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No olvides…

Pero el pobre corazón humano está expuesto a fallar y a sufrir las múltiples influencias que actúan sobre nosotros para apartarnos de la estrecha senda de la obediencia. No nos sorprendamos, pues, de las solemnes y repetidas amonestaciones de Moisés a sus oyentes. Ante esta congregación que le era tan querida, ensancha su corazón amante con palabras ardientes que conmueven el alma.

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No olvides a Jehová tu Dios

“Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que

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No practicaréis adivinación

“Cuando entres a la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones. No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos.

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No solo de pan vivirá el hombre…

“Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no solo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre” (v. 3).

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No somos justificados por la ley

No obstante, muchas personas que admiten que no podemos obtener la vida por la ley, sostienen al mismo tiempo que la ley es la regla de nuestra vida. El apóstol declara que “todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición” (Gálatas 3:10). Poco importa su condición individual; si están sobre el terreno de la ley, necesariamente se hallan bajo maldición.

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Noé, predicador de justicia

Ahora, antes de avanzar más en esta historia, consideraremos por un momento la condición de aquellos contemporáneos de Noé que por tantos años habían escuchado sus predicaciones de justicia. Hemos contemplado la suerte de los salvados; fijemos la atención por un momento en los que se perdieron.

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Noé sale del arca y adora a Jehová

“Habló Dios a Noé, diciendo: Sal del arca”. El mismo Dios que le había ordenado que construyese el arca y que entrase en ella, ahora le manda que la abandone. “Entonces salió Noé… Y edificó Noé un altar a Jehová” (v. 18, 20). Todo lo hace conforme a sus instrucciones con sencilla obediencia, tanto en el momento de la oscuridad como en la hora de regocijo y de adoración gozosa.

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Noé sale del arca y adora a Jehová

“Habló Dios a Noé, diciendo: Sal del arca”. El mismo Dios que le había ordenado que construyese el arca y que entrase en ella, ahora le manda que la abandone. “Entonces salió Noé… Y edificó Noé un altar a Jehová” (v. 18, 20). Todo lo hace conforme a sus instrucciones con sencilla obediencia, tanto en el momento de la oscuridad como en la hora de regocijo y de adoración gozosa.

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Noé y su casa

Cuando la iniquidad del mundo antediluviano había llegado a su colmo, y el Dios justo –quien estaba por devastar toda esta escena de corrupción con la recia corriente del juicio– tuvo que decidir el fin de toda carne, estas gratas palabras sonaron a oídos de Noé:

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Nombramiento de los jefes

En lo que queda de nuestro capítulo, Moisés repite a oídos del pueblo, con un lenguaje conmovedor y sencillo, los hechos relacionados con el nombramiento de los jueces y la misión de los espías. Podemos atribuir el nombramiento de los jueces a la propia iniciativa de Moisés, y la misión de los espías a la sugerencia del pueblo.

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Nuestra lentitud para aprender

“Y aconteció que a los cuarenta años, en el mes undécimo, el primero del mes, Moisés habló a los hijos de Israel conforme a todas las cosas que Jehová le había mandado acerca de ellos” (v. 3). Estas breves palabras contienen un verdadero manual de instrucciones para todos los siervos de Dios, para todos aquellos que son llamados a exponer la Palabra.

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Nuestra posición como consecuencia de la obra en la cruz

Antes de dejar este punto fundamental deseo hacer un llamamiento al corazón y a la conciencia. Querido amigo, ¿ha sido usted inducido a apoyarse en este santo y feliz fundamento? ¿Sabe que la cuestión de su pecado, y de sus pecados, ha sido resuelta para siempre? ¿Ha puesto su mano, por la fe, sobre la cabeza de la víctima ofrecida por el pecado?

