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La conversión y el nuevo nacimiento
El capítulo 1 de la primera epístola a los Tesalonicenses presenta una muy hermosa y notable descripción de lo que podemos llamar verdadera conversión. Esperamos que su estudio resulte de interés y de provecho para nuestras almas, pues nos proporciona una respuesta clara y precisa a la pregunta: «La conversión: ¿Qué es?». Este tema no es de poca importancia. En tiempos como los actuales, es bueno tener una respuesta divina a tal pregunta.
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La gran comisión
Cuando Dios, desde lo alto del Sinaí, proclamó las duras exigencias del pacto de obras, se dirigió exclusivamente a un solo pueblo y en un solo idioma; su voz fue oída solamente dentro de los estrechos límites del pueblo judío (Éxodo 20). Pero cuando Cristo resucitado envió sus mensajeros de salvación, les dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15; compárese Lucas 3:6).
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La Iglesia, el cuerpo de Cristo
«Dios tiene una Iglesia en el mundo. Así como antaño había una “congregación en el desierto” (Hechos 7:38), hay hoy una Iglesia que pasa por este mundo como Israel pasaba por el desierto. Israel no era del desierto, sino que pasaba a través de él; la Iglesia de Dios no es del mundo (Juan 17:16): no hace más que atravesarlo. Hay actualmente en la tierra “un Cuerpo”, en el que habita el Espíritu, unido a Cristo, la Cabeza. Esa Iglesia, ese Cuerpo, está constituido por todos los que creen verdaderamente en el Hijo de Dios, y que están unidos en virtud del gran hecho de la presencia del Espíritu Santo. No se trata de una opinión, o de cierta idea que pueda aceptar o no a gusto de cada cual. Es un hecho divino.
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La nueva vida del creyente
Del nuevo nacimiento a la gloria
Uno no es salvo por las buenas obras que cumpla: “Dios… nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia” (Tito 3:5). Es también un grave error pensar que es necesario completar de alguna manera la obra de Cristo respecto de nuestros pecados, al cumplir buenas obras que nos acrediten méritos (Efesios 2:9). La Palabra de Dios es muy clara: hemos sido “creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10).
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La obra de evangelización
«Necesitamos evangelistas; queremos evangelistas sinceros, fieles y de ancho corazón; hombres que conocen su trabajo, y que están decididos, por la gracia de Dios, a dedicarse con empeño a él, sin importar quién lo subestime. Dios ha dicho que los pies del evangelista son “hermosos” (Romanos 10:15). El cielo entero está interesado en la obra de evangelización; y nunca hemos conocido a un santo espiritual en la tierra que no estuviese interesado en esta obra... El evangelio de la gracia de Dios se dirige al hombre perdido, muerto en sus “delitos y pecados” (Efesios 2:1), y no hace ninguna diferencia entre judíos y gentiles.
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La oración
“Señor, enséñanos a orar” (Lucas 11:1)
Primero es necesario escuchar, luego hablar. “Hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero” (Éxodo 33:11). Hoy el creyente goza de un privilegio aún mayor: comunicarse con Dios no solo como con su amigo, sino escucharle y hablarle como a su Padre.
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La persona y la obra de Cristo
Siempre hallamos frescura en cada porción de la Palabra de Dios, pero más especialmente en aquellas partes que nos presentan a la bendita Persona del Señor Jesús; que nos dicen lo que era, lo que hacía, lo que decía, cómo lo hacía y cómo lo decía; que lo presentan a nuestros corazones en sus idas y venidas y en sus inmaculados caminos; en su espíritu, tono y manera, en su mirada y en su gesto. Hay algo en todo esto que domina y atrae el corazón. Es mucho más poderoso que la mera declaración de doctrinas, por importantes que sean, o que el establecimiento de principios, por profundos que sean.
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La progresiva revelación de Dios
“Jehová ha dicho que él habitaría en la oscuridad” (2 Crónicas 6:1). Cuando la nube –presencia de Dios– llenó el tabernáculo o el templo, ni los sacerdotes ni el mismo Moisés, en su tiempo, podían penetrar en él, “porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Dios” (Éxodo 40:35; 2 Crónicas 5:14). Él “habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver” (1 Timoteo 6:16). En otras palabras, él es desconocido en la tierra, permanece inaccesible en la luz celestial. Cuando Moisés desea ver la gloria de Dios, Jehová le responde: “No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá” (Éxodo 33:20). Sin embargo, a través de los siglos –como lo dice Pablo a los atenienses– algunos han buscado “si en alguna manera, palpando, puedan hallarle” (Hechos 17:27). Incluso un filósofo griego como Platón no pudo más que «palpar». Era necesario que Dios se revelase.
