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¿Dónde debemos adorar?

Sin duda alguna, cada creyente debe adorar personalmente. ¿Cómo podemos contemplar la obra del Señor Jesús, el amor y la bondad del Padre, sin dar gracias y alabar? Pero estas cosas las tenemos juntamente con todos los hijos de Dios, lo que nos conduce espontáneamente a la adoración en común.

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¿Dónde se desarrollará esta lucha?

Zacarías 14 nos da la contestación: “Porque yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén”. “Después saldrá Jehová y peleará con aquellas naciones… y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén al oriente” (v. 2-4).

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Éfeso

En esta carta tenemos el principio de la historia de la Iglesia o, más exactamente, un reflejo del período post-apostólico. Aparentemente, aún todo está bien en aquella iglesia. ¡Qué cosas más excelentes enumera el Señor! Pero sus ojos, cual llama de fuego, descubren ya el principio de la decadencia: “Pero tengo contra ti que has dejado el primer amor”.

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Egipto y Asiria ¿serán destruidos enteramente?

Hemos visto algo de la enemistad de Egipto y Asiria, y muchos pasajes de la Escritura nos relatan las atrocidades que han cometido y cometerán contra Israel. Por consiguiente, juicios severos sobrevendrán sobre ellos. Mas la gracia de Dios es maravillosa. Incluso para estos terribles enemigos hay aún una bendición.

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Egipto y Siria

Estos dos poderes existirán también en el tiempo del fin. Y, como anteriormente, serán enemigos entre sí y de Israel.

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¡El aliado del rey del Norte!

¿Cómo puede ser que este rey tenga el valor de hacer frente al poder inmenso del Imperio romano, que es el aliado de los judíos? Debe de comprender que no es bastante fuerte para enfrentarse con este poder. Así, en el tipo de Antíoco hallamos que este no se atreve a infringir la prohibición del senado romano y abandona Egipto a su mandato (Daniel 11:30).

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El alimento para la nueva vida

La Palabra de Dios también es el alimento para la nueva vida. ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca (Salmo 119:103).

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Él aprendió la obediencia

Él sabe lo que para nosotros significa obedecer a Dios mientras vivimos en un ambiente hostil a Dios, puesto que aprendió la obediencia (Hebreos 5:8). Nunca había obedecido, pues era el Dios Altísimo. Pero como hombre en la tierra, aprendió lo que era la obediencia. Él dice: “Despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios.

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El carácter exclusivo de la Cena del Señor

Hemos visto que solo los verdaderos creyentes pueden participar en la Cena del Señor. En otras citas, como en 1 Corintios 5 y en la segunda epístola de Juan, se mencionan algunas cosas por las cuales ciertas personas, reconocidas como verdaderos creyentes, están impedidas para tomar parte en dicho acto.

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El castigo es educativo

Ahora bien, en la Sagrada Escritura, éste es el sentido de la corrección. No todo es castigo; una gran parte de ella es educación. Incluye al castigo, por cuanto es necesario, porque el castigo es educativo.

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El creyente ha nacido de nuevo

Ahora bien, una persona que es verdaderamente cristiana ha nacido de nuevo; y el deseo de su naturaleza es llevar una vida santa que agrade a Dios. Hay dos cosas en el cristiano: una naturaleza mala y corrompida —la carne— y el Espíritu Santo. La una se opone constantemente al otro, resultando de esto que no hacemos las cosas que de otro modo llevaríamos a cabo:

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El cristianismo lleva un carácter eterno

Estos versículos todavía queda una importante conclusión que sacar: Dios nos escogió en Cristo “antes de la fundación del mundo”. Esta elección es fuera del tiempo, se remonta aun desde antes de que el tiempo haya empezado; es para la eternidad y no para esta tierra.

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El cuerpo de Cristo, la Iglesia

Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan (1 Corintios 10:17).