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Nuestra seguridad del perdón de los pecados

Hasta aquí, hemos considerado el aspecto de la obra de Cristo que tiene que ver con el perdón de los pecados, y esperamos sinceramente que el lector tenga ya una idea muy clara y definida de este tan importante punto. Seguramente será un feliz privilegio para él si solo toma lo que Dios dice en su palabra:

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Nuestro refugio es Cristo

Creemos que esta es la verdadera interpretación de la institución de las ciudades de refugio. Si debiéramos considerarla como susceptible de aplicarse al caso del pecador que busca su refugio en Cristo, solo podría ser de una manera excepcional, pues nos veríamos rodeados por puntos de contraste más bien que de semejanza.

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Nuestros pecados perdonados

¿Sabe usted que todos sus pecados están perdonados en virtud de la perfección del sacrificio de Cristo? Si cree sencillamente en su nombre, están perdonados. Han sido quitados, quitados para siempre. No diga, como tantas almas inquietas: «Temo no experimentarlo». De un extremo del Evangelio a otro no encontrará usted ni una sola vez esta palabra «experimentar».

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Obedezcamos la Escritura

Y, ¿cuál es el remedio para este mal tan ampliamente difundido? Una absoluta y completa sumisión a la autoridad de la santa Escritura. No que los hombres tengan que acudir a ella para confirmar sus opiniones y sus puntos de vista, sino para encontrar allí los pensamientos de Dios acerca de todas las cosas, e inclinar todo su ser moral ante la autoridad divina.

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Obediencia y desobediencia

Con respecto a Deuteronomio capítulo 28, si el lector tiene en cuenta su diferencia con el capítulo 27, podrá leerlo con inteligencia espiritual y verdadero provecho. No exige un laborioso estudio. Se divide de manera clara en dos partes. En la primera tenemos una completa exposición de los resultados de la obediencia (v. 1-14).

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Obediencia y servicio

Bendito sea Dios, somos exhortados a obedecer; a “oír” e inclinarnos con una santa sumisión a su autoridad. En cuanto a esto, también nos apartamos de los incrédulos y sus pretensiones altivas.

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Obedientes a Jesucristo

No intentaremos excusarnos ante el lector por esta larga desviación, pues nos ha parecido necesario tratar a fondo el importante tema de la obediencia y colocar sobre su verdadero fundamento la doctrina presentada en el primer versículo de este capítulo.

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Objetivo de la disciplina

Para concluir, consideremos brevemente el objetivo de la disciplina de la Asamblea. El inspirado apóstol, en 1 Corintios 5, nos dice que el objetivo es la salvación “a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús” (1 Corintios 5:5). Esto es muy valioso. Es digno del Dios de toda gracia.

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Oír… aprender… guardar… practicar

Aquí empieza el segundo discurso de Moisés, que termina al final del capítulo 26. “Llamó Moisés a todo Israel y les dijo: Oye, Israel, los estatutos y decretos que yo pronuncio hoy en vuestros oídos; aprendedlos, y guardadlos, para ponerlos por obra” (v. 1).

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Omisión en el servicio

“Y Moisés preguntó por el macho cabrío de la expiación, y se halló que había sido quemado; y se enojó contra Eleazar e Itamar, los hijos que habían quedado de Aarón, diciendo: ¿Por qué no comisteis la expiación en lugar santo? Pues es muy santa, y la dio él a vosotros para llevar la iniquidad de la congregación, para que sean reconciliados delante de Jehová.

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Once jornadas hay desde Horeb hasta Cades-barnea

Vamos a continuar ahora con nuestro capítulo, y al hacerlo hemos de llamar la atención del lector sobre el versículo 2. Es un paréntesis muy notable. “Once jornadas hay desde Horeb, camino del monte de Seir, hasta Cades-barnea”. ¡Once días! ¡Y, sin embargo, emplearon cuarenta años en recorrerlo! ¿Por qué?

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Orar con perseverancia

Todo lo que precede nos conduce naturalmente a otra de estas condiciones morales de la oración, que nos han ocupado hasta aquí. Leamos Lucas 18:1-8. “También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre.

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