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La tentación y el socorro divino
¿Qué es la tentación? Es la incitación a pecar. Y pecar es, fundamentalmente, hacer la propia voluntad, la cual se opone a lo que uno sabe que es la voluntad de Dios. Esta “voluntad de Dios” la resume el Señor mismo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas… Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:30-31).
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La venida del Señor
«Creemos que se ha oído el grito de medianoche: “¡Aquí viene el Esposo; salid a recibirle!” (Mateo 25:6). Reconocemos el resultado de aquel grito por la gran atención que, desde los años 1830 aproximadamente, se le ha dado a la gloriosa verdad de la venida del Señor. Durante siglos, no se oyó nada sobre el retorno del Esposo. “Mi señor tarda en venir” (Mateo 24:48), fue lo que claramente expresó la Iglesia profesante. La cristiandad estaba dormida. Pero, por la gracia de Dios, se oyó el grito –ese grito que conmueve el alma–: “¡Aquí viene el Esposo; salid a recibirle!”. ¿Estamos preparados? ¿Tenemos el aceite en nuestras vasijas –la verdadera gracia del Espíritu de Dios en nuestros corazones–? ¡Solemne pregunta!
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Las siete fiestas de Jehová
Etapas de la vida cristiana
Las fiestas de Jehová, como están expuestas en Levítico capítulo 23, eran “fiestas solemnes”, es decir, tiempos fijados para acercarse a Dios y presentarle sacrificios (v. 37). Según el pensamiento divino, no eran fiestas del pueblo, sino “las fiestas solemnes de Jehová”, santificadas para él y para su gloria. Cuando la tradición y los ritos las despojaron de su verdadero carácter –hasta el punto de excluir de ellas al mismo Señor Jesús–, esas fiestas fueron llamadas meramente “fiesta de los judíos” (Juan 5:1; 7:2).
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Lecciones del Antiguo Testamento
"Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza" (Romanos 15:4). Estas breves palabras confieren al cristiano, de manera clara e inequívoca, un título que lo habilita a recorrer el vasto y magnífico campo de las Escrituras del Antiguo Testamento y a recoger de allí instrucción y consuelo según la medida de su capacidad y el carácter o la profundidad de su necesidad espiritual.
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Lenguaje simbólico del Apocalipsis
La idea de ofrecer una interpretación del lenguaje simbólico del Apocalipsis no es nueva, ya que muchos llamaron la atención sobre su indiscutible utilidad; pero, vista la imposibilidad de definir un símbolo mediante una fórmula, esta interpretación presentaba numerosas dificultades.
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Más fruto
La disciplina paternal
Nuestro tema parece austero a primera vista, sin embargo es muy actual. A menudo los jóvenes y los menos jóvenes se preguntan: «¿Por qué permitió Dios tal acontecimiento en mi vida? ¿Por qué perdí mis exámenes? ¿Por qué mi madre está enferma? ¿Por qué este duelo?». A tales preguntas se dan dos grandes categorías de respuestas; una es la del fatalismo: «Estaba ya escrito; solo hay que aceptarlo y someterse, porque es inevitable». La otra respuesta, la cristiana, es muy diferente: «¿Qué quieres enseñarme?».
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Nehemías
Estudio sobre el libro de
El libro de Nehemías, hijo de Hacalías, no es la continuación inmediata del libro de Esdras. Comienza en el vigésimo año de Artajerjes (Mano Larga), es decir, trece años después de la llegada de Esdras a Jerusalén (comp. Esdras 7:7), que tuvo como resultado los acontecimientos relatados en los capítulos 7 a 10 de su libro. Durante estos trece años, el “remanente” había caído en el oprobio y en una gran miseria. Es cierto que el templo estaba reconstruido, pero en una ciudad sin defensas estos pobres judíos estaban en constante peligro de sucumbir bajo los ataques de sus enemigos; y la casa de Dios, objeto de su solicitud, estaba expuesta a un nuevo saqueo.
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¿Qué pasa después de la muerte?
“Si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis” (Juan 8:24). “Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor” (Apocalipsis 14:13). Cualesquiera que sean las causas de fallecimiento contadas por las estadísticas, sea que se muera en la cama, en el hospital o en la carretera… conforme a las Escrituras sólo hay dos maneras de morir.
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¿Quién es Jesús?
