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Resumen

1)   Todos los que participan en el partimiento del pan deben tener la vida de Dios. Es imposible aceptar a los incrédulos en la Mesa del Señor. 2)   Quien participa en el partimiento del pan no debe vivir en el mal, pues esto contamina a toda la asamblea.

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Resumen

Aunque en la Biblia no hay una exhortación directa a partir el pan el domingo, sí encontramos una serie de indicaciones que nos permiten reconocer el domingo como el día más apropiado para ello. Los primeros cristianos también lo hacían los domingos. El domingo es el día de los nuevos comienzos, el día de la resurrección del Señor.

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Resumen

La reunión de culto no se basa en prescripciones, pero tiene un carácter que deseamos respetar. Nos reunimos para dar gracias y adorar a Dios. El centro de nuestros pensamientos es la obra del Señor Jesús en la cruz. No nos reunimos para pensar en nuestra salvación, sino en el Salvador. Al comer el pan y beber la copa, proclamamos su muerte.

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Resumen

El partimiento del pan es un acto vinculado a la asamblea local, como enseña la Biblia. Partimos el pan donde el Señor Jesús está en medio de su pueblo reunido en su nombre. Hacerlo de otra manera va en contra de los pensamientos de Dios.

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Resumen

El mismo Señor Jesús instituyó la Cena para sus discípulos. El pan y la copa son los símbolos de su muerte y nos recuerdan su cuerpo entregado y su sangre derramada. El partimiento del pan tiene dos aspectos fundamentales. Por un lado, anunciamos su muerte (aspecto personal), y por el otro, expresamos la comunión con él y entre nosotros (aspecto colectivo).

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Resumen

En nuestro rápido bosquejo hemos llegado así al fin de una división marcada en el libro que estudiamos. Hemos empezado por “el arca del pacto” hasta llegar al “altar de bronce”, para volver luego del “altar de bronce” a la “santa unción”.

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Resumen: ¿Por qué partimos el pan?

1)   Es una invitación de nuestro Señor a sus discípulos ante su inminente sufrimiento y muerte en la cruz. Para nosotros es un gran gozo responder a esta invitación. 2)   Expresamos la comunión con nuestro Señor y nuestra íntima relación con él, el Salvador crucificado.

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Retractación de Job

Aquí comienza la retractación de Job. Todas sus anteriores declaraciones acerca de Dios y Sus caminos él las señala ahora como «palabras sin entendimiento». ¡Qué confesión! ¡Qué momento en la vida de un hombre cuando este descubre que había estado sumido completamente en el error! ¡Qué notable vuelco! ¡Qué profunda humillación!

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Rubén, Gad y Manasés al otro lado del Jordán

Volvamos a nuestro capítulo, donde el legislador repite a oídos del pueblo su conducta con los dos reyes de los amorreos, y los hechos relacionados con la heredad de las dos tribus y media en el lado del Jordán que corresponde al desierto.

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Rubén y Judá

“Cuando Moisés nos ordenó una ley, como heredad a la congregación de Jacob. Y fue rey en Jesurún, cuando se congregaron los jefes del pueblo con las tribus de Israel. Viva Rubén, y no muera; y no sean pocos sus varones” (v. 4-6). Nada se nos dice aquí de la inconstancia de Rubén, ni de su pecado. Predomina la gracia. Las bendiciones fluyen en rica abundancia del corazón de Dios.

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Salgamos a Él fuera del campamento

Consideremos lo que se hacía con la “carne” o “cuerpo” de la víctima, en el cual encontramos, como ya dicho, la verdadera base del discipulado. “Todo el becerro sacará fuera del campamento a un lugar limpio, donde se echan las cenizas, y lo quemará al fuego sobre la leña” (cap. 4:12). Este acto debe ser considerado desde dos puntos de vista:

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“Santo”

Después de haber dado un vistazo al fundamento, fijémonos ahora en el edificio mismo que se levanta sobre él. Esto nos conducirá al segundo de nuestros tres vocablos tan importantes.

