Josué
Josué

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 6

Un extraño plan de batalla

Cual guardián terrible que vela en la entrada de Canaán, se alza imponente la poderosa fortaleza de Jericó cerrando el paso al pueblo. ¡Qué obstáculo más terrorífico! ¿Qué representa esto para nosotros? Cuando un recién convertido, alguien que acaba de pasar de la muerte a la vida, se dispone a vivir su fe, en seguida Satanás se las ingenia para asustarlo. Coloca delante de él grandes dificultades: un testimonio que rendir ante compañeros burladores, el abandono de alguna costumbre, una confesión o excusas que presentar a alguien que se ha ofendido. Y mucho más todavía, pues en algunos países quienes declaran ser cristianos se enfrentan con verdaderas persecuciones. ¿Cómo enfrentar tales reacciones inevitables de parte del enemigo? Dejando que el Señor dirija todo a su manera. A nosotros nos exige plena confianza en él, celo (nótese como Josué se levanta temprano) y un testimonio claro al cual corresponden las siete trompetas. Y además, ¡la perseverancia! ¡Siete días, y el séptimo día siete veces! La paciencia debe tener su obra perfecta (Santiago 1:4). Y finalmente la condición principal: es preciso sentir la presencia del Señor con nosotros en nuestro andar cotidiano. De esto nos habla el arca que había sostenido a Israel en el Jordán y que aquí lo acompaña para darle la victoria (v. 6).

Las armas para luchar

Seguramente a los habitantes de Jericó les parecería irrisoria e inofensiva la ronda de esos trompetistas en torno a sus murallas. ¿Se había visto alguna vez un asedio emprendido de esa manera? ¡Las burlas no habrán faltado! Pero “lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte” (1 Corintios 1:27). Al lado de los poderosos medios visibles de que se sirve el hombre, la fe obra a su manera invisible. Conforme a la promesa del Señor, si tenemos fe como un grano de mostaza, Dios quitará de nuestro camino los obstáculos más espantosos (Mateo 17:20).

Las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas
(2 Corintios 10:4).

Hagamos uso de la oración, esa arma invencible. Si hay “Jericó” en nuestro camino, aprendamos como Israel a darle la vuelta con el Señor (el arca) levantando nuestras voces a Dios. Cuando llegue el momento designado por él, veremos caer las murallas, así como cayeron las de Jericó el séptimo día.

Israel ha recibido una instrucción oída por todos: la ciudad será anatema, esto es, maldita. Solo Rahab, en respuesta a su fe, es perdonada juntamente con los suyos. El cordón escarlata, fácil de localizar durante las trece vueltas alrededor de la ciudad, estaba en su sitio.