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Isaías
Frank Binford Hole (1874-1964) nació en Barnes, cerca de Londres, Inglaterra. Se convirtió al Señor cuando tenía 16 años. Aunque fue muy activo en la obra de evangelización, la mayoría lo conocen mejor como maestro que instruía a los cristianos en la verdad bíblica. Durante su vida, escribió comentarios sobre varios libros de la Biblia. En esta colección deseamos poner al alcance del lector de habla hispana el valioso ministerio escrito del autor.
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Isaías 1:1–4:6
De entre todos los profetas, Isaías es el más abundante en el número de referencias a el Cristo (el Mesías) que había de venir, y en la variedad de figuras bajo las que él nos es presentado. Resulta evidente la división en tres secciones principales.
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Isaías 15:1–23:18
Es evidente que, cuando Dios juzga, comienza por el círculo más íntimo. Así fue en los días de Jerusalén, como vemos en Ezequiel 9:6, y el mismo principio es válido para los tiempos del Nuevo Testamento, como se afirma en 1 Pedro 4:17. En Isaías hemos visto las profecías de juicio pronunciadas primero contra Israel; aunque acompañadas con las promesas de restauración y de gloria en su Mesías.
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Isaías 24:1–27:13
Habiendo sido eliminada la última de estas ciudades –sobre la que recaía una carga– el texto profético nos lleva a tener conocimiento, de una manera más general, sobre cuál va a ser el estado de cosas al final de la era. Es un cuadro sombrío y muy triste: toda la tierra fue puesta patas para arriba, y los habitantes dispersos, no importa a qué clase ellos pertenezcan.
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Isaías 28:1–35:10
Habiendo registrado la profecía de la reunión en Jerusalén proveniente de las tierras de aflicción de un remanente, que adoraría al Señor, el profeta vuelve otra vez a la denuncia del estado existente del pueblo. En el capítulo 28, se presenta en primer lugar ante él Efraín, es decir, las diez tribus, en los versículos 1 a 13.
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Isaías 36:1–40:8
Después del hermoso cuadro de la bienaventuranza en la tierra en el milenio, que se nos presenta en el capítulo 35; hay una pausa en la profecía. Los cuatro capítulos 36 a 39 nos dan detalles de la historia en el reinado de Ezequías, que también se relatan en los capítulos 18 a 20 de 2 Reyes, y de nuevo de manera más breve en 2 Crónicas 32.
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Isaías 40:9–45:14
A pesar de que la revelación de la gloria del Señor -como ninguna otra cosa– saca a la luz la pecaminosidad y fragilidad del hombre, también trae “buenas nuevas”; y esto es lo que proporciona el consuelo para “mí pueblo” (v. 9). Sión y Jerusalén son representadas levantando la voz, y diciendo a las ciudades de Judá “¡He ahí a vuestro Dios!” (V. M.).
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Isaías 45:15–49:4
El poder de Dios que, por el surgimiento de Ciro, cumpliría su propósito de liberar a aquellos a quienes llama “mis cautivos” (v. 13), solo sería percibido por fe. Por eso, el profeta exclama: “Verdaderamente tú eres un Dios que te encubras” (v. 15, V. M.).
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Isaías 49:5–51:16
En este notable capítulo tenemos algo parecido a un diálogo. La palabra de Dios al Mesías (a quien se dirigió como el verdadero “Príncipe de Dios”) la encontramos en el versículo 3. El lamento del Mesías (habiendo querido juntar a Israel en vano) se encuentra en el versículo 4; y se verificó históricamente, como se nos dice en Lucas 13:34.
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Isaías 51:17 – 53:9
Es digno de mención que, en el pasaje que tenemos ante nosotros, hay tres llamadas a oír y tres llamadas a despertar. Las llamadas a oír en la primera parte del capítulo (v. 1, 4 y 7) son para “los que seguís la justicia, los que buscáis a Jehová”; aquellos reconocidos como “mí pueblo”; y para “los que conocéis justicia… en cuyo corazón está mi ley”.
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Isaías 5:1–9:7
El capítulo 5 comienza con lo que podríamos llamar el cántico de Isaías. Si nos volvemos a Deuteronomio 32, podemos leer el cántico de Moisés, que es por una parte retrospectivo, y por otra parte profético. Moisés pronunció su cántico al comienzo de la historia nacional de Israel. Isaías, por su parte, pronunció el suyo hacia el final. El testimonio de ambos es el mismo.
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Isaías 53:10–55:13
Hasta aquí, esta gran profecía ha tratado de los sufrimientos y muerte en humillación del siervo de Dios, principalmente, desde el lado humano y visible; ahora se adentra en cosas más profundas, fuera del alcance de la vista humana. Los versículos 10 a 12 anuncian lo que Dios mismo realizó, y qué conseguirá aún por medio de esto.
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Isaías 56:1–58:14
Al final de Isaías 55, el maravilloso relato profético concerniente a aquel que iba a surgir como el “siervo” y el “brazo” del Señor, llega a su fin. En el capítulo 56, el profeta tuvo que volver al estado de las cosas entre el pueblo al que se había dirigido anteriormente.
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Isaías 59:1–60:5
Las gloriosas promesas contenidas en los versículos finales de Isaías 58, pueden haber sonado idealistas y visionarias, incluso en tiempos de Isaías; y más aún en nuestros días, cuando, a pesar de todos los esfuerzos, el problema de Israel y su tierra parece sin solución. ¿Qué ha retrasado –y todavía retrasa– la realización de tales promesas?
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Isaías 60:6–62:3
La abundancia de cosas que, en forma de bendiciones terrenales, será derramada sobre Israel, se brindan con mucho detalle a partir del versículo 6 de Isaías 60. En ese versículo se menciona a Sabá, la tierra desde donde vino la reina que visitó a Salomón con mucho oro y especias. Cuando ella llegó (como se relata en 1 de Reyes 10), expresó alabanzas hacia Salomón.
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Isaías 62:4–64:3
Si el versículo 3 de nuestro capítulo anuncia cómo el Israel de Dios en la era venidera será una corona de gloria y una diadema en la mano de Dios, el versículo 4 declara el lugar de bendición que será de ellos, en contraste con todo lo que a ellos los ha caracterizado hasta ahora.
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Isaías 64:4–65:12
Es sorprendente cómo el versículo 4 prosigue a lo que hemos bosquejado en los tres primeros versículos. Isaías deseaba una manifestación poderosa del poder de Dios, como el que se había manifestado al principio de la historia de Israel.
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Isaías 65:13 – 66:24
Aunque Dios tiene que pronunciar un juicio sobre los malhechores, que debe ejecutarse a su debido tiempo, se deleita en la misericordia y la bendición que otorga a sus verdaderos siervos. Esto él lo hace manifiesto en el pasaje que inicia en el versículo 13.
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Isaías 9:8–14:32
En este punto del capítulo 9 el profeta reanudó la denuncia contra el pueblo y su pecado, que había sido interrumpida para poder relatar su visión del Dios de los ejércitos, y dar la profecía sobre Emmanuel. Ahora vemos cómo la mano de Dios se extendió sobre ellos con ira y disciplina.
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