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Sardis

Pero, ¿qué diremos de Sardis? ¿Se trata de la Iglesia restaurada? Nada de eso. “Tienes nombre de que vives, y estás muerto” (cap. 3:1). Esta no es ninguna iglesia restaurada o reformada, sino algo muerto, a la que el Señor amenaza con venir como ladrón, en lugar de alentarla con darle “la estrella de la mañana”.

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Se puede ser religioso, líder religioso o teólogo y no tener la vida

Esto es vida y paz. Es mucho más que mera teología sistemática. La teología tiene su valor, pero no se olvide que un hombre puede ser un teólogo profundo y capaz, y, con todo, vivir y morir sin Dios y condenarse eternamente. ¡Qué pensamiento tan solemne, tan tremendo, tan abrumador!

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Séfora, tipo de la Iglesia

Ya se ha hecho notar que Séfora representa a la Iglesia de manera interesante e instructiva. Ella fue unida a Moisés durante la época en que este era rechazado por sus hermanos. El pasaje que acabamos de citar nos enseña que la Iglesia es llamada a conocer a Cristo como Aquel a quien está unida “por la sangre”, siendo su privilegio beber de su copa y ser bautizada de su bautismo.

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Segunda carta - El Espíritu Santo

Querido amigo A.: Hay un punto en relación con nuestro tema que ha ocupado mucho mi mente. Se trata de la inmensa importancia de cultivar una fe genuina en la presencia y bajo la acción del Espíritu Santo. Es menester que recordemos, en todo momento, que nosotros no podemos hacer nada, y que Dios, el Espíritu Santo, lo puede hacer todo. El versículo

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Segunda objeción

La segunda objeción de Faraón participa en mucho del mismo carácter y tendencia de la primera. “Dijo Faraón: Yo os dejaré ir para que ofrezcáis sacrificios a Jehová vuestro Dios en el desierto, con tal que no vayáis más lejos” (cap. 8:28).

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Segunda respuesta: Comunión con el Señor

Por medio del partimiento del pan mostramos nuestra comunión con el Crucificado. Pablo escribió a los corintios: La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? (1 Corintios 10:16).

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Sellados con el Espíritu Santo

El sello con el cual el creyente es sellado en la actualidad, no es, como entonces, una señal en la carne, sino que es El Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención (Efesios 4:30).

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Separación y comunión

Sin embargo –acordémonos de ello– la verdadera separación del mundo solo puede resultar de la comunión con Dios. Nos podemos separar del mundo y hacer de nuestra propia persona el centro de nuestra existencia, al estilo de monje o filósofo cínico. Pero la separación para Dios es cosa muy diferente.

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Séptima carta - La Escuela Dominical

Querido amigo A.: Por falta de espacio, me vi obligado a finalizar mi última carta sin siquiera tocar el tema de la Escuela Dominical. Sin embargo, debo dedicar una o dos páginas a una rama de la obra que ha ocupado un lugar muy amplio en mi corazón por treinta años. Consideraría que mi serie de cartas quedaría incompleta si no hubiese tocado este tema.

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Sexta carta - La predicación del Evangelio

Querido amigo A.:

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Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?

El gran remedio contra todos los temores derivados de la incredulidad consiste en fijar los ojos en el Dios vivo; de ese modo el corazón se eleva sobre las dificultades de cualquier naturaleza. De nada sirve negar que existen dificultades e influencias adversas de toda clase. Esto no daría consuelo ni ánimo al corazón abatido.

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Si el creyente vuelve a pecar, ¿qué pasa entonces?

Es cierto que, si el pecador perdonado comete pecado, su comunión con Dios es interrumpida y que ella solo puede ser restablecida por la sincera confesión de su pecado. “Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad” (1 Juan 1:6). Pero, si bien mi comunión puede ser interrumpida, mi título jamás puede ser anulado.

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