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El diablo desatado

En Isaías 24:21-23 se profetiza que, en el mismo tiempo que Jehová va a juzgar a los reyes de la tierra, el diablo y sus ángeles serán juzgados. Estos son “el ejército de los cielos en lo alto” (compárese con Efesios 6:12). El versículo 22 dice que serán encarcelados en mazmorra. Después comienza el glorioso reino de paz (v. 23).

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El Espíritu mora en los creyentes

Entre los creyentes del Antiguo Testamento y los del Nuevo, existe una diferencia parecida a la que hay entre los barcos de vela y los de vapor. Los creyentes de los tiempos del Antiguo Testamento son como barcos de vela; los del Nuevo Testamento como los vapores. El Espíritu de Dios vino sobre los creyentes antiguos, mientras que ahora el Espíritu mora en los creyentes.

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El Espíritu Santo es el poder que necesitamos

Por último, permítanme que les diga que si como cristianos desean disfrutar de gozo y de felicidad en su carrera, no deben esperar más para confesar sus faltas a Dios. Confiesen sincera y claramente el delito del que son culpables. Pero no digan: «Nunca más haré tal cosa», porque nuestras resoluciones no merecen confianza alguna.

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El estudio profético, ¿es especulativo?

Otro argumento que presentan a menudo para no dedicarse al estudio de las porciones proféticas de las Santas Escrituras, es que dicho estudio es demasiado «especulativo», es decir, que da fácilmente lugar a que se intercale entre la Palabra de Dios y nuestro pobre y ruin entendimiento nuestro propio modo de ver las cosas, nuestros propios designios, a los que podemos confundir con la santa volu

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El gobierno de Dios

Hay una distinción clara entre la posición del hombre antes y después del diluvio. También antes del diluvio había un pueblo de Dios. Pero en ninguna parte hallamos indicaciones precisas en cuanto a su separación del mundo. Además, el gobierno de Dios no se ha manifestado aún en juicio sobre el mal.

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El gran trono blanco

En Apocalipsis 20:11-15 tenemos la resurrección de condenación y el juicio mismo. El trono no está en la tierra, pues la tierra y el cielo huyen de delante del rostro del que está sentado en el trono “y ningún lugar se encontró para ellos”. Los muertos están ante el trono. Como hemos visto, se trata de todos los incrédulos, desde la creación hasta el fin. No hay creyentes entre ellos.

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El hijo de perdición

De 2 Tesalonicenses 2:3 resulta que el anticristo no vendrá antes de que la apostasía haya tenido lugar. En el versículo 3 no se trata de judíos apóstatas. La Escritura nos predice que también la masa del pueblo judaico apostatará en el tiempo final. Hallamos esto en muchos lugares del Deuteronomio, los Salmos y los Profetas. Y el versículo 4 está en relación con ello.

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El Hijo del Hombre que está en el cielo

En los versículos 11 y 13 del capítulo 3, el Señor muestra el maravilloso secreto de su persona: es el Hijo del Hombre que está en el cielo. Juan 1:1 nos dice que él es Dios mismo, el Eterno. Pero en el versículo 14 está escrito: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros”. “Dios fue manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16). Dios y hombre en una persona, ¡qué misterio!

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El Hijo del Hombre tuvo que ser levantado

A partir del versículo 12, el Señor empieza a hablar sobre cosas celestiales, adelantando otra necesidad a un primer plano. El Hijo del Hombre que está en el cielo conoce la gloria del cielo, la morada de Aquel que “es luz, y no hay ningunas tinieblas en él” (1 Juan 1:5). Y si los hombres han de entrar en la gloria, primero debe resolverse la cuestión del pecado.

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El hombre de pecado

El pecado se originó por la tentativa del hombre de hacerse igual a Dios, como Satanás lo había prometido a Eva (Génesis 3). Esta tentativa termina en el hombre de pecado, “el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios” (2 Tesalonicenses 2:4).

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El hombre es pecador

Esta es una horrible verdad. Muchas personas no piensan en ella, y aun hay quienes la niegan. Pero, ¿estarán convencidos de lo que afirman? Un hombre sincero debe reconocer que con frecuencia comete errores.

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