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La fiesta de los panes sin levadura

En todas las Escrituras, la fiesta de los panes sin levadura está íntimamente ligada a la Pascua. No se podría creer en el Señor Jesús y seguir viviendo como antes. “Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta… con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad” (1 Corintios 5:7-8).

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La fiesta de los tabernáculos

Como la fiesta de los panes sin levadura, la de los Tabernáculos duraba siete días.

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La gavilla por primicia

La Pascua y la fiesta de los panes sin levadura podían ser celebradas en el desierto, pero para traer al Señor la gavilla por primicia era menester haber entrado en la tierra que él les daba. La Pascua era sacrificada por la tarde, a la puesta del sol, y comida en la noche. En la mañana todo estaba terminado (Deuteronomio 16:6-7).

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La historia de la Iglesia tal como Jesucristo la ve

Como vimos anteriormente, los capítulos 2 y 3 del Apocalipsis nos dan una visión profética de la historia de la Iglesia. No de la Iglesia como cuerpo de Cristo, compuesto exclusivamente de convertidos, sino en cuanto a su responsabilidad como testimonio de Dios aquí en la tierra.

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La ofrenda vegetal

En la ofrenda vegetal, no se trata de una víctima degollada, de sangre derramada, de propiciación ni de pecado. La ofrenda no es ofrecida para “ser aceptada”.

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La pascua

Dios quiere reunir un pueblo alrededor de sí mismo en su reposo para que publique Su alabanza (Isaías 43:21). Para que ello sea posible, todo debe estar en orden no solamente en gracia, sino también en justicia, porque Dios es tanto luz como amor. En figura, la Pascua echa los fundamentos de esta obra.

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Los sacrificios por el pecado

Los sacrificios por el pecado y por la culpa no eran librados al discernimiento del israelita; eran ofrendas obligatorias cuando se había cometido alguna falta: “Cuando alguna persona pecare… traerá por su ofrenda…” (Levítico 4:2, 28).

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Método de investigación

Si vamos a ocuparnos del contenido de las profecías, puede formularse la siguiente pregunta: ¿Cómo es posible que los resultados de diferentes investigadores se hallen tan en desacuerdo unos con otros?

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Otras observaciones sobre las profecías

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Pentecostés

Pentecostés se ubica en el centro de las siete fiestas, es el desenlace de las tres primeras. En cierto sentido las fiestas habrían podido terminar allí si el Espíritu de Dios no hubiera tenido en vista la restauración futura de Israel, tipificada por las tres últimas. Asimismo, en la vida del creyente, la restauración a veces es tan necesaria.

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Prólogo

Las fiestas de Jehová, como están expuestas en Levítico capítulo 23, eran “fiestas solemnes”, es decir, tiempos fijados para acercarse a Dios y presentarle sacrificios (v. 37). Según el pensamiento divino, no eran fiestas del pueblo, sino “las fiestas solemnes de Jehová”, santificadas para él y para su gloria.

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Prólogo a la versión castellana

En estos últimos tiempos, en estos días en que los corazones de los hombres se llenan de espanto a causa de las cosas que suceden o han de acontecer pronto, nos es grato ofrecer, a creyentes y amigos de habla castellana, la presente adaptación de la obra del siervo del Señor y autor cristiano holandés H. L.

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¿Tiene Israel un porvenir?

En algunas porciones de la Palabra, Dios es llamado: “El Altísimo, Poseedor de los cielos y de la tierra”. Y en Apocalipsis 11:4, “el Señor de toda la tierra” (V. M.).

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¿A quién da Dios las profecías?

La anterior cita del profeta Amós nos da ya la contestación: ciertamente, no al mundo. Desde luego, el porvenir del mundo está ya profetizado. ¿Nos hemos fijado, acaso, en que una parte importante de las profecías la constituye el anuncio del juicio venidero sobre los diferentes pueblos y naciones?

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¿A quién da Dios las profecías?

La anterior cita del profeta Amós nos da ya la contestación: ciertamente, no al mundo. Desde luego, el porvenir del mundo está ya profetizado. ¿Nos hemos fijado, acaso, en que una parte importante de las profecías la constituye el anuncio del juicio venidero sobre los diferentes pueblos y naciones?

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¿Acaso no resucitarán los santos e incrédulos a la vez?

Apocalipsis 20:4-5 nos dice que hay una diferencia de tiempo de mil años entre el fin de la primera resurrección (la resurrección de los justos) y la de los incrédulos. Pero no solo el Apocalipsis habla de esto, sino también otros muchos lugares de la Escritura.

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Aceptado para expiación suya

Aquel que se acercaba a la puerta del tabernáculo de reunión, consciente de no estar limpio en sí mismo para la presencia de Dios, estaba provisto de una ofrenda perfecta. En virtud de ella, se atrevía a acercarse para ser aceptado “delante de Jehová” (Levítico 1:3-4). Aquí no se trata de perdón de pecados ni de purificación.

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Asedio y conquista de Jerusalén

En Zacarías 12 vemos a Jerusalén asediada por todos los pueblos de su alrededor. Como en Daniel 11, los reyes del Sur y del Norte marchan juntamente contra ella.

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Bajo la acción del fuego

“Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento” (Isaías 53:10). ¿Qué significan esas palabras? ¿Por qué Dios quiso quebrantarlo? Éstas son las profundidades inescrutables del misterio divino: Dios ha dado a su Hijo unigénito. Pero, además, Cristo debía ser manifestado perfecto en el sufrimiento.

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¿Cómo les traerá Jehová a su tierra?

La Palabra, en Jeremías 16:16, nos describe esa acción de modo muy gráfico: “He aquí que yo envío muchos pescadores, dice Jehová, y los pescarán, y después enviaré muchos cazadores, y los cazarán por todo monte, y por todo collado, y por las cavernas de los peñascos”.

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¿Cómo recogerá el Señor a su Iglesia?

Pasajes bíblicos como 1 Corintios 15:45-53 y 1 Tesalonicenses 4:13-18 nos revelan claramente esto. La primera cita nos enseña que ya somos los “celestiales” y que llevaremos luego la imagen del Hombre celestial: Cristo. Mas la “carne y la sangre”, es decir el hombre natural, no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.

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¿Cómo será restaurado el Imperio romano?

En Apocalipsis 13 y 17 hallamos al Imperio romano también. En el capítulo 13:1-2 tenemos las mismas bestias que en Daniel 7, pero en un orden inverso. El Imperio romano ha acogido en sí mismo a los otros reinos. Mas el apóstol Juan –que vivía durante el cuarto reino– ve retrospectivamente, mientras que Daniel miraba hacia el futuro.

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¿Cómo será restaurado Israel en su condición de nación?

Ezequiel 37 nos muestra esto con unos toques muy gráficos; el profeta ve una gran cantidad de huesos secos. El versículo 11 declara lo que representan: “Estos huesos son la casa de Israel. He aquí, ellos dicen: nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza y somos del todo destruidos”. Está claro que se trata aquí del pueblo y no de personas muertas. Los muertos no hablan.

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¿Cómo y cuándo volverá Israel a Palestina?

También la Palabra de Dios da a esta pregunta una clara contestación. Cuando las dos tribus fueron conducidas a Babilonia por Nabucodonosor, profetizó Jeremías que, después de 70 años, Dios juzgaría a Babilonia y haría retornar después al pueblo (Jeremías 25:12; 29:10).

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