateo y de Marcos, Lucas destaca más los sufrimientos del Señor en Getsemaní que los que sufrió en el Gólgota. Describe los terrores que la cercanía de la muerte producía sobre el Hombre perfecto, su dependencia en el sufrimiento, su sumisión a la voluntad del Padre para recibir de su mano la copa de dolores.

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La muerte de Juan el Bautista

En el capítulo 11:2 a 6, vimos a Juan el Bautista en la cárcel. Aquí conocemos la causa de su encarcelamiento. Herodes, el príncipe que gobernaba en Galilea, aunque sentía cierto respeto por Juan, lo hizo encarcelar porque Juan le había dicho que no le era lícito tener por mujer a Herodías, su cuñada. Por esta causa ella lo odiaba y quería que Herodes lo hiciera matar.

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La muerte y la sepultura de Jesús

“Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu” (v. 50). Todo lo que Jesús tenía que hacer lo había hecho, no era necesario que permaneciera más tiempo en la cruz. Normalmente los crucificados debían esperar, con muchos sufrimientos, que una muerte lenta y natural pusiese fin a su larga agonía. A veces se quedaban tres o cuatro días en la cruz antes de expirar.

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La mujer cananea

Jesús se retiró después a la vecindad de Tiro y de Sidón. Allí, como en cualquier otra parte, el poder del diablo se hacía sentir. Pero también se encontraba, en una pobre pagana, la fe en el poder y en la bondad del Señor. Una mujer cananea, al ver a Jesús, clamó: “¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio” (v. 22).

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La mujer sirofenicia

Versículos 24-30: Jesús fue a las regiones de Tiro y de Sidón, y entró en una casa, pero no quería que nadie lo supiera.

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La multiplicación de los panes

Lo que el capítulo precedente narra sucedió en Judea. Este capítulo nos traslada a Galilea, donde el Señor recorrió las orillas del lago de Genezaret, llamado aquí el mar de Galilea o de Tiberias.

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La multiplicación de los panes

Habiéndose llevado de la cárcel el cuerpo de Juan, sus discípulos le dieron sepultura y fueron a contar a Jesús lo que había sucedido. “Oyéndolo Jesús, se apartó de allí en una barca a un lugar desierto y apartado”. ¡Qué efecto más penoso debió producir la muerte de Juan en el corazón del Señor!

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La negación de Pedro

Mientras Jesús estaba ante Caifás, otra escena tenía lugar en el patio donde se hallaba Pedro. Una criada se le acercó, diciendo: “Tú también estabas con Jesús el galileo. Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices”. Luego le vio otra criada, y dirigiéndose a los que estaban presentes, les dijo: “También este estaba con Jesús el nazareno.

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La negación de Pedro

Quienes prendieron a Jesús lo llevaron a la casa del sumo sacerdote. Pedro lo seguía de lejos, queriendo mantener la promesa que había hecho en el versículo 33. ¡Pobre Pedro! Hubiera sido mejor esconderse y ponerse a orar, como Jesús le había dicho. En el patio ardía un fuego, pues hacía frío (Juan 18:18), y Pedro se encontró entre aquellos que se calentaban.

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La niñez de Jesús

Dios no ha considerado oportuno relatarnos la historia de la vida de Jesús desde su nacimiento hasta el comienzo de su ministerio.

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La obra de Dios

“Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían” (v. 25). ¡Qué predicación para los prisioneros que oían cantar a esos hombres doloridos por los golpes, pero cuyos corazones rebosaban de gozo y paz! Ellos manifestaban un poder y una felicidad que solo podían venir de Dios y que, sin duda, no poseía ninguno de aquellos que los escuchaban.

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La obra del enemigo

No se ataca al enemigo en su terreno sin que él se defienda. Asesino y mentiroso, quiere guardar a sus víctimas hasta la consumación de su perdición; por eso hace lo posible para impedir que los siervos del Señor cumplan su obra. Así se ve en el siguiente relato.

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La obra en Derbe

Rodeado por los discípulos, Pablo tuvo la fuerza para levantarse y entrar en la ciudad; de allí partió al día siguiente para Derbe con Bernabé. El Señor tuvo que sostenerlo poderosamente para que pudiera continuar su servicio después de haber sido apedreado y dejado por muerto. Sin duda, hace alusión a esta circunstancia en 2 Corintios 11:25, cuando dice que fue “una vez apedreado”.

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La ofrenda de la viuda

En contraste con la conducta de los escribas, Jesús observó a una viuda pobre en medio de los que echaban dinero en el tesoro del templo. La gente rica echaba mucho dinero, pero esta viuda echó dos blancas, pequeñas monedas de cobre que valían poco más que un centavo de nuestra moneda. Como valor material era poca cosa; pero según la apreciación del Señor, ella dio más que los otros.

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La ofrenda de la viuda

Entre quienes echaban sus ofrendas en el templo, Jesús vio junto a los hombres ricos a una pobre viuda que echaba dos blancas. Esta era la moneda más pequeña que existía en ese tiempo. Comparada con las ofrendas de los ricos, era muy poca cosa. Pero el Señor juzga nuestras ofrendas por su valor moral, no material. Jesús dijo: “En verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos.

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La oración

En estos versículos el Señor se dirige nuevamente a los discípulos: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos”.

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