Cuando Jesús preguntó: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:15-16). Se lo había revelado el Padre, y por esta razón es llamado “bienaventurado”. Al final de su vida, sabiendo que en breve debía abandonar el cuerpo (2 Pedro 1:14), el apóstol hace una exhortación muy importante: “Creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (cap. 3:18). De un modo muy simple, y sin duda muy parcialmente, hemos intentado mostrar algunas de las glorias de esta Persona maravillosa, cuya profunda contemplación puede transformar nuestras vidas (2 Corintios 3:18). Mientras estemos en la tierra, nunca podremos escudriñar todo este misterio. “Nadie conoce al Hijo, sino el Padre” (Mateo 11:27). En su oración, el mismo Señor Jesús decía: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3). Efectivamente, “este es el verdadero Dios, y la vida eterna” (1 Juan 5:20).
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Temas de doctrina cristiana I
Primera parte
Las doctrinas más interesantes, así como el conocimiento más profundo de las Escrituras, pueden dejar el corazón frío y estéril. Es a Cristo a quien debemos buscar y hallar en la Palabra; y, cuando lo hallamos, debemos alimentarnos de él por la fe. Esto nos dará la frescura, la unción y el poder de vida que tanto necesitamos en estos días de frío formalismo. ¿Qué valor tiene una ortodoxia fría sin un Cristo vivo, conocido en todo su poder y en toda la excelencia de su Persona? La sana doctrina es, sin duda, de inmensa importancia; y todo fiel siervo de Cristo se sentirá imperiosamente llamado a retener “la forma de las sanas palabras” (2 Timoteo 1:13). Pero, después de todo, un Cristo vivo es el alma y la vida, la esencia y la sustancia de la sana doctrina.
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Temas de doctrina cristiana II
Segunda parte
Las doctrinas más interesantes, así como el conocimiento más profundo de las Escrituras, pueden dejar el corazón frío y estéril. Es a Cristo a quien debemos buscar y hallar en la Palabra; y, cuando lo hallamos, debemos alimentarnos de él por la fe. Esto nos dará la frescura, la unción y el poder de vida que tanto necesitamos en estos días de frío formalismo. ¿Qué valor tiene una ortodoxia fría sin un Cristo vivo, conocido en todo su poder y en toda la excelencia de su Persona? La sana doctrina es, sin duda, de inmensa importancia; y todo fiel siervo de Cristo se sentirá imperiosamente llamado a retener “la forma de las sanas palabras” (2 Timoteo 1:13). Pero, después de todo, un Cristo vivo es el alma y la vida, la esencia y la sustancia de la sana doctrina.
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Temas prácticos de la vida cristiana
Nada tiene valor a los ojos de Dios sino lo que brota del amor personal a Cristo y de la comunión con él. Podemos saber las Escrituras al dedillo; podemos predicar con notable elocuencia y fluidez, con una fluidez tal que las almas poco experimentadas pueden muy fácilmente confundir con «poder»; pero, oh, si nuestros corazones no beben profundamente de la Fuente; si el motor que los anima no es hacer del amor de Cristo una realidad práctica, todo terminará en algo fugaz y pasajero.
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Timoteo
Siervo de Jesucristo
Timoteo era un discípulo de quien daban buen testimonio los hermanos de su propia asamblea y los de la región. Se habían dado profecías en cuanto al don de gracia que Dios le impartiría (1 Timoteo 1:18; 4:14). Él había recibido este don de gracia, más concretamente de pastor y maestro. Timoteo fue un fiel compañero del apostol Pablo. ¿Habrá mejor preparación para un joven llamado al servicio del Señor que acompañar a un siervo de más edad? Aprenderá cómo conviene comportarse, cómo actuar o no actuar; participará de los ejercicios que se encuentran en toda obra para el Señor.
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Tito
Estudio sobre la epístola a
Se ha hecho notar con justicia que cada una de las epístolas dirigidas a Timoteo y a Tito extraen su propio carácter de la misión que el apóstol había encargado a sus dos delegados y compañeros de obra. Timoteo debía velar por la sana doctrina (1 Timoteo 1:3-4) y Tito por el orden en la casa de Dios (Tito 1:5).
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Tú y tu casa
El cristiano en el hogar
Hay dos casas que ocupan un lugar muy prominente en las páginas inspiradas: La casa de Dios y la casa del siervo de Dios. Dios atribuye una gran importancia a su casa, y justamente porque es suya. Su verdad, su honor, su carácter y su gloria están comprometidos en el carácter de su casa. Por tal motivo, es su deseo que la expresión de lo que Él es se manifieste con total claridad en lo que le pertenece.
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Una sola ofrenda, varios sacrificios
Levítico 1 a 7
Nos proponemos considerar la muerte del Señor Jesús, “la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” (Hebreos 10:10). Será el tema central de la adoración de los redimidos en la eternidad, pero, aunque no podamos sondearlo aquí abajo, es la voluntad del Señor que nuestros corazones se ocupen en